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TEMAS DE LA SEMANA

Seducción: sensualidad en la cocina

Por Paola Kullock, asesora en juegos eróticos. 

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La verdad, la conquista es uno de los momentos más fascinantes para la mujer: ustedes, caballeros, se muestran atentos, considerados, nos hacen ver que les interesa lo que decimos, y ¡qué engañadas nos sentimos después!
Primero, como están con las hormonas a full desarrollan todo su potencial creativo, su inteligencia y su capacidad de seducción. Entonces nos sentimos superhalagadas y deseadas. Pero ese tiempo en que ustedes están al mango no es el mejor para nosotras. La incertidumbre y el desafío no sacan nuestra mejor parte. Nos deja inseguras e inquietas. Nosotras rendimos mejor cuando nos sentimos queridas, tranquilas, seguras y aceptadas. Ahí podemos mostrar lo mejor que tenemos.
El tema es que terminada la etapa de la conquista, cuando por fin nos amamos y está todo muy bonito, ¡el conquistador desapareció!
Conseguida la presa, cuando la relación de pareja se hace más habitual, baja drásticamente toda la dedicación y la creatividad del cortejo. Que muchas veces vuelve a aparecer cuando se avista otro objetivo: un proyecto, un hobby… otra mujer. Y a nosotras nos cuesta entender eso. Es como si nos hubieran cambiado de hombre. Y empezamos a pensar en los primeros tiempos…
Al principio no se olvidaban de nada, estaban pendientes de los mínimos detalles. Nos mimaban, nos compraban flores, nos llamaban varias veces al día desde la oficina, planeaban citas románticas, nos miraban embelesados cuando hablábamos, se daban cuenta de lo lindas que estábamos, nos escuchaban los problemas y las historias cotidianas.
Lo raro es que, de repente, sin que se vea razón alguna, ese enamorado atento y encantador va perdiendo muchas de sus cualidades. Sus olvidos y su falta de tacto ante las situaciones más obvias parecen ir más allá de lo razonable, parecen romper hasta la ley de probabilidades.
Y lo peor es que nosotras cambiamos al revés. Al principio somos bastante tontas, nos ponemos ansiosas por si nos llaman o no, si nos quieren o no, si nos van a invitar a salir o no. Pero cuando nos sentimos seguras emocionalmente y estamos dispuestas a dar lo mejor, es como si ustedes se hubieran convertido en sapos.
Entonces invadidas por la nostalgia, queremos volver a la etapa del enamoramiento y queremos que nos digan una y otra vez que nos quieren, que somos atractivas, que nos desean. Pero ustedes sienten que ya lo dijeron mil veces y que ya lo deberíamos saber. Y nosotras no entendemos por qué no quieren seguir cautivándonos.
Y entonces se dan estos diálogos maravillosos:
–Decime que te gusto.
–Ya te lo dije.
–Decímelo otra vez.
Entonces ustedes piensan que nunca estamos conformes, que somos insaciables (pero no sexualmente, como les gustaría).
Lo que ustedes no saben es que para nosotras es muy importante esa reiteración de halagos porque tiene un potencial erótico gigantesco.
Y a veces parece que se olvidan de que ciertas prácticas propias del cortejo son esenciales para alimentar nuestra pasión.
Por eso una de las maneras de seguir seduciéndonos, es por medio de la comida, de la cocina sensual. ¿Qué es eso?
Vemos primero lo que no es. No es “lo de todos los días”. No es “más o mejor de lo mismo”. Tiene que ser diferente, lúdica.
Hay una frase que me encanta, que dice: “En el sexo, así como en la cocina, la anticipación es todo. Se le tiene que hacer agua la boca”.
Así que cuando ya estamos en pareja podemos jugar a varias cosas, por ejemplo:
-La moza y el cliente.
-La clienta y el mozo.
-El cocinero y la patrona.
También podemos vendar los ojos y darle de comer en la boca sabores que se complementen, para despertar el olfato y el gusto. O compartir una fondue.

Fuente Especial para Diario Z
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Diario Z
Asesora en juegos eróticos. Me nutro de historias. Creo en el humor como elemento esencial ante las dificultades.