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TEMAS DE LA SEMANA

Se superaron las expectativas

Por Alejandro Fabbri

Por Alejandro Fabbri
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seleccionargentina fútbol mundial brasil 2014

 

La historia es siempre la misma: consiste en definir para qué lado se orienta el balance que uno hace. Si se busca ensalzar el vaso medio lleno o si se hace centro en el vaso medio vacío. En realidad y habida cuenta del subcampeonato mundial conseguido, el vaso está casi lleno y apenas faltó un trago. El más sabroso, el más apetecido, el que nos pudo haber cambiado el ánimo a casi todos los argentinos. La Copa del Mundo. Pero el trago final. El título.

Sin embargo y aclarando desde el inicio que uno está más que conforme con lo que se ha conseguido, vale la pena recordar lo que pasaba cuando se iniciaba el mes de junio y el Mundial se aproximaba velozmente. Las críticas eran muchas, quizás demasiadas: no había confianza en el entrenador. Se lo juzgaba temeroso en exceso, ratificando como titulares a jugadores que no eran del gusto de la mayoría: Sergio Romero, Marcos Rojo, Federico Fernández, prolongando el margen de duda hacia Garay, Biglia, Lavezzi y varios jugadores de recambio como Basanta, Campagnaro, Riky Álvarez y Enzo Pérez.

Indiscutidos eran seis: Zabaleta, Mascherano y los “cuatro fantásticos”. En realidad y una vez terminada la Copa, los cuatro que rindieron como si fueran realmente cracks, fueron los que formaron la última línea en los últimos tres partidos. Con el ingreso de Demichelis por un lento y nervioso Federico Fernández, se solidificó la tarea en el fondo y quedó plasmada una defensa dura, áspera, que se complementó muy bien y tuvo en Rojo a su mejor valor, al po ser incluido como el lateral más importante del torneo.

Si los “cuatro fantásticos” terminaron siendo mucho menos de lo que se esperaba, hay atenuantes pero también razones futbolísticas. Agüero no llegó en buena condición al punto que se lesionó muy rápido y si bien se recuperó, jamás estuvo a la altura de una Copa mundial. Le pasó lo inverso que vivió Di María: decisivo en todos los partidos, hizo el gol agónico contra Suiza, se esforzó y mucho, se corrió todo como dirían en la tribuna, pero una inoportuna lesión lo sacó del torneo en el que venía creciendo. Su ausencia fue decisiva en la final. ¿Cuántas veces se hubiera proyectado Lahm con el Fideo delante suyo y siguiéndolo en todas las subidas?

Higuain alternó buenas y malas, pero en los números quedó aplazado: hizo un solitario gol ante Bélgica que sirvió para ganar el partido, pero desperdició chances claras en tres partidos. Por supuesto que quedará en el recuerdo la oportunidad que no pudo concretar frente al arco alemán. Sabella lo bancó, a falta de un buen sustituto. Nadie tiene su estilo, ni su potencia física para ese puesto. Messi, en cambio, mostró su altísima categoría en los primeros cuatro partidos en los que hizo cuatro goles y luego se fue deshilachando. No llegó a defraudar ni mucho menos, pero entre la marca escalonada de sus rivales europeos que lo conocen muy bien y una posición incómoda en muchos momentos de los partidos tuvo demasiados altibajos.

Messi no pudo salvarnos en la final, pero sí lo pudieron hacer Higuain y sobre todo, Palacio, que desperdiciaron las dos mejores posibilidades. Lo de Palacio es recurrente: repitió el flojo trabajo del mundial 2006, cuando apenas ingresaba no paraba de resbalarse. Aquí falló en dos situaciones netas. Una con Holanda, la otra en la final. Está claro que la Selección no es lo suyo. Lavezzi, que tampoco es goleador nato, reemplazó esa carencia con movilidad, sacrificio y una aplicación por el esfuerzo y la ayuda a sus compañeros que realmente conmovió. Los goles prometidos llegaron en cuentagotas y ése fue un déficit importante que nadie había previsto.

Además de Federico Fernández y de Agüero, el otro punto débil del equipo fue Fernando Gago. Encumbrado a niveles de gran mediocampista por un periodismo local que lo sobrevaloró en función de sus últimas tres temporadas, el volante de Boca no hizo nada de lo que se esperaba de él. No auxilió a Mascherano, no tuvo ese pase preciso y vertical, no trajinó como debía. Sabella, que captó su opaca prestación, lo cambió por Biglia y lo bien que hizo. Ahí, sí, el Gran Jefe tuvo un ladero sólido, con buen manejo y mucha solidaridad.

En suma, Argentina privilegió el funcionamiento colectivo por encima de las figuritas. Hubo puntos altos atrás y en el medio. Hubo flaquezas y escasa potencia adelante. Sin embargo, se superaron las metas iniciales, que eran llegar a las semifinales. La instancia decisiva ante Alemania nos dejó, amargamente, al borde de los penales. Ahí, seguramente Romero mediría tres metros y el arco se les achicaría a los orgullosos hijos de Germania. Una pena.

DZ/sc

Fuente Especial para Diario Z
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Enrique Alejandro Fabbri (Caballito, Argentina, 1956) es un periodista deportivo especializado en fútbol, de larga trayectoria en los medios especialmente en la TV. Es uno de los periodistas con...