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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: Soluciones definitivas, ni tanto ni tan poco

Los problemas sexuales suelen ser complejos. La terapia psi y las pastillas pueden aliviarlo.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Los mitos aparecen como una forma defensiva de luchar contra los miedos de cualquier origen. Los mitos son creados popularmente para explicar lo que no se puede explicar y forman parte de las etapas precientíficas de la humanidad.
Pero, sin embargo, persisten. Persisten e insisten. Sirven como corazas «ansiolíticas» explicando situaciones, formas fisiológicas y encuentros sexuales, que no resisten la observación o la experimentación, o la experiencia cotidiana de nivel científico.
 Contrariamente a lo que habitualmente se supone, los mitos no son patrimonio de la gente inculta o primitiva. También «sobrevuelan» la mente de personas instruidas, cultas y, aunque cause asombro, puede convertirse en consejos o indicaciones de los profesionales médicos o psicólogos, obviamente no formados ni educados sexológicamente.
 Por lo tanto, la sobrevivencia de muchos errores que contienen mitos engendra malos entendidos y falacias de toda índole, así como actitudes ilógicas que se filtran en todas las edades y en los distintos niveles educativos y socioeconómicos.
 La información y la calidad de ésta han tenido una expansión notable desde mediados del siglo XX hasta el presente. Las personas están mucho más críticas y minuciosas, y la incidencia de la mitología sexual se ha reducido significativamente. Sin embargo, conviene no engañarse: diluidos muchos mitos, son sustituidos por otros.
Por ejemplo: antiguamente se suponía que los problemas sexuales de toda índole eran no abordables y casi siempre, incurables. Lo único que le quedaba al afectado era la resignación. Hoy, nos hemos pasado hacia el lado opuesto: la gente suele pensar que el abordaje y la cura de un problema sexual es relativamente fácil, con comprimidos o inyecciones que aliviarán el problema en forma instantánea. No es extraño que, en muchos casos, se piense en la terapéutica como una «vacuna». O sea, la suposición es que, una vez aliviado el problema sexual, nunca más se presentará en todo el resto de la vida.
Esto no es cierto. Ni los remedios son la cura definitiva, ni la terapia garantiza una vida sin problemas. Pero, combinadas ambas estrategias pueden ser una buena manera de encarar los problemas sexuales, hasta que desaparezca el síntoma y se traten las cuestiones profundas que habitan en cada persona.

 

DZ/LR

 

Fuente Especial para Diario Z
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