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TEMAS DE LA SEMANA

Selección Argentina: Optimismo que contagia

Argentina es candidata. Pero todavía falta enfrentar a equipos de mejor nivel. Por Alejandro Fabbri.

Por Alejandro Fabbri
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Hace menos de dos meses, las críticas en el país sobre la pre­paración blanda que estaba haciendo el seleccionado argentino para la Copa del Mun­do caían sobre las cabezas de Ma­radona y sus ayudantes desde to­dos los sectores. Es que no se observaba un trabajo planificado, no había partidos amistosos con­tra equipos importantes, existían dudas sobre muchos jugadores y el técnico no inspiraba el respeto necesario.

Hoy, Maradona lidera un grupo exitoso, un equipo fuer­te y decidido a ganar la Copa del Mundo. Ha sacado la chapa de candidato y ha puesto al selec­cionado en un lugar muy alto, de donde será difícil bajarse si la empresa no termina bien. ¿Qué es terminar bien? Para casi to­dos los argentinos, enfermos de un triunfalismo incurable, aquel equipo mediocre de las elimina­torias hoy es prácticamente in­vencible. La costumbre de mo­dificar radicalmente una opinión nos ha acompañado siempre, en el fútbol y en la política. No se acepta un segundo puesto.

Aquí en Johannesburgo, la sede principal del Mundial, to­dos los demás también ubican a Argentina en el mismo lugar que Brasil. Atrás, más lejos, vienen Es­paña, Alemania y los simpáticos holandeses. posible final con­tra el enemigo brasileño enciende los corazones y provoca la envidia de los europeos.

Es que la discusión cambió de enfoque. Si antes era de europeos contra sudamericanos, de italia­nos, alemanes e ingleses contra brasileños y argentinos, hoy se acepta la superioridad latinoame­ricana sin rodeos. Nadie duda que nuestra región produce los mejo­res futbolistas del mundo. Y aun­que Europa luche y discrimine cada vez más, la brecha se am­plía y ya es motivo de preocupa­ción en la Unión Europea. ¿Una fi­nal entre brasileños y argentinos? ¿En África? ¿Y Brasil organizan­do el Mundial de 2014? Europa se está quedando afuera, lenta pero inexorablemente.

El fútbol es el deporte más de­mocrático de todos. Una murga le puede ganar a un superequipo. Una vez, dos veces. Si eso ocu­rre en una Copa del Mundo, con­sigue la gloria. Y, todos lo sabe­mos, la lógica no se lleva bien con el fútbol. No siempre. Por eso, to­dos los pronósticos se pue­den derrumbar por un buen cabezazo, varios tiros en los palos o una actuación des­afortunada de un árbitro. Eso lo hace al fútbol un de­porte tan atractivo e imposi­ble de prever.

Sin embargo, este equi­po argentino tiene todos los condimentos necesarios para llegar bien arriba. Está acei­tado defensivamente más allá de algunos errores pun­tuales: tiene un desbalanceo en la media cancha cuando juegan juntos Verón y Mas­cherano y falta marca por los costados. Pero el trío Messi-Tevez-Higuaín hace estragos, con la compañía de Di María o el nuevo socio descubier­to contra Grecia, el cordobe­sito Pastore, un jugador ex­quisito, ideal para un torneo como éste. Encima, quedan Milito, Agüero y el increíble Palermo, que ya ha supera­do la barrera del bien y del mal hace tiempo. Se acaba­ron los adjetivos para la tra­yectoria de Martín.

Argentina juega acepta­blemente bien, es duro de superar, tiene oficio y chapa de candidato. Sus rivales le temen, lo respetan demasia­do, se encandilan con Messi, la camiseta celeste y blanca los marea. Todo eso es cier­to. También es verdad que todavía tiene que enfrentar a equipos mejores que los corredo­res coreanos, los caóticos nigeria­nos o los rudimentarios griegos. Serán otros exámenes mucho más duros. Y se verá la mano de Ma­radona, sus experiencias traslada­das a los botines de otros juga­dores que nunca podrán hacer lo que él hizo con esta misma cami­seta. Habrá que esperar, disfru­tar y sufrir al mismo tiempo. Es fútbol.

Fuente Especial para Diario Z
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