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TEMAS DE LA SEMANA

Sexo Urbano: Cuando el sexo es un problema psicológico

Cada vez se presta más atención a lo mental por sobre lo físico.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Todos los días de consultorio nos encontra­mos con pacientes que relatan alguna ex­periencia anterior con otros profesionales. Profesionales que atendieron correcta­mente y con sabiduría la queja del paciente. Luego de examinarlo y hacerle numerosas pruebas científi­cas, sancionaron: «¡Usted no tiene nada!» En el me­jor de los casos, le indicaron el camino de la psicolo­gía y que pase el siguiente paciente.
Nosotros, los profesionales de la medicina, estamos formados con predominancia en las afecciones visibles, pal­pables, radiografiables y biopsiables. Si lo úni­co que presentan los pacientes son síntomas y no les encontramos nada objetivo, el proble­ma se diagnostica como emocional o psicológi­co y el profesional mé­dico pierde interés en el paciente, al que se san­ciona como neurótico, cuando no «molesto».
Al dicho «usted no tiene nada» habría que agregar «de lo que yo sé».
Una de las premisas más importantes en cuanto a las causas, se aplica fuertemente en toda afección: «Nadie enferma por una causa sola». Y las causas únicas, a las que se atribuyen los efectos, necesitan otros predisponentes, casi siempre poco tenidos en cuenta, que denominamos genéricamente «terreno» o «disposición».
Los síntomas sexuales son un ejemplo paradig­mático de lo que estamos señalando. Hoy ya no exis­te más esa división tajante entre causas psicológicas y causas orgánicas. Hoy, los causales son mixtos y, mu­chas veces, causales sociales, que desencadenan los otros dos (pérdida del empleo, factores económicos, o de vivienda, incomodidad para resolver y efectuar las relaciones sexuales, etcétera.)
Solemos citar un tanto ampulosamente que al­gunas disfunciones sexuales son provocadas por la diabetes -elemento orgánico indudable- pero olvi­damos o dejamos de lado el contexto social de la persona que sufre: pareja, familia, cambios en los lu­gares de trabajo, pérdidas emocionales altamente significativas, condiciones de vida modificadas por acontecimientos estresantes.
Indudablemente la diabetes puede producir dis­funciones sexuales en ambos sexos, pero, cuanto más orgánica es la afec­ción más psicológica o emocional se presenta.
La persona que pade­ce de un problema eréctil o eyaculatorio, o un tema ligado al deseo sexual, o de anorgasmia en las mu­jeres, se ve casi obligada a un verdadero esfuer­zo de adaptación con sus pensamientos y accio­nes, que -en el caso de la sexualidad- comprende no sólo a ella misma, sino también a la persona con la cual está en pareja.
Tomar en cuenta estos aspectos, mucho más allá de la medicación empleada, tiende a beneficiar a la persona y su contexto inmediato, que es su pareja, y ayuda a planificar tareas a desarrollar en el ámbito de la intimidad.
La sexualidad humana no cumple solamente fun­ciones biológicas, cumple simultáneamente, funcio­nes de articulación de orden psicológico y social

 

DZ/LR

 

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