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Scheibler: «No se puede ni hablar de despenalización de la droga»

Los fallos del juez Guillermó Scheibler muchas veces se anticiparon a las leyes y fueron pioneros en temas tan controversiales como el matrimonio  igualitario, el aborto no punible y, ahora, sobre el uso medicinal de la marihuana.

Por Franco Spinetta
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Los despachos dicen mucho sobre sus moradores. El juez Guillermo Scheibler recibe a Diario Z escuchando Riff y rápidamente revela su fanatismo por el rock nacional: es un conocedor a fondo de la historia del género. En las paredes se evidencian otras influencias. Además de los volúmenes de Derecho que ocupan gran parte de una amplia biblioteca, hay cuadros de artistas, pero también de figuras históricas, donde sobresalen el socialista argentino Juan B. Justo y el socialista chileno Salvador Allende.

Tiene 46 años y es titular del Juzgado Contencioso Administrativo N° 13 desde junio de 2008. Es abogado (UBA), con una maestría en Derecho Administrativo y Administración Pública, y docente universitario. Scheibler ha intervenido en casos resonantes, a favor del matrimonio igualitario y la identidad de género, antes de que se convirtieran en leyes. Uno de sus últimos fallos abrió la puerta para el tratamiento medicinal con marihuana y volvió a poner sobre el tapete la discusión sobre una nueva legislación en materia de estupefacientes.

En el fallo, usted habilita que se consulte a la Universidad de La Plata para decidir un tratamiento con cannabis, ¿eso no contradice la Ley Nacional de Estupefacientes?
No es tanto un tema de constitucionalidad. La ley de drogas no define cuáles son las drogas prohibidas: deriva a un listado que tiene que aprobar el Poder Ejecutivo. Pