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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: El preservativo, en todo momento

El líquido preseminal del hombre puede contener tanto espermatozoides como virus.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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El líquido preseminal, ese que emiten -a veces en cantidades impor­tantes- durante la ex­citación sexual la mayoría de los hombres, es normal. Depende casi exclusivamente del nivel de testosterona. Y no se puede dis­minuir, y mucho menos, eliminar. Es equivalente, en los hombres, a la lubricación vaginal femenina y tiene los mismos efectos lubri­cantes y beneficiosos.

En los adolescentes y jóve­nes, existe un problema con este líquido el cual, teóricamente, no tiene que conducir ni esperma­tozoides ni virus. Sin embargo, el líquido seminal puede trans­portar tanto espermatozoides como virus, en el caso de que el varón se encuentre infectado. Saber esto es importantísimo por­que explica, en parte, el alto nú­mero de los embarazos prematu­ros en las adolescentes. Muchos de ellos, al tener sus primeras relaciones sexuales, penetran vaginalmente a sus compañeras sin la protección del pre­servativo, y se lo co­locan recién… para eyacular.

El resultado ya se puede prever. Un embarazo no de­seado, con todo lo que implica esto en­tre adolescentes. Y para peor, al co­municarle la no­vedad al varón, uno o dos me­ses después, seguramente va a protestar enfáticamente, di­ciendo que él no es el responsa­ble del embarazo porque eyacu­ló con el preservativo colocado. Se desprende de este episodio re­latado, la necesidad de informar adecuadamente sobre los proble­mas existentes por el defectuo­so uso del preservativo y, simultá­neamente, exponer buena parte de la psicología adolescente, casi siempre rebelde, omnipotente en su pensamiento y su actuación, renuente a seguir las normas y los procederes originados en los pa­dres, en los «viejos», o en las au­toridades de salud.

En estas etapas de la vida, el problema del embarazo no de­seado, que la Organización Mun­dial de la Salud considera «epidé­mico» por su extensión-requiere no sólo repartir gratuitamente preservativos.

Requiere imperiosamente, abrir las neuronas y hablar con­cretamente de lo que casi nunca se habla: del coito, de su fisiolo­gía, de cómo precaverse de con­secuencias psico-sociales o infec­tológicas. Todo en nombre del amor. Amor a la adolescencia, a la juventud y no usar el término amor, como pantalla filosófica, que se pierde y se diluye a la hora de las acciones concretas.

 

Fuente Redacción Z
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