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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: la edad de las preguntas

Si los chicos tienen dudas hay que responder con la verdad.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Alrededor de los 18 meses a 6 años, los niños «fusilan» a preguntas a sus padres y abuelos. Los genitales se encuentran en primer plano en el interés de los chicos. Y su curiosidad, absolutamente normal, necesita ser satisfecha. Su salud mental presente, pero sobre todo futura, dependerá de eso.

Los niños «descubren» que algunas personas tienen pene y otras carecen de él. Se entera que así es la diferencia sexual anatómica.

Es muy difícil para un adulto entender y sentir la conmoción que recibe el niño en esta etapa de la vida. Es -para decirlo en pocas palabras- la conmoción que Colón tuvo cuando se dio cuenta de que había descubierto América.

A los chicos les ocurre algo similar, y por eso preguntan insistentemente, una y otra vez, muchas veces, hasta el hartazgo. Y aunque los mayores les respondan con exactitud, los chicos no entienden fácilmente de primera intención. Necesitan reforzar el conocimiento, una y otra vez, para incorporarlo, para «masticarlo» y digerirlo. La paciencia es la virtud que los padres deberán exhibir aquí. Preguntan los pequeños, porque quieren introducirse en el mundo, porque son «pequeños investigadores científicos».

Los lectores ya pueden darse cuenta de la importancia que tiene responderles con consistencia.

¿Y cómo responderles? Simple: de acuerdo con sus palabras, con láminas o dibujos si se pudiera, en forma explicativa, nunca opinando. Brevemente: si necesitan más preguntarán a los cinco minutos o a los cinco días. No hay que inquietarse si no pregunta inmediatamente. Cada chico es un mundo diferente. Cada uno tiene tiempos que no son comparables a los de hermanos o primos.

Una observación importantísima: no es pecado responder que no se sabe. Que iremos a consultar juntos a gente que nos aclarará algunas cosas. Que iremos a una librería, y compraremos un libro que leeremos juntos. Y si no quiere leer, lo dejaremos al lado de su cama. El chico sorprenderá, en un momento determinado, comentando o preguntando sobre las láminas del libro. Repetimos: no es pecado decir no sé. Es un acto de primera magnitud educacional, que se transmitirá a las generaciones futuras.

Los chicos son «preguntones» siempre insatisfechos, buscando padres sabios que no siempre saben, y así se van construyendo las respuestas.

 

Fuente Redacción Z
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