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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: Lo que saben los chicos

El Dr K. cuenta qué quieren saber los niños a la hora de la educación sexual y Vera Killer recuerda cómo Milo Manara la ayudó a dar sus primeros pasos en autoerotismo a los casi casi 13 años.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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La gran curiosidad infantil con respecto a la vida sexual ya justifica, largamente, la educación en este tema. Es importante. Casi todos los niños hacen, invariablemente, preguntas sobre sexo. De todo tipo y calaña. De las que los padres están listos para contestar y otras que no. En cualquiera de los casos, hay que estar listos.
La educación sexual, realizada en el seno del hogar o en la escuela, debe prever y dar satisfacción a todas esas preguntas. La avidez de los chicos por saber más sobre este tema es natural.

Mucho antes de desarrollar alguna malicia en sus actitudes, el niño siente necesidad de adquirir más conocimiento en relación a su origen y a su cuerpo. Y esa hambre de saber –casi sagrado– debe ser recibido por el adulto con respeto y consideración por la personalidad infantil.

Los padres que no se interesan por la educación sexual y la orientación de los hijos en esa área deberían tomar en cuenta que accionando de este modo están dejando a sus hijos a merced de determinados individuos menos capacitados. En el mejor de los escenarios, los “avivarán” otros niños. En el peor de los escenarios, sus guías serán adultos perturbados psicológicamente.

De esa forma, la data que los chicos van a tener, será fragmentaria e inconveniente para su edad. Y lo que es peor: los niños que no reciban educación sexual en su casa y/o la escuela podrían ser “seducidos” en su inocencia por informaciones inadecuadas.

Por ejemplo, un chico al que le contaron historias no verídicas, como la de la cigüeña que vino de París a traer un bebé, va a perder la confianza que depositó en sus padres al enterarse de la verdad biológica.

La gran duda, quizás, es ¿qué tiene que saber sobre sexualidad un niño, un púber, un adolescente, en cada etapa? La respuesta es más simple de lo que parece: cada etapa deberá ser adecuada a la inteligencia, sentimientos y estilo de cada joven. Siempre, además, la educación sexual deberá darse respetando el pensamiento ideológico de cada familia.

Personalmente, recomiendo hablar cortito y preciso para evitar discursos largos o moralistas. Y si el chico deja de preguntar, lo mejor es no forzarlo y esperar. Mientras siga queriendo saber, habrá que decirle algo, y ese algo tiene que ser la verdad.

Recuerden siempre que se sientan en duda sobre qué decir, lo siguiente: la ignorancia enferma y el saber salva.

 

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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