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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: Nostalgia de zaguán

Ahora llaman ‘petting’ al lunfardo ‘franeleo’. Por Juan Carlos Kusnetzoff

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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El zaguán es una palabra que persiste den­tro de la cultura en general y en muchas regiones de América Latina y España en particular, para designar el corredor de in­greso a una casa, por lo general de arquitectura his­pánica, como lo son muchas de las casas tradiciona­les que aún existen en la Argentina.

Después de la puerta hacia el interior, éste se en­cuentra inmediatamente y puede ser de varias for­mas: un corredor directo que llega al patio interior de la casa, un vestíbulo que no es propiamente una sala, pero que puede servir para recibir visitas o una sala de espera y un corredor lateral a la casa. Un si­nónimo es el término vestíbulo.

El zaguán ha sido, en la historia sexual de la Ciudad, el lugar de la experimentación y del encuentro sosteni­do de las parejas.
La recepción «zaguanera» contempló durante décadas el ansioso erotismo de los jóvenes, bajo la amenaza de que la puerta comunicante con el inte­rior de la casa, se abriera y algún progenitor alzara con voz potente, la admonición terrible del «¡Qué es­tán haciendo…!»

Hoy, siglo XXI, se intenta recapturar el recuer­do de aquellos tiempos «zaguaneros» con el térmi­no «petting», que -para decirlo en jerga lunfarda- es casi sinónimo de «franeleo».

El zaguán ha caído en desuso, sustituido por los automóviles, transportes buscadores de las sombras de «villas cariño». Aunque éstas también parecen se­guir el rumbo de la extinción.

El «petting» es, en pocas palabras, el intenso «juego previo», juego indispensable para el éxito de la penetración posterior y el orgasmo de las parejas. En ocasiones, es lo único que se necesita para ser feliz sexualmente. Esta apreciación predomina en el pensamiento de la población femenina, frente al del hombre, que tiende a pensar estrictamente en «lo previo». Si no existe la penetración, el hombre sien­te que no se ha llegado a nada, y, en muchos casos, que se ha fracasado.

Muchas consultas sexológicas se ocupan de se­ñalar la ausencia de la penetración y la presencia pal­pitante de los acercamientos erotizantes previos. En muchos casos, los profesionales deben remarcar la necesidad de dedicarse mucho tiempo a esos jue­gos sexuales y quitar el calificativo de «previos».

El mamífero humano necesita el calentamiento de la maquinaria bio­lógica. Y eso, se cocina lentamente, con cuidado y sin apresuramiento.

Ya no quedan en la ciudad de Buenos Aires aquellos viejos zagua­nes. Hoy, mientras el erotismo ha­bla en inglés, la arquitectura urbana se viste de nostalgia. Pero la sexua­lidad no ha cambiado nada. Con o sin zaguanes, las parejas utilizan len­guajes universales y exploradores del placer. Dialectos que algunos llaman amor.

Fuente Redacción Z
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