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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: ‘Matrimonio por amor’

Entre el deseo de estar en pareja y el anhelo de independencia.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Una de las mayores transformaciones en el área de la pareja fue el «matrimonio por amor», tanto es así que hoy en día se condena al que considera otros motivos para casarse que no sean el amor. Paradójicamente, a medida que se consolidaba el amor romántico como requisito para unirse en pareja, iban incrementándose los índices de divorcio. Si casi lo único que mantiene ensamblado al matrimonio moderno es el amor, cuando éste se extingue (o se cree que se extingue), el vínculo tiende a deshacerse muy fácilmente.

Es así como se fue poniendo un énfasis cada vez mayor en la satisfacción de las necesidades afectivas, sexuales y de comunicación, conduciendo a exigencias inéditas y a que se cruzasen antes los umbrales de decepción o frustración. A este incremento de expectativas y demandas al interior de la relación se le fueron sumando las complicaciones derivadas del «matrimonio hasta que la muerte nos separe», dado el nuevo contexto socio-cultural marcado por la inmediatez del eterno presente. Para complicar aún más esta problemática, en los últimos años parecería haberse ido modificando el autoconcepto que la pareja occidental tenía de sí misma. Ahora existiría una nueva disposición emocional, con sus correspondientes fantasías inconscientes, orientada a tener el control sobre el otro.

Este fenómeno podría formar parte de la actual ilusión de poder, en que pretendemos estar asegurados contra todo, dado las tantas inestabilidades e incertidumbres imperantes en el ambiente social. Por tanto, uno de los primeros retos sería lograr construir una vinculación profunda y duradera, con acuerdos estables y responsabilidades recíprocas, entre dos individualidades que defienden sus necesidades y proyectos, donde se deben tener en cuenta tanto los intereses colectivos de ambos como los personales de cada uno. Las personas se mueven entre el deseo de estar en pareja y la necesidad de ser independiente, entre el temor a la soledad y el miedo a quedar atrapado.
Por lo tanto, el gran desafío sería poder conciliar el proyecto de vida propia con el anhelo de amor.
 Dadas estas condiciones, la díada solo puede mantenerse si logra un entendimiento tanto en el plano verbal como en el sexual, si tiene paciencia y sensibilidad hacia el otro, si desarrolla la destreza de poder llegar a acuerdos gracias a una continua negociación y si es capaz de aprender a sensibilizarse en los sentimientos, la distribución de funciones y tareas, la balanza de poder, el establecimiento de solidaridades y prioridades, etcétera. Una labor que, como afirman los especialistas, puede ser angustiosa pero también muy satisfactoria y que generará tanto estrategias como respuestas que reconstruirán las dinámicas de la relación y que, seguramente, desembocarán en un escenario de pareja diferente y complejo que no apuntaría hacia la desaparición de la pareja, pero sí a una crisis consistente en la ruptura de los modelos tradicionales.

Así llegamos a que uno de los fenómenos más característicos de esta época, según la mayoría de los especialistas, sea justamente el pánico al compromiso, no sólo en hombres, sino que también -e incluso más- en mujeres. Uno de los índices en que se refleja este miedo al compromiso radica en el regular aumento de la cantidad de solteros en todo el mundo. Según algunos autores, hay períodos más favorables a la soltería que otros y, si bien hoy existe una sensación de mayor fragilidad en la que se busca más protección y en que, por tanto, repuntan los valores familiares, para muchos jóvenes (hablamos principalmente de la franja etaria de los 30 años) el vivir juntos sin mayor compromiso presenta un atractivo del que carecerían otros vínculos.

En esta compleja época en que se busca una pareja teniendo como telón de fondo la autonomía y la evitación a ultranza del dolor, dentro de una sociedad en que se sobrevalora la equidad, el consumismo y la inmediatez, donde se exige el derecho a la felicidad y existe una escasa tolerancia a la frustración, donde todo es revisable entre dos personas que están ahora en igualdad de poder, la personalidad y la madurez emocional de sus integrantes, pasana ser fundamentales.

DZ/sc

Fuente Especial para Diario Z
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