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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: problemas de erección

El fantasma que acosa a los hombres puede orginarse por distintas causas.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Antes de empezar a asumir el problema se deben conocer unas pocas reglas que modi­ficarán las creencias sobre la sexualidad. Si el problema sexual pertur­ba al punto de estresarle, hay que saber que este problema puede arreglarse, que hay una solución, pero que no es mági­ca. Los pasos deben ser progresivos. Sea cual fuere la anomalía sexual, el origen o la edad del paciente, la solución depen­derá siempre del modo como asuma el problema.

Es necesario mejorar la excitación an­tes de querer recuperar la erección. Iden­tificar el estrés antes de mejorar la excita­ción. Tratar de entenderse con su pareja mucho antes de consumir productos no indicados por los médicos.

El acto sexual no se resume en la pe­netración (premisa «machista» central en estos problemas). La penetración es un medio que se utiliza para acentuar la excitación, no es la única finalidad o el único interés que presenta una relación sexual. La penetración «con entrada y salida» no siempre produce el orgasmo, también puede provocar el aburrimiento o conducir al fracaso cuando se pretende tener éxito demasiado rápidamente. Las «averías» sexuales pueden aparecer en todos los hombres, a todas las edades. No son patrimonio exclusivo de las perso­nas después de los 40. No debe confun­dirse calidad sexual con cantidad sexual. No hay ninguna relación entre las dos nociones. Las dimensiones de un pene, la intensidad de la penetración, la fre­cuencia de las relaciones sexuales, nun­ca han sido criterios de virilidad y de efi­cacia sexual, tanto para el hombre como para la mujer. Lo que a una mujer le pue­de gustar en una relación sexual quizá no tiene nada que ver con los que us­ted imagina. Pregúntele, no proyecte so­bre su pareja su propia concepción sobre lo que es una relación sexual «normal». Antes de la sexualidad, está la sensuali­dad, la sensorialidad.

No confunda la capa­cidad de tener una erec­ción con la capacidad para desencadenar un or­gasmo en su pareja: el or­gasmo no depende úni­camente de la erección mantenida dentro de la vagina sino que depende también de otros factores (grado de relajación de la mujer, su bienestar físico, ambiente, incidencias de la jornada, etc.). Cuando más años se tiene, menos puede permitirse hacer cualquier cosa en materia de sexualidad. Se necesitará más tiempo para excitarse, para mantener la erección, para gestionar la eya­culación, para tener otra relación sexual. Es importante no precipitarse. La relación sexual es un juego. La fi­nalidad es estar bien jun­tos, obtener placer, y no batir récords «trabajando con su pene».

Es importante recor­dar cómo actuaba cuan­do no tenía ningún problema, qué hacía para que la relación sexual y el contexto afectivo fueran positivos. También pensar en las soluciones que no fueron eficaces para arreglar el problema. Aclarar cuáles fueron los primeros signos del comienzo de un cambio positivo para usted y para su pareja.

La ansiedad o el estrés relacionados con los pensamientos negativos acen­túan las dificultades, sea la causa psíqui­ca o física. Es importante abordar el pro­blema de manera progresiva y volver a aprender etapa tras etapa a gestionar de un modo diferente la relación sexual y sobre todo la penetración. El pene es un órgano. Un órgano como cualquier otro: como el corazón o los pulmones, sólo que está afuera, al alcance de la visión y el tacto. Y eso, suele confundir a los hombres.

 

Fuente Redacción Z
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