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TEMAS DE LA SEMANA

Selva Almada: “La violencia de género atraviesa la Argentina”

Acaba de publicar Chicas muertas, tres crónicas entrelazadas por el femicidio.

Por Natalia Gelos
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Selva_Almada

Es una de las voces literarias más potentes de su generación. Nacida en 1973, Selva Almada lleva publicados varios libros de cuentos y poesías. Su primera novela, El viento que arrasa (2012), fue celebrado por la crítica y los lectores. Acaba de publicar Chicas muertas, tres crónicas entrelazadas por el común denominador de la violencia contra las mujeres. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes con un proyecto de investigación sobre femicidio adolescente. Los recientes casos que estremecieron a la sociedad devolvieron a la primera plana un flagelo que, lamentablemente, nunca cesa. Natalia Gelós entrevistó a Almada para Diario Z y esto es parte de lo que quedó de aquella charla.

La sala de Selva Almada es despojada. Reina una calidez limpia, sin alharaca. Ahí habla de su libro más reciente, en el que abandona por un rato la ficción para volver a una historia que mantenía pendiente: el asesinato de una muchacha, Andrea Danne, en la década del ochenta, en el seno litoraleño donde la escritora pasó su infancia y fundó su literatura. Allí, en su adolescencia, escuchó por primera vez acerca de la muerte de esa chica de pueblo; alguien que, dice Almada, podría haber sido ella misma. Fue, escribió en el libro, una revelación: “Mi casa, la casa de cualquier adolescente, no era el lugar más seguro del mundo”. Chicas muertas se moviliza con una sensación: “si el azar hubiese sido otro” se siente como el viento que deja un cuchillazo que corta a otro.

La palabra feminicidio se piensa y se instala a partir de 1985: el asesinato de mujeres que son asesinadas por ser mujeres. El término se inaugura a mediados de la década del 80, pero feminicidios hubo siempre, claro. Y Almada cuenta tres en el interior del país, ocurridos en el momento en el que algunos empiezan a pensar la problemática. “Esas muertes no se resolvieron en la Justicia y creo que eso habla de la impunidad que se le da a esos tipos de casos. Son tres historias particulares pero seguramente hay muchas parecidas”, dice la escritora. Se refiere a los asesinatos de Danne, María Luisa Quevedo y Sara Mundín.

¿Cómo llegás a las historias?

El disparador del libro es el caso de Andrea Danne que es el que conozco casi desde el principio porque yo vivía todavía en Villa Elisa, y ella vivía en San José, que era un pueblo muy cercano. Fue un caso que conmovió a toda esa región y del que nunca me olvidé. Y se dio la casualidad que encontré el caso de María Luisa Quevedo ojeando un diario: se recordaban los veinticinco años de su crimen. Era otra chica del interior. Empecé a encontrar relaciones: habían ocurrido en la misma década. Pensé en el interior no como lugar privativo en donde ocurren este tipo de casos, sino porque yo trabajo esas geografías. La violencia de género atraviesa la Argentina de punta a punta y ocurre en las grandes urbes y en los pueblos pequeños. Quizá, sí, la diferencia es que en el interior está más naturalizado y en las ciudades más grandes circula más información al respecto…pero lo pensé más como una cuestión estética que ideológica.

¿Te interesa romper con la mirada del interior como espacio casi bucólico?

Hay una violencia netamente urbana, y hay una violencia que quizá circula más en el interior, pero que no por eso es menos violencia. Y hay como una mirada hasta ingenua del tipo urbano que piensa que en el interior no pasan este tipo de cosas. Y, es más, allí está más naturalizada la violencia contra la mujer e invisibilizados los reclamos que puedan haber en este sentido. Es más difícil hacer la denuncia en una comisaría de pueblo cuando el que va a tomarte la denuncia puede ser amigo de tu agresor, o pariente tuyo.

¿Cómo llegás a encontrar el lugar desde el cuál narrar estas historias?

La única manera que yo tenía para contar lo que quería contar era desde el lugar de una escritora, de una mujer que vivió en el interior y que fue contemporánea de esas chicas;  desde la honestidad de decir: “No me pasó algo tan tremendo, pero sí me han pasado a mí o a mujeres cercanas cosas mucho menores, que no han llegado por supuesto al extremo de la muerte, pero que son cosas cotidianas que vivimos las mujeres todo el tiempo y que muchas veces las dejamos pasar porque pasan cosas peores”. Cuando encontré ese lugar que era desde el que yo podía contar, me relajé y la escritura empezó a funcionarme a mí y creo que funciona en el libro.

 

DZ/nr

Fuente Redacción Z
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