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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: La extrema fragilidad de la sexualidad

Cualquier tormenta emocional puede afectar el desempeño en la cama.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Cuando un problema sexual se extiende por un tiempo prolongado (seis meses por ejemplo) y el profesional pregunta: ¿qué pasó en su vida hace un año o dos? la respuesta habitual es «nada». Muchos pacientes creen que «pasar algo» es sinónimo de operación quirúrgica, accidente grave o estar enfermo.
Pero las cosas cambian cuando el profesional repregunta sobre su vida familiar, o laboral, en el contexto cotidiano: desempleo, discusiones reiteradas, con sus jefes, preocupaciones diversas con los hijos, conflictos cotidianos con los compañeros, mudanzas… Y nos encontramos con una serie de problemas -muchos de ellos banales- que han incidido en la problemática sexual. ¿Por qué sucede esto? ¿A qué se debe la vulnerabilidad sexual?
La vida sexual se realiza de a dos personas, de a dos biologías, de a dos psicologías, de a dos historias. La vida sexual no se reduce a erecciones, eyaculaciones u orgasmos. Eso sería ver un problema altamente complejo de una manera simple, reducida.
La mayor parte de los problemas sexuales no se deben a problemas exclusivamente orgánicos, sino que son una verdadera encrucijada de factores psicológicos, biológicos y sociales, que se superponen y se potencian entre sí.
No existe otra función que sea más vulnerable y tan frágil como la sexualidad humana. De allí la sensibilidad con que deja de funcionar adecuadamente, con una «tormenta» emocional, un disgusto ocurrido en la semana anterior, o una alegría desbordante, que conmociona todo el sistema psicobiológico.
Puede parecer extraño o insólito, pero el desequilibro que una alegría produce, de cualquier origen, puede incluso alterar el equilibrio y afectar la vida sexual. Por eso es necesario charlar. Y, por sobre todo, estar abiertos a contar las cosas, ya sea a un profesional o a la pareja. Ante la extrema fragilidad de la sexualidad humana, el antídoto es la palabra. Y después, claro, a la cama.

DZ/LR

 

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