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Sergio Pángaro y el arte de la elegancia

Mucho más que la figura del dandy con la que se lo identifica.

Por Diego Oscar Ramos
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Mucho más que la figura del dandy con la que se lo identifica, Sergio Pángaro podría ser un filósofo práctico que siempre logra hacer visibles sus opiniones. Y este Grandes éxitos del mañana, que editó a fines de 2011, funciona como un mapa de esa visión ácida y lúdica que expresa a través de Baccarat. En 20 canciones, que llegó a remezclar y remasterizar, resume una forma de sentir la vida que también manifiesta cuando actúa -en «Juan y Eva», «Moacir», «Vaquero», «Historias breves» o «El artista»- y cuando viste sus adorados trajes de los años 40, en los shows o en su barrio de Constitución.
¿Qué descubriste al elegir las canciones?
La idea fue juntar los temas que más me gustan de nuestros discos. Siempre había alguno que no me gustaba y me interrumpía el devenir de la escucha. Y vi que en los cuatro discos nos fuimos alejando del sampler como concepto, porque al principio lo usábamos como apropiación, para poner algo en otro contexto, una idea presente en todo el arte del siglo XX, sobre todo la plástica. Pero también porque en los 90 era difícil recrear un sonido orquestal en géneros como el cha cha cha o el mambo. Y ahora tenemos con una banda con músicos de generaciones nuevas que puede. Yo les escribo los arreglos, porque me familiaricé con las reglas de la música comercial de los años 50 o 60.
Algo que permaneció fue la ironía en las letras.
Todos los jóvenes quieren destruir el mundo y mientras lo hacen se burlan de cómo se va derruyendo. El tema es que después uno tiene una segunda juventud, donde te das cuenta de que el arte está en la mirada. Eso hace que creas que podés vengarte del gusto establecido con todo lo que parece de mal gusto. Todo lo que hace Baccarat, más allá del lenguaje sensible, melancólico, burlón, es tener en cuenta la experiencia del punk de forzar un lenguaje. Y con una música meliflua, tipo Ray Conniff, decir cosas que traicionan a esos géneros.
Disfrutás de muchos de esos géneros.
Me lo estoy planteando hace no demasiado tiempo. Estaba muy conforme con convertir el grupo en un laboratorio intelectual. Muchas canciones me parecían inteligentes, pero no me llegaban. Y sí me daban ganas de escuchar los standards de jazz que canté, a los que puse la cuota sensible. Por eso ahora siento resuelto el sentido de Baccarat: podemos vestirnos con ecos retro y tener un lenguaje de redes sociales, pero debemos hacer todo musicalmente agradable y bello en la interpretación.
¿Cómo trabajás tu faceta actoral?
Con el cine, como no tenía tanto dominio de todo, lo único que tenía que hacer era creérmela. Y funcionaba. Eso me sirvió para cantar, también creyéndomela. Además, al principio con Baccarat la referencia fue el cine, pensar cómo una escena podía cambiar radicalmente al tener otra música de fondo. Queríamos hacer canciones que tuviesen la sugestión del cine, más que tener un código de pertenencia al rock o el lounge. Y siempre tuvimos el cuenta el movimiento dada, donde el espectáculo era para cambiar al espectador la lógica de su comportamiento.
¿Y la elegancia no tiene también un sentido filosófico?
Es que más allá de que sea un criterio de elección de indumentaria, la elegancia tiene que ver con ponernos a prueba con la vida cotidiana. Yo encontré una ropa que me hace sentir diferente y me pone bien anímicamente. Cuando empecé a usar trajes y smoking era una gracia, pero ahora es lo que usaría por otras razones. Las zapatillas son cómodas, pero no me dan visualmente el placer de los zapatos. A veces me dicen si no tengo calor con el saco, pero en Casablanca Humphrey Bogart tenía uno y estaba en el calor de África. Yo prefiero transpirar 20 litros y no hacer agua en lo anímico. Hay cosas que van más allá del confort.
¿Cómo vivís a Buenos Aires desde estos criterios?
Es una ciudad preciosa. Por su arquitectura, tenemos que estar supersatisfechos. Hay zonas con edificios que estaban hechos para una metrópolis muy elegante, europea. Así que Baccarat tiene la suerte de haber surgido en una ciudad muy elegante. La idiosincrasia del argentino, desde la fundación del país hasta hace no demasiado tiempo, valoraba muchísimo la elegancia. No nos podemos olvidar de eso.

DZ/LR

 

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