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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: la edad del despertar

La adolescencia es el precioso momento del descubrimiento.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Sexualidad y adolescencia han ido siempre de la mano. Los padres se muestran siempre preocupados y tienen opiniones encontradas, conflictivas, llenas de ansiedad y de respuestas nunca completamente satisfechas.

He aquí, un simple listado:

*La masturbación. Tema eterno e inmutable. Los hijos varones se masturban. Las hijas mujeres, también. Sería inútil negarlo.
Es normal. Subrayo a los gritos: ¡es nomal!
Con la mano, con la almohada, contra la mesa, de noche, encerrado/a en el baño, negándolo todo el tiempo. Es normal.
No vuelve patológico al adolescente. No lo vuelve loco. No es la causa de los granitos en la cara o en el tórax. No es la causa de que duerme de más. O de la falta o el exceso del apetito. Es normal. Como lo fue normal, cuando papá y mamá tenían quince o veinte años. Y hoy tuvieron hijos, y son felices. Y no se volvieron locos.

*Advertencia inútil. En algún momento, papá o mamá dicen, expresan, casi violentamente, ¡en mi época! Señor, señora: en su época, tanto como en la Edad Media, en Europa o Extremo Oriente, los adolescentes -hoy padres- fueron iguales a los que hoy son los hijos. Por supuesto, con las diferencias que marcan las épocas y los contextos variados de las familias, las guerras y los problemas. Se entiende, pero en el fondo, son iguales aunque los padres afirmen «¡en mi época…!».

*La sexualidad en la adolescencia. Ese «monstruo» a enfrentar. Los adolescentes están saturados de que les hablen de la anatomía sexual. De que inviten a cualquier médico al colegio y que les hablen del pene y la vagina. Y, a veces, del clítoris. Casi siempre, enmarcados en el «terror» a las enfermedades de transmisión sexual. Ellos ya saben. ¡Ya saben hasta los micrones que miden los virus! Están ansiosos, porque no les hablan de la masturbación, de la prevención de los embarazos no deseados, del mal uso de los preservativos y de cómo hacerlo bien. Están saturados de que cada concepto sea repiqueteado insistentemente con la palabra amor. Que es necesario tener y cultivar el amor, nadie lo puede dudar, pero es imprescindible no golpetear ideológicamente las neuronas jóvenes, porque ese golpeteo produce anestesia, vaciamiento de la palabra y la ausencia de credibilidad de quien enseña.

*Empleo del lenguaje adecuado. Poco se ha resaltado este aspecto. Muchos y bien intencionados programas educativos, pueden fracasar con los adolescentes, si uno emplea términos y lenguajes científicamente impecables y pertinentes, pero que no «llegan» a la intimidad de los afectos de la gente joven. Por ejemplo: «calentura», en vez de excitabilidad. «Pararse», en vez de erectarse. «Acabar», en vez de orgasmo. «Chuparla», en vez de sexo oral; «Posición del perrito», en vez de coito anal. «Franela» en vez de «petting». «Huevo» en vez de testículo. «Culo» en vez de nalga.
La vergüenza frente a la lectura de esto, o el uso de este lenguaje, acerca a los mayores al idioma del adolescente. Es un error pensar que es inculto. Necesitamos que sea operativo y nos comprendan.

 

Fuente Redacción Z
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