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«Remover el fondo del podría contaminar más»

La arquitecta, historiadora e investigadora Graciela Silvestri indaga la relación de la Ciudad el Riachuelo y el Río de la Plata.

Por Juan Pablo Csipka
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A diferencia de otras ciudades, como París con el Sena o Londres con el Támesis, Buenos Aires se formó junto a dos ríos: el Río de la Plata y el Riachuelo. Sus historias, los paisajes que se desarrollaron alrededor, fueron objeto de estudio de la arquitecta e historiadora Graciela Silvestri. En El color del río, originalmente su tesis doctoral, se ocupó del Riachuelo, un curso de agua de 64 km que nace como río Matanzas y desemboca en el Río de la Plata. En 2011 le dedicó El lugar común al río más ancho del mundo.

“Primero me dediqué al Riachuelo; me pregunté por qué había quedado como la parte trasera de la ciudad, y de ahí salté al Río de la Plata y a su paisaje, que aunque no lo parezca se relaciona con la arquitectura”, cuenta la investigadora. “Me pregunté por qué el Riachuelo separaba capital y provincia y por qué no unía desde lo paisajístico, siendo un río que atraviesa la ciudad, eso no es tan común. El Río de la Plata tiene marea por su cercanía con el mar y eso rebota en el Riachuelo.”

¿La relación de la ciudad con su costa ha sido la misma desde la fundación de Buenos Aires?
La ciudad se funda en 1580 en una loma, o sea, en un punto alto, por la sencilla razón de que no se hacían las fundaciones en la costa por las inundaciones. La costa fue siempre un lugar de espaldas al río, no de frente. Pensemos que hasta el siglo XX se entraba al estuario, se tomaba una lancha en medio del río y así se desembarcaba.

A fines del siglo XIX, el primer ingeniero argentino, Luis Huergo, propuso construir el puerto de Buenos Aires sobre el Riachuelo. El lobbista Eduardo Madero, en cambio, promovió y logró que se construyera sobre el Río de la Plata, ¿cuál es su opinión sobre esa controversia?

El ingeniero Huergo era mucho más técnico que Madero y propuso un puerto en el Riachuelo, una zona apta. El proyecto de Madero, un comerciante, estaba mal hecho, él era un lobbista ligado a la Baring Brothers. Lo ideó en forma de esclusas, más propio para un puerto militar que comercial, y con los barcos teniendo que atravesar el puerto de punta a punta para poder salir. O sea, un proyecto más caro que el otro y avanzando sobre el centro.

¿Cómo se actuó sobre el Riachuelo en esa época?
Se lo canaliza en 1870, antes del proyecto del puerto, para que los barcos pudieran ingresar en la zona fabril, que fue creciendo a su alrededor en las últimas décadas del siglo XIX. Fue una de las primeras rectificaciones que se hicieron en el país, en un sector, y ahí volvió a su curso natural, dado que se había alterado. El lecho mayor inundaba la zona de Parque Patricios y el agua llegaba incluso a Parque Lezama.

En esos años de crecimiento fabril las industrias quedaron del lado de provincia, ¿por qué?
Ya venía por razones higiénicas desde los tiempos de Rivadavia, que no existía aún la división entre capital y provincia, con los saladeros, que fueron el antecedente de la industria frigorífica. La idea era tener esa industria lo más lejos posible del centro de la ciudad. Se puede decir que la contaminación comenzó ahí. El agua se volvía roja de tanta sangre vertida. Ya para la época de la fiebre amarilla, en 1871, si bien no había los componentes químicos de hoy, la contaminación era muy alta.

¿Es factible limpiar el Riachuelo?
Yo quisiera que se pudiese limpiar. Londres lo pudo hacer con el Támesis. Claro, allá hay muchos más recursos, el Reino Unido es una potencia económica. Acumar mejoró las orillas, pero hay dudas sobre la conveniencia de remover el fondo. Eso podría ser más contaminante. Sería problemático, porque podríamos estar pasando a una situación peor.

En el punto de confluencia de ambos ríos se forma un paisaje sobre el cual usted se focaliza: la Boca.
La imagen de la Boca se arma en torno al Riachuelo y por los artistas allí instalados. La comunidad había estado relativamente aislada en la ciudad, son genoveses que llegan hacia 1830. O sea que se trata de una inmigración temprana. Es gente que vive en casas de madera, que se dedica a calafatear barcos. Yo ahí me pregunté por qué quedó como símbolo de la italianidad en Buenos Aires si los italianos están en todas partes y esta no es una ciudad de guetos como Nueva York.

¿Y con qué se encontró?
Me interesaba saber por qué esa postal pasó a ser una imagen de la ciudad: Caminito, la Vuelta de Rocha… diría que Quinquela Martín tuvo mucho que ver. Él tenía mucha participación en la vida social del barrio, y la primera imagen considerada patrimonio cultural por la Municipalidad fue la Boca. Las casitas de chapa, hechas con restos de barcos, inmigrantes pobres, eso pasó a ser parte del paisaje de la ciudad con rango de patrimonio cultural. La obra de Quinquela potenció eso.

¿Cómo evolucionó esa zona?
La situación actual es muy complicada si vas más adentro de Caminito. Pensemos en Barracas, que está cerca, en cómo se ha transformado en los últimos años. La situación general de la Boca no se ha podido modificar. Falta inversión, miremos cómo están las veredas, la concentración…se hizo la Usina del Arte, sí, pero es complicado ir y volver con el transporte público. Falta un cambio como el de Barracas o como el de Palermo en su momento. Hay un riesgo hídrico muy alto en materia de inundación. Ya no se inunda una parte por algunas obras de los 90, otras sí se inundan. El Vega y el Maldonado no se deberían haber tapado, aunque esa fuese una solución típica hace un siglo para controlar el agua del río.

