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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: El placer de mirar

El voyeurismo consiste en espiar a otros para excitarse.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Esta conducta relacionada al sexo consiste en obtener placer mediante la observación de personas en actitud sexual. Hoy se habla de una parafilia (antiguamente, perversión). Los voyeuristas logran excitarse a través de aquellas personas desnudas o que están teniendo algún tipo de relación erótica. Es un clásico ser sorprendido en la penumbra de una plaza o parque, por un individuo que busca espiar subrepticiamente a una pareja que se abraza y se besa.
El placer de la persona se encuentra en lo prohibido, en mirar la intimidad de otras personas sin tener autorización. Los voyeuristas se excitan al mirar a través de cerraduras o ventanas, y en lugares públicos.
Al igual que ocurre con otras parafilias (trastornos sexuales), cuando la alteración se produce y reconoce, hay que comenzar con un tratamiento. Que desde ya, será prolongado y de finales exitosos muy inciertos.
Toda parafilia debe ser tratada, sobre todo si hay agresión hacia otra persona. Toda práctica sexual consentida que no dañe a la pareja o a la persona que esté participando, no puede considerarse trastorno, pero cuando la conducta se convierte en una obsesión tiránica y no permite disfrutar de otros aspectos de la vida, e impide estudiar, trabajar o tener otras ocupaciones, debe plantearse la posibilidad de consultar con un profesional de la psiquiatría.
 Mirar es una acción que se ejerce desde los primeros momentos de la vida y adquiere enorme relevancia para investigar el propio cuerpo y, sobre todo, el de los otros. Pero debe completarse y armonizarse con otros sentidos: el tacto, la audición y el placer del contacto piel a piel.
Los voyeuristas carecen de ese balance y ese equilibrio, porque han desarrollado en demasía el placer por la penetración en los otros a través de la mirada.

DZ/LR

 

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