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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: golpes al corazón

La violencia sufrida por niños y adolescentes marca conductas sexuales en la adultez.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Lamentablemente, la crónica diaria nos se­ñala muy frecuentemente diversos proble­mas familiares y extrafamiliares que dan cuenta de vio­lencia física sobre las per­sonas en general y sobre los niños y adolescentes en particular.

Con el correr del tiem­po, los problemas que pa­decen las personas adultas reconocen en esa violen­cia el origen de sus pro­blemas actuales. Los más comunes son:
-Ansiedad episódica, pero crónica.
-Incapacidad de rela­jarse y sentirse bien con el cuerpo.
-El mundo le parece «inseguro» y le cuesta rela­cionarse con las personas.
-Incapacidad de con­fiar en los demás.
-Depresiones fre­cuentes.
-Mucha dificultad en disfrutar de las sensaciones sexuales.
-Muy frecuentemente, disfunciones sexuales y trastornos del deseo sexual.

La pregunta que se impone es: ¿cuáles son las correlaciones entre el haber sufrido violencia fí­sica durante la infancia y la adolescencia y tener problemas sexuales en la vida adulta? Si los pro­genitores pegaban, castigaban duramente, o in­cluso eran violentos físicamente entre ellos, o si los hermanos eran violentos, se establecen vín­culos negativos en la vida adulta. Relaciones de amistad, noviazgos o matrimonios, el contacto fí­sico, la confianza y las relaciones sexuales son casi siempre dificultosas y en ocasiones no se pueden realizar.

Crecer en medio de la violencia, perturba y deses­tabiliza emocionalmente. Los adultos que han sufrido violencia suelen ser agresivos sexualmente: en parti­cular, los hombres. Las mu­jeres tienden a retraerse, a manifestarse inhibidas y, muchas veces, con terror a lo desconocido.

Un capítulo aparte me­rece la aparición en la vida adulta de «parafilias», an­tes denominadas perver­siones. Voyeurismo (satis­facción sexual por mirar), exhibicionismo (mostrar públicamente los genita­les), «froterismo» (refre­garse con el cuerpo del otro en un vehículo públi­co) o la preferencia por las llamadas telefónicas obs­cenas.

El tratamiento siem­pre es dificultoso debido a que las situaciones trau­máticas dejan huellas pro­fundas en el carácter de una persona. Estas cicatri­ces deberán ser exploradas y habrá que intentar re­moverlas con psicoterapia prolongada.

Toda la acción terapéutica está orientada a pre­venir la patología, actuando en el nivel familiar, in­tentando minimizar los efectos inevitables que el accionar de la violencia desencadena en la vida sexual adulta.

 

Fuente Redacción Z
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