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TEMAS DE LA SEMANA

Señor kioskero

Atilio fue hombre de la milonga y una noche, en Boedo, conoció a Gardel.

Por fernando-casas
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Valentín Gómez es una de las calles más apacibles de Almagro, entre Billinghurst y Sánchez de Bustamante uno encuentra el único kiosco de la cuadra, casi al llegar a Billinghurst, en diagonal al conocido restaurante que pintó estrellas con nombres en sus veredas. Atilio Sánchez aún baila en las milongas, estuvo de gira con algunas orquestas y militó 30 años en el gremio de los Gráficos. «El tango me llega a los 12 o 13 años; ayudaba a un profesor que enseñaba en una academia y cuando terminaba con las chicas, me enseñaba los pasos. Después me largué solo hasta ahora que tengo 83 años y sigo bailando», dice como carta de presentación.

«Yo tendría 14 años y conocí a Gardel, en un boliche de Boedo, al lado del cine Alegría, que era un cine rata, imaginate que había un cartel que decía ‘Haga lío en la última película’ porque pasaban cada una… Ahí lo vi a Gardel, je».

Suspira pesado, se detiene y vuelve a soltar: «Para mí Piazzolla no es tango, el tango se baila con los pies y con el cuerpo y con delicadeza, no tirando a la mina por arriba de la cabeza». Rezonga como un bandoneón porque no es tan preciso como quisiera en sus recuerdos: «¡Nene! en el año… yo estuve 30 días seguidos sin faltar ni una noche cuando Pugliese debutó en El Nacional. Yo era muy amigo del que le paraba los parlantes, así que estuve un mes, todas las noches, escuchando a la orquesta de Pugliese».

Apaga la radio -la 2×4, claro-, y vuelve a contar: «Compartí noches con muchos tangueros, Angelito Vargas y D’Agostino. Compartíamos la mesa, íbamos de un boliche a otro. El primer viaje que hice fue con Di Sarli, salí de gira en el micro con él y los suyos». Nombra a Podestá, al Polaco Goyeneche, y se jacta: «Yo estuve quince años sin saber qué era tender la cama de noche, de lunes a lunes salía». Los ojos se le encienden y rejuvenecen: «Siempre traté con gente grande, me decían El Negrito, todavía me conocen. Ahora las chicas me sacan a mí, no es por pedantería, son muchos años».

Atilio quiere decirlo: «Me casé, tuve un hijo que me ayuda en el kiosco, y soy separado». Aclara que no fue la noche ni el tango lo que lo alejó de su mujer. «Fue por motivos políticos, yo fui secretario gráfico durante 30 años y eso me demandó mucho».

¿Es cierto que el tango es histérico?
¡Es cierto! Yo era menor y la mina te decía ‘pagame 3 o 4 copas y esperame en la esquina’. Y después en la esquina podías hacer un pozo que no iba a aparecer. Era difícil ganar a una mujer. Había otro respeto, se iba a bailar y ya era gratificante, de ahí a ganar… Yo pude tener a una mujer en mis brazos gracias al tango». Y revela, para el final de la nota: «Para mí el tango es todo, le hice jurar a mi hijo que cuando me muera me haga cremar enseguida y en cada milonga tire un poquito de mis cenizas».

 

Fuente Redacción Z
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