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TEMAS DE LA SEMANA

Selem Safar: “Me di cuenta de que debía cambiar”

Estrella de la Selección de básquet, repasa su trayectoria, habla de Río 2016 y se entusiasma con la sucesión de la Generación Dorada.

Por Jonathan Sacco
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El rol de tirador que le atribuyen los entrenadores a Selem Safar tiene un porqué. Mientras el resto del equipo que conduce el español Trifón Poch elonga en el mítico estadio de Obras Basket, el marplatense se queda solo unos 20 minutos más practicando triples, ante la atenta cámara del equipo de Diario Z.

Para compensar el tiempo de espera, el hombre de selección pospone los trabajos de kinesiología para repasar desde sus comienzos hasta el pasaje logrado por Argentina a los Juegos Olímpicos 2016.

Surgiste en Kimberley y pasaste a Quilmes. ¿Cómo afrontaste ese inicio sin un club estable?
Fue duro porque quería jugar la Liga Nacional y en los primeros años no me pude afianzar. Me cedieron a Olimpia de Venado Tuerto y a Ciclista y Argentino de Junín. Por eso digo que mi primer año en la Liga fue a los 23, cuando llegué a Peñarol. Ahí los jugadores de experiencia me ayudaron a fortalecer mi cabeza y me enseñaron a disfrutar de la presión y no a sufrirla.

En la Selección, ¿tu primer gran momento fue durante el FIBA de Caracas?
Sin duda. No había sido un gran año en Peñarol, no jugué de la mejor forma y en la preselección para disputar la Copa Stankovic no estuve convocado. Pero entré al final porque hubo varias bajas por lesión. Eso me hizo dar cuenta de que debía cambiar muchas cosas para jugar en la Selección.

¿Por ejemplo?
No comía bien, no entrenaba bien y llegué a la Copa con 93 kilos. Imaginate, hoy peso 84. Ese año se baja Quinteros de la Selección y Ginóbili estaba lesionado. En el corte final para Caracas quedé cómo el único escolta natural por sobre Nicolás Richotti. Fue un voto de confianza de Lamas y me hizo dar cuenta de que si me cuidaba iba a jugar a un nivel superior.

¿Ese crecimiento personal fue lo que te hizo jugar el Mundial 2014 y después mantenerte en la Selección?
Creo que sí. Sin ese clic, no hubiese llegado nunca a la Selección. Me ayudó escuchar y compartir plantel con Luis Scola y la Generación Dorada. Por eso, desde 2013 mi alimentación cambió, no como harinas. El Mundial nos hizo ver la dura realidad de que el tiempo había cambiado el nivel del equipo. Necesitábamos un recambio generacional y eso pasó este año.

¿Fue un examen para ustedes el FIBA Américas de México?
Más que un examen, era ir a buscar el objetivo otra vez. Somos un equipo mucho más joven que el del Mundial, con jugadores que están dando sus primeros pasos y que, para mí, van a estar mucho tiempo más en la Selección. Sólo teníamos a Luis y “Chapu” (Andrés Nocioni) entre los más experimentados. Lo tomamos como que teníamos que hacer nuestra propia historia, la Generación Dorada ya pasó.

¿Se demostraron a ustedes mismos que la sucesión está en buenos manos?
Sí, los que vivimos dentro de la Selección nos damos cuenta que el legado más grande que dejó la Generación Dorada no son los títulos que obtuvieron, sino lograr competir siempre al máximo nivel. Después podían salir primeros o quintos, pero los partidos los competían siempre. Hoy estamos felices porque logramos la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río 2016, pero si perdíamos no era un fracaso.

¿Se creó una idiosincrasia?
Sí, es lo más importante. De hecho, antes de esa generación no había malos jugadores. Estaban Milanesio, Espil y Campana. Pero por ahí no estaba ese sacrificio que tuvieron los de la Generación Dorada. Ellos se sacrificaban por el grupo y no por lo individual.

¿Qué análisis hacés de la actuación del equipo en México? Jugamos por encima de nuestras expectativas. Logramos un buen juego colectivo, defendíamos duro, corríamos y sabíamos meter el puñal en los momentos importantes. Después, la frutilla del postre fue que ganamos el cruce contra el local, 20 mil personas en contra y el equipo que nos había ganado en la ronda anterior. Queríamos lograr el título final más allá de la clasificación, pero Venezuela fue un justo ganador, tuvo más resto que nosotros.

¿Cuál es tu objetivo para este final de año e inicio del que viene con la cita olímpica?
El principal es hacer la mejor temporada posible con Obras. Tenemos un equipo bien reforzado. Mi cabeza está en los Juegos Olímpicos, pero falta mucho. Ahora me saco el chip de la Selección, porque si esta temporada en Obras es buena, voy a estar en la Selección pero si es mala, no.
Con la misma precisión que tira dentro de la cancha, Selem Safar emboca una definición clara y autocrítica en los segundos finales de la entrevista, para cerrar una nota que estuvo “en buenas manos”.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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