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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo Urbano: Un cigarrillo y a dormir

Después del orgasmo, las mujeres siguen necesitando caricias. Es un detalle fundamental.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Muchas mujeres se preguntan: ¿cómo es posible que algunos hombres sean tan desatentos con sus compañeras?
Esta pregunta inquietante -frecuente, por otra parte- exige una reflexión. Estas mujeres se sienten satisfechas con sus parejas, pero detallan que finalizado el acto sexual, orgasmo mutuo mediante, el compañero se retira, a veces fuma un cigarrillo y, en muchos casos, se da vuelta y se echa a dormir. 
Previamente, en un intento de convencer a la mujer para tener relaciones sexuales, se mostraba amoroso, delicado, tierno y galante. La conducta desconsiderada posterior al orgasmo lleva a reflexionar a las compañeras que el cuidado y la galantería anterior estaban motivados por la excitación sexual, lo que provoca en la mujer una fuerte desconfianza para las próximas relaciones sexuales. 
Lo peor es cuando ellas se disponen a dialogar sobre el particular y al compañero se le ocurre responder con una frase que es «nafta sobre el fuego»: «Los hombres son así».
Nunca le han enseñado a este hombre hipotético que hay diferencias importantes entre un varón y una mujer. Y esas diferencias no son anatómicas solamente. Para una mujer, tener relaciones sexuales es «hacer el amor». Para un hombre, es excitarse eróticamente, penetrar y eyacular. Hay una fuerte predominancia de lo genital. Para la mujer, la predominancia es sexual, en sentido amplio. 
A los hombres les cuesta entender que luego de un estupendo y maravilloso vínculo sexual, donde el orgasmo se alcanza luego de intensas caricias y expresiones de ternura, la mujer no se desprende fácilmente del contacto corporal con el hombre amado. Para la mujer, el desprendimiento no es brusco como en el hombre. Para la mujer, el desprendimiento, el final de la relación sexual, es un desgarro. 
Y probablemente esta particular diferencia debería formar parte de la educación sexual. 
Una mujer necesita a posteriori de la relación sexual, un abrazo sostenido, una caricia silenciosa, una palabra tierna. Y esto, que parece poético, no lo es. Es una necesidad instintiva, probablemente, incluida en la capacidad maternal que toda mujer presenta a lo largo de su vida. 
Un consejo: leerle este pequeño artículo al compañero. Comentarle lo que siente.
Hable francamente y sin rodeos. La relación sexual si era buena, ahora será mucho mejor. Y el compañero habrá aprendido algo de lo que la compañera necesitaba decirle hace mucho tiempo.

 

DZ/LR

 

Fuente Especial para Diario Z
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