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TEMAS DE LA SEMANA

Selección Nacional: el objetivo es la Copa América

Tras la derrota ante Alemania en el Mundial, es preciso mejorar la táctica para obtener títulos.

Por Alejandro Fabbri
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El fútbol sigue demostrando que es único como deporte. Moviliza a multitudes, hace deprimir a un gentío o provoca una alegría desmesurada de acuerdo con cómo se canalice el resultado de un partido. El 2010 tuvo una particularidad: la Selección argentina intentó ganar la Copa del Mundo dirigida por su mejor futbolista de todas las épocas, Diego Maradona. El experimento -aplaudido y resistido en partes iguales- no tuvo final feliz, sobre todo porque la AFA decidió prescindir de Diego tras la derrota ante Alemania en Sudáfrica.

Voluntarismo, sobredosis de confianza, desprecio por los indicios negativos y triunfalismo de casi todos se juntaron en un cóctel que explotó en la cara de Maradona y un plantel desparejo, que no supo a qué jugar contra los germanos. Si el año arrancó con la satisfacción de la difícil clasificación para el Mundial y una preocupación creciente porque el rendimiento no fue bueno, el inicio en la Copa, con victorias previsibles ante equipos inferiores como Nigeria, Corea del Sur y los simpáticos griegos, hizo desbordar el ego nacional. México no pudo plasmar su buen juego ante el oportunismo y la suerte que disfrutó la Argentina y así el equipo quedó entre los ocho mejores del mundo. Claro: el enemigo fue Alemania, en plena renovación de sus jugadores históricos. Apenas quedaban el gleador Klose y el caudillo Schweinsteiger, la gran figura del aplastante 0-4. La goleada en contra desilusionó a todos, pero no provocó la suficiente autocrítica tras la eliminación. Faltó grandeza, faltó memoria y sobre todo, conciencia en que la Argentina no tiene el plantel ni el equipo que muchos creyeron que tenía.

Quizá esa haya sido la razón fundamental de la decisión afista: provocar la salida de Diego Maradona de su cargo como entrenador, con la poco creíble excusa de cambiarle algunos colaboradores. El culebrón posterior, las quejas del crack, las respuestas formales de Grondona y las desopilantes intervenciones de Carlos Bilardo, dieron un toque grotesco al fin del ciclo Maradona.

Un quinto puesto digno, pese a todo, con cuatro triunfos y una derrota, contundente y eliminatoria. El Mundial trajo algunas confirmaciones: la improvisación tan argentina funcionó a pleno una vez más. De nada sirvieron trabajos mucho más serios y profundos como los de Marcelo Bielsa y José Pekerman, sencillamente porque ninguno de los dos consiguió el objetivo final. En la cancha quedó claro que en la Argentina no abundan los marcadores de punta, que faltan mediocampistas para jugar los costados (preferentemente aquéllos de perfil zurdo), delanteros que ataquen por afuera y centrodelanteros potentes y con gran capacidad goleadora. Los destellos de Messi -ratificados semanalmente en el Barcelona- el esfuerzo y las ganas de Tevez, el despliegue de Mascherano, el crecimiento de Higuaín, todos fueron ítems para pensar a futuro.

Faltó trabajo táctico, faltó una idea colectiva, a pesar de todo lo que quiso transmitir Maradona. Para reemplazarlo, se pensó en un continuador de ciertos conceptos, más emparentado con Pekerman que con otros. Un Sergio Batista con poco rodaje como entrenador, pero con buena sintonía con la mayoría de los futbolistas. Sencillo, simple, con un estilo más tradicional y una inclinación a la centralización del juego, Batista tardó en ser oficializado, pero pudo más el papelón que la Argentina le propinó a los agrandados españoles en River para que se vencieran algunas resistencias.

Llegó el esperado choque con un Brasil renovado y la sensacional jugada de Messi lo elevó a alturas impensadas. Por eso, el camino de Batista y su gusto por la relación amistosa con el plantel y el poco ruido de sus palabras en el periodismo han logrado que se bajen los decibeles del chusmerío periodístico ante la Selección.

Sin embargo, persisten los problemas a futuro. ¿Aparecerán nuevos valores? Con Messi como rey, Pastore, Pareja, Di María, Gago, Banega, Otamendi, parecen ser los sucesores de algunos históricos. Los gustos del nuevo entrenador y el estilo de algunos futbolistas dejan un indicio de preocupación para aquellos que queremos un esquema más ofensivo, con mucho juego por los costados.

El año termina mejor de lo que empezó. Con la Copa América como objetivo principal, ya que se jugará en nuestro país y no se gana desde 1993, cuando el equipo del Coco Basile la alzó en Ecuador, con un Batistuta imparable. Desde entonces, apenas la Selección de Bielsa en Perú 2004 estuvo al borde del éxito, pero los penales consagraron a Brasil y relegaron a un equipo ofensivo y de gran nivel futbolístico. Hoy, la exigencia es mayor ante la ausencia de resultados concretos. Se puede. Mirando lo propio y, sobre todo, observando las debilidades de la mayoría. Por lo menos, para intentar ganar la Copa América.

DZ/KM

Fuente Especial para Diario Z
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