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TEMAS DE LA SEMANA

Secretos y mitos labrados por los porteños

Comidas italianas inventadas en la calle Corrientes, facturas de estirpe anarquista, caudillos enterrados de pie. Historias ignoradas, y nuestras.

Por Eduardo Diana
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Cómo se llamó la Ciudad de Buenos Aires hasta 1996? ¿Quién fue el primer muerto que enterraron en el cementerio de Recoleta? ¿Por qué no hay calles con el nombre de caudillos federales? ¿Cuál es la avenida más ancha?

Buenos Aires es una caja de Pandora. Por donde se busque, surgen sorpresas. En cada barrio hay historias mínimas, hechos insólitos, leyendas, secretos y certezas que, en realidad, no son tales. Hay monumentos y plazas que no se llaman como popularmente se los identifica. La historia de algunos edificios públicos no coincide con la idea que tienen sobre ellos los porteños. Y hay una larga lista de mitos urbanos considerados hechos reales. Desde hace más de una década, el periodista y guía turístico Diego Zigiotto se dedica con paciencia de detective a develar significados ocultos, a desentrañar rarezas y a buscar datos olvidados de Buenos Aires. ¿El resultado? Un sorprendente mapa de Buenos Aires.

“Muy pocos saben que hasta 1996 Buenos Aires se llamó La Trinidad, que fue el nombre con el que la fundó Juan de Garay. Nunca se le cambió ese nombre, hasta que la Convención Estatuyente dispuso en 1996 que se llamara Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hasta ese momento, había tomado el nombre del puerto, Santa María de los Buenos Aires”, cuenta Zigiotto.

Con ese material, armó una serie de circuitos turísticos alternativos. La propuesta era arriesgada: mostrarle la ciudad a los propios porteños. El primer circuito fue “Buenos Aires misteriosa”, un recorrido nocturno por los escenarios de crímenes y leyendas de fantasmas. Primero se llamó “Fantasmas de Buenos Aires”, pero pasó algo muy curioso: “La gente esperaba ver fantasmas, cosa que obviamente nunca ocurrió. Y para evitar malentendidos, le cambiamos el nombre al tour”, cuenta el autor

Después siguió con otros paseos: “Cien curiosidades de Buenos Aires”, “Bares notables”, “Historias de amor” y “Buenos Aires erótica”. En la actualidad ofrece 30 tours.

Luego de varios años de investigación, de revisar documentos y de recoger testimonios de vecinos, reunió un bagaje de datos –insólitos, curiosos, risueños– que culminó en tres libros publicados por Ediciones B. El primero fue Las mil y una curiosidades de Buenos Aires, publicado en 2007, que ya llegó a la octava edición. Luego siguieron Las mil y una curiosidades del Cementerio de la Recoleta, en 2008, e Historias encadenadas, de abril de este año. “El objetivo es que el público se sorprenda en las calles de esta ciudad en la que vivimos, trabajamos o estudiamos, y en la que estamos siempre urgidos, sin tiempo para mirar aquello que nos ofrece”, dice en el prólogo de Historias encadenadas.

Plazas y calles

Con los monumentos hay varias confusiones. El que está en Avenida Libertador y Sarmiento es conocido como Monumento de los Españoles. Sin embargo, su nombre es Monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas. Le quedó el nombre de Los Españoles porque fue donado por esa colectividad. Otro caso similar es el de la Torre de los Ingleses de Retiro, cuyo nombre oficial es Torre Monumental. En realidad, fue un regalo de los ingleses para el centenario de la Revolución de Mayo.

También algunas plazas fueron rebautizadas por la gente. La Plaza de los Dos Congresos en realidad se llama Plaza Congreso. De los Dos Congresos es el nombre del monumento que está en esa plaza. Plaza Once se llama Plaza Miserere; Plaza Flores es Plaza Pueyrredón y la que se conoce como Plaza Francia, en el catastro figura como Plaza Intendente Alvear.

Respecto de la significativa ausencia de caudillos del interior en los nombres de las calles porteñas, Zigiotto lo relaciona con que la nomenclatura fue construida por unitarios. Más curiosidades. Defensa es la calle que más veces cambió de nombre: Real, Del Fuerte, San Francisco, Mayor, San Martín, Liniers y De la Reconquista. Una sola calle homenajea a los protagonistas de la máxima pasión nacional, el fútbol. Es la que lleva el nombre de un futbolista: Herminio Masantonio, en Nueva Pompeya, a pocas cuadras del club Huracán.

Rivadavia no es la calle más larga del mundo, ni siquiera la más larga de Buenos Aires: la supera General Paz (24 kilómetros contra 18). Y la avenida 9 de Julio no es la más ancha del mundo. Lo fue cuando se inauguró el primer tramo, en octubre de 1937.

