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Lo que ellas quieren

Las tres reglas de oro para pasarla bien, innovar y quedar satisfechos.

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Tengo tres reglas básicas para jugar y pasarla bien. Y se las cuento: no todo es para todos; hacete un tiempo para el sexo; ella tiene que querer. Respecto de la primera, te voy a dejar alguna data. Seguramente habrás escuchado cosas, ideas, propuestas sobre las que vas a pensar: «¡Ya quiero ir y probar!», o «ni loco lo hago: eso me aburre mucho, no lo haría nunca en mi vida»; mientras que ante otras, simplemente dirás que por ahora no, pero tal vez en otro momento… Y esas dudas lógicas se generan, justamente porque no todo es para todos.

La segunda regla de oro tiene que ver con el tiempo. Por eso, si tienen hijos, déjenlos con alguien de confianza y salgan a disfrutar. Pueden ir a un hotel o buscar un lugar que les guste a los dos. Esto es necesario porque, en la medida en que ustedes estén bien, sus hijos también lo estarán. Y si no tenés hijos, igual podés planificar una salida así. En un hotel las mujeres nos portamos de otro modo, nos soltamos más, gritamos sin miedo a que nos escuchen y nos volvemos más atrevidas. Y todo eso es bueno, porque para tener buen sexo hay que poner ganas, interés y libido.

En cuanto a la tercera regla, la que dice: «Ella tiene que querer», van los consejos. Vos podés ser el mejor masajista del mundo, pero si ella no quiere que los hagas, es no y no hay milagros. Podés ser el amante más cuidadoso, pero si ella no quiere tener sexo anal, no hay nada que hacer al respecto. Las mujeres suelen decirme que «ellos siempre quieren», pero yo sé que no es así: a veces el hombre sólo pretende algo tranquilo, besarnos y amarnos, estar con nosotras. Y otras veces desea que nos transformemos en diosas salvajes del sexo. En ese caso, podés considerar la mesada de la cocina o el sillón del living como el lugar indicado para algo apasionado, sexy y breve. Y otras, tomarte tiempo y hacer el amor con todos los condimentos y quedarnos satisfechas y felices.
Y hay más para contarte o para ejemplificar. Digamos que a la esposa de tu amigo le fascina que su marido le hable con palabras fuertes y le dé nalgadas; a tu ex le calienta que seas romántico y tierno; a tu amiga le gusta practicar mucho sexo oral; a tu vecina le encanta que la espíen y a tu esposa, que estés horas mimándola. Y eso sucede porque no todas las mujeres tenemos los mismos gustos; y ustedes, los hombres, tampoco. De modo que te dejo algunas ideas de distinto tipo: ojalá las pruebes, te gusten (a ambos) y tengan un sexo divertido, variado y feliz!

Ahí va: enfriá un racimo de uvas, pasalo por el cuerpo de ella, arrancá una y colocala entre tus dientes, chupale el clítoris y dejá que la uva suelte sus jugos. La fruta puede variar y las moras se dan bien.

Proponele una degustación de vinos sobre su cuerpo. Usá el champagne en tu boca para besar sus pechos, el vino rosado para su vientre y un delicioso tinto para su zona íntima: se lleva mejor que el champagne con nuestra vulva. Jugá con helado, crema, miel tibia y exprimí frutas blandas sobre su cuerpo y lamé el jugo y la pulpa antes de hacer el amor.

Si los dos tienen horarios de trabajo similares, el que llega primero prepara la escena y elige lo que quiere hacer. Por ejemplo, pueden pactar que el que llega último se desnude y se toque. También podés pedirle que se saque la ropa con lentitud y sensualidad, o que lo haga en el palier antes de entrar en la casa y la pase por debajo de la puerta y, una vez dentro de la casa, le practique sexo oral al otro inmediatamente, o se acueste y se deje sacar fotos o camine en cuatro patas con la cabeza baja.
Otra manera es mandarle una «publicidad» desde tu casilla de mail y, aunque ella sabe que sos vos, la idea es que cambien los nombres y la personalidad, y le cobres una tarifa por adelantado. La recibís en un ambiente cálido con velas y música suave, le ofrecés masajes sensuales y gratificantes, la atendés como una reina, le prestás atención, hacés lo que a ella le gusta y no eyaculás a menos que te pague más. Mucha suerte.

 * Especialista en juegos eróticos. 

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