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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: sexualidad y deporte

El riesgo para el rendimiento de un deportista no es el sexo, sino lo que a veces hay alrededor.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Recientemente se puso de moda cuestio­nar el papel de la sexualidad en el des­empeño deportivo, publicándose versio­nes encontradas de los diversos actores de la ciencia y el deporte.

Hay dos factores que hacen creer a los atle­tas que las prácticas sexuales disminuyen el rendi­miento deportivo. Por un lado, como la respuesta sexual termina con un período de relajación alta­mente reconfortante, muchas veces es interpreta­do como un estado de cansancio o debilidad, y bajo esa percepción se teme que lleguen minados o exhaustos a las competencias.

Por otra parte, todavía está muy difundida la creen­cia de que el sexo es la energía de la vida y que el se­men es un líquido particularmente energético. Se pien­sa que su salida del cuerpo lo debilita.

Ninguna de esas creencias es cierta. Particularmen­te, el semen no guarda ningún contenido extra de ener­gía más allá de un poquito de fructuosa que suele estar de sobra en atletas y en los no atletas.

Además, la cantidad de energía que se pierde en una relación sexual vigorosa e intensa es menor a las 100 calorías, cifra que es paupérrima para el individuo promedio. Para decirlo de otra manera, es como subir dos pisos por una escalera.

Sin embargo, hay varias razones extrasexuales que sí explican por qué muchos entrenadores prefie­ren que sus atletas no tengan vida sexual justo antes de una justa deportiva.

Por un lado, en algunos atletas la sexualidad no se vive en casa, sino que la compañera sexual se bus­ca en discotecas, con el riesgo del alcohol, las dro­gas, y de que la conquista sexual sea a altas horas de la noche; factores que condicionan de manera clara una disminución en el rendimiento deportivo.

En el mismo sentido, en competencias continuas, como la Copa del Mundo, o los Juegos Olímpicos, además de los riesgos señalados, también existe la posibilidad de que si los atletas viajan con sus pare­jas, la interacción de éstas con el grupo no evolucio­ne de la mejor manera y pueda provocar focos de tensión que atenten contra la concentración, clave en el mundo del deporte.

También es frecuente que la gente se pregunte si los atletas son mejores sexualmente. Lo primero que tenemos que recordar es que la sexualidad no es un ejercicio, y mucho menos una competencia. Lo que importa es la espontaneidad, la curiosidad, el apego, la expresión de afecto, el alejarse de las inhibiciones. Ése es realmente el punto y no el estado del cuerpo.

Lo que sí es cierto es que los atletas, sobre todo los que no son de alto rendimiento, conservarán mu­cho más tiempo su vida sexual, porque manejan ni­veles bajos de colesterol y grasas, porque tienen una mejor circulación, porque el corazón está fortaleci­do, manteniéndose sexualmente activo mucho más tiempo que los individuos
sedentarios.

En conclusión, la sexualidad, y su ejercicio siste­mático, tranquilo y reconfortante, es muy beneficio­sa. Para los que son atletas, como para los que no lo son. La medida adoptada por la Asociación del Fút­bol Argentino es revolucionaria y pone al equipo, a la altura de los más importantes del mundo actual. Recordemos que estamos en el siglo XXI, no en la Edad Media.

 

Fuente Redacción Z
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