Leyendas de edificios

Zigiotto desmiente muchas leyendas que desde hace décadas se consideran verdades irrefutables. Por ejemplo: no es cierto que el arquitecto que construyó el edificio de la Facultad de Ingeniería que está sobre Las Heras se suicidara porque cometió un error de cálculos en la obra. El edificio no se terminó porque en 1938 se acabaron los fondos y después ni siquiera se le puso revoque. El arquitecto murió de viejo varias décadas después de haber hecho esa obra.

Entre los edificios históricos, también hay curiosidades. El Cabildo no es el edificio original de 1810. La Casa Rosada tampoco fue siempre como se la ve hoy. “Es el resultado de la unión de dos edificios diferentes: el de la Casa de Gobierno y el del Palacio de Correos. Como la Casa de Gobierno quedaba chica, se hizo el arco del medio y se unieron los dos edificios”, explica Zigiotto. Y añade una perlita: el Puente de la Mujer, del valenciano Santiago Calatrava, se inauguró el 20 de diciembre de 2001, el mismo día que cayó el gobierno de Fernando de la Rúa.

Revancha anarquista

En Las mil y una curiosidades de Buenos Aires, uno de los capítulos está dedicado a la gastronomía porteña. Y rastrea el origen de los nombres de algunas facturas. Según Zigiotto, a principios del siglo pasado los panaderos eran en su mayoría españoles y anarquistas. “En 1910 hicieron una huelga y tuvieron que levantarla y negociar. En revancha, le pusieron a las facturas nombres que eran ofensivos para la iglesia, los militares y los policías. Así, a una factura con forma de excremento la denominaron vigilante. Y a otras las llamaron cañoncitos, suspiros de monja y bolas de fraile”, explica.

La milanesa a la napolitana no tiene su origen en Nápoles. Se inventó en un restaurante de la Avenida Corrientes, llamado Nápoli. Los sorrentinos tampoco nacieron en Italia, sino en el restaurante Sorrento, del barrio de San Nicolás. El postre Don Pedro surgió por una broma entre amigos. “En el restaurante Loprete, que estaba en Monserrat, un cliente se levantó para ir al baño y sus amigos le pusieron una bocha de helado en el whisky, pero luego notaron que quedaba rico. El restaurante adoptó el postre y lo bautizó Don Pedro en homenaje a la víctima”, cuenta el rastreador de secretos. Un rompecabezas de historias mínimas, rarezas y detalles perdidos en el olvido. Que develan otra faceta de la mítica ciudad de Buenos Aires, que invita a recorrerla con otros ojos. Como si fuese la primera vez.

Recoleta: tumbas y mausoleos como reflejo del poder

El Cementerio de la Recoleta es un paseo imperdible para cualquier persona interesada en la Ciudad. Tiene alrededor de 5 mil bóvedas y de ésas 80 son Monumento Histórico Nacional. “El Cementerio de la Recoleta es un reflejo de nuestra sociedad y de las relaciones que unían a las figuras más relevantes de nuestro país”, dice el autor de Las mil y una curiosidades del Cementerio de la Recoleta, un libro de Diego Zigiotto publicado en Ediciones B. Y explica que la llegada de inmigrantes europeos transformó la austera decoración de los sepulcros, que se poblaron de estatuas, ángeles, vitraux y figuras alegóricas a la muerte.

La inauguración oficial fue el 17 de noviembre de 1822. Lo curioso es que el primer enterrado en el que, durante muchas décadas, sería el cementerio de las clases acomodadas de Buenos Aires, fue Juan Benito, hijo de una pareja de esclavos. Y aunque aloja los restos de casi todas las personalidades ilustres del país, paradójicamente no está en terrado allí su creador, Bernardino Rivadavia, que tiene un mausoleo en Plaza Miserere.

Uno de los mausoleos más imponentes es el de Federico Leloir, Premio Nobel de Química 1970. La estructira está coronada por un templete rodeado por columnas jónicas, sobre las que se apoya una gran cúpula. Otro importante es el del médico Francisco Muñiz, que tiene una estatua de dos metros de alto, y la monumental bóveda de la familia Dorrego-Ortiz Basualdo.

Sobre las leyendas del cementerio, Zigiotto confirma que Facundo Quiroga está enterrado de pie, detrás de una pared, algo que se comprobó cuando se hizo un trabajo en su tumba. Zigiotto cree que se lo enterró de ese modo para que no fuera profanado el cuerpo.

La tumba más visitada es la de Evita y, junto con la de Raúl Alfonsín, todos los días tienen flores frescas.

Por décadas, estar enterrado en la Recoleta confería a los deudos indiscutible prosapia. Pero muchas familias optaron por vender la valiosa parcela y sacaron los restos de los mausoleos para llevarlos a los cementerios jardín.

 

 

 

 

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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