¿Diría que falta integración?
Es notable cómo la Boca no pudo despegar como otros barrios, está todo muy concentrado en Caminito. A la larga, todo en Capital se va a ir transformando, el precio del suelo sube. Bueno, sí, hay algo que va más allá del límite jurisdiccional. A la parte de Avellaneda que sigue al Riachuelo se la conocía como Barracas al Sur, hace un siglo. Hoy no se puede pensar a Buenos Aires en los términos geográficos de los límites del Riachuelo y la General Paz. No es una metrópoli de tres millones e habitantes, sino de 14 millones, los que viven en la ciudad y el conurbano.

Usted se refiere al Río de la Plata como una extensión de la ciudad.
Claro, eso llevó al proyecto de la Reserva Ecológica y a Puerto Madero, las tierras más caras de Buenos Aires. La ciudad avanzó sobre el río y allí se dan las mejores situaciones paisajísticas. La costa porteña es totalmente distinta a la de Montevideo, que tiene otra relación con el río. Un paisaje como el de Puerto Madero allí es impensable, sobre la costa montevideana hay viviendas sociales.

¿Y cómo se ha dado la relación desde este lado de la orilla?
Es un río muy particular, como un mar, de tan ancho. ¿Qué tipos de paisajes hemos elegido para representar a la nación, que es joven, con 200 años? El Río de la Plata es uno de ellos, sin duda, a partir de la inmigración, porque su paisaje es lo primero que veían los que llegaban en barco. Hablamos de un país en formación, que exterminó a los grupos nativos, que no tenían la relación que sí tenemos nosotros con los límites y las fronteras. Para 1880 había que formar a los nuevos argentinos, los hijos de la inmigración, en la argentinidad, y la postal del río fue clave.

O sea que la imagen tuvo un peso como el de la palabra.
Exacto. El relato de los héroes de la Independencia y cómo se forjó el país fue clave. Pero lo visual ancló muy fuerte. Si yo digo Misiones pensamos en las cataratas. Si hablo de Bariloche nos viene la imagen de la nieve. Buenos Aires pasa en gran medida por el río y a mí me interesó ver los paisajes que generaba.

¿Y cómo es la relación con el Plata?
En verdad habría que hablar no del Plata sino de la cuenca del Paraná, que es donde se origina. Por eso digo que hay que pensar también el paisaje desde Rosario hasta la capital, pasando por el delta. Viene de lejos: pensemos que Sarmiento ideó Argirópolis, la capital de la nación, emplazada en la isla Martín García. En sus últimas obras, Amancio Williams, uno de los mayores arquitectos del país, diseñaba pensando en el paisaje ribereño, con sentido ecológico, un antecedente de la Reserva.

Las tierras ganadas al río parecerían ser un punto importante.
Sí, sobre todo si se compara con Uruguay. Ellos tienen una relación directa, salen a la calle y llegan al río. Acá no es así. Buenos Aires no crece de frente al río. Si se va a Puerto Madero hay que cruzar un montón de lugares hasta poder divisar el río. Buenos Aires en ese sentido no tiene una relación fuerte con el agua. Están los lagos de Palermo, pero son artificiales. La relación de nuestra arquitectura con el agua es muy conflictiva. Los arquitectos no pueden con la humedad, y los relatos de viajeros del siglo XIX hablaban de construcciones apenas aptas para el clima húmedo, con ciudades sobre humedales. No se sabe convivir con el agua, como sí lo pudo hacer la Boca. También falta recuperar la costa, cosa que sí pudo hacer Rosario.

¿Quizás falta entender al Río de la Plata como extensión del Paraná?
Es que hablar del Plata es hablar del Paraná. Es fácil crecer, el río se aterra, y la costa se expande si uno lo deja libremente, por el material que arrastra el Paraná. Es el caso de la Reserva, que en la dictadura se pensó como parque. Sin hacer nada, en poco tiempo se formó la isla con flora y fauna eminentemente paranaense, y se va extendiendo. Si no se actuara, llegaría hasta Quilmes, se daría aquello de que un día pasaríamos caminando por el río.

¿Por qué resalta la figura del arquitecto francés Le Corbusier?
Su influencia en la arquitectura de Buenos Aires fue enorme. Vino en barco, vio el paisaje del río, se refería al “mar rosado” para referirse al Plata, pudo apreciar la Cruz del Sur en las noches con pocos edificios y el cielo despejado y planeó rascacielos rectangulares sobre el río, una ciudad de los negocios, algo que marcó a los urbanistas de los años 40. Puerto Madero se repensó de la manera en que él pensó esa zona. Por eso digo que dejó una marca tan fuerte. Hay ciudades que llegan a su costa, como Río de Janeiro, nosotros no terminamos de asimilar al río y de llegar a él.

Perfil: Nacida en Buenos Aires, 1954. Arquitecta, historiadora (UBA) e investigadora del Conicet. Docente en la UBA y en la Univ. de La Plata. Profesora en Harvard University.
Publicó El color del río (Unqui, 2004) sobre el Riachuelo;  y El lugar común (Edhasa, 2011), sobre el Río de la Plata.

Fotos: Guille Llamos

DZ/ah

 

Fuente Redacción Z
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