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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo urbano: Desconectados, por J. C. Kusnetzoff

Hay un secreto para recuperar el deseo sexual perdido.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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La vida sexual se encuentra llena de mitos y excusas. Nos ocuparemos de una consul­ta muy frecuente: «Él quiere siempre. Yo, no». Él suele decir «estoy acostumbrado así. Al principio de nuestra relación no había proble­mas, ella aceptaba, pero hace un tiempo me pone cada vez más trabas».

Uno de los mitos más frecuentes es que ambos -hombre y mujer- deberían te­ner deseos, ganas al unísono. Y casi nunca es de esta manera. Consecuencia: malos entendidos que rondan la vida cotidiana: «Te­nés otra/o»; «ya no me querés»; «no te gusto»; «desde que aumenté de peso, ya no me buscás» y frases hirientes y conflictivas similares.

Ocurre algo curioso en los últimos años. Un fuer­te aumento de consultas de la falta de deseo sexual. Con una característica: hombres y mujeres esperan la espontaneidad del deseo. Parejas jóvenes de no más de cinco años de convivencia padecen de este pro­blema. El tema se complica cuando uno de los dos no tiene ganas y el otro espera pasivamente que la pare­ja despierte «espontáneamente» su deseo.

Este esperar pasivamente lo hemos detectado como un error importante que lleva a la asincronía mencionada. No se trata de esperar. Hay que ir -acti­vamente- a buscar el deseo sexual. Es muy probable que el deseo, espontáneo, no vuelva, y que además, esa espera inútil, con el tiempo, agrave la situación de la pareja.

La consulta a un profesional de la medicina re­sultará en un análisis de sangre para ver el nivel hor­monal. En casi el 95% de los casos el resultado es negativo. Y, aunque fuera positivo, la administra­ción hormonal no exclu­ye el aspecto psicológico ya que la administración de hormonas no siempre resuelve el problema.

Se trata en la mayo­ría de los casos de «em­pujar el coche», que ha quedado sin batería. La metáfora indica que lue­go de que los chicos se duermen, la pareja se dis­pone a «volver a ponerse de novios». Diez minutos de abrazos, besos, cari­cias, sin tener relaciones sexuales. Este ejercicio cotidiano, sostenido por dos o más semanas, vuel­ve a poner la «maquina­ria» en funciones. La ex­citación sexual, producto de los estímulos adecua­dos, sustituye la esponta­neidad del deseo sexual.

Esta «medicación» no se consigue en farmacia alguna y permite en la continuidad de este ejer­cicio simple, disolver conflictos y malos entendi­dos en la pareja y proporcionar la felicidad sexual perdida.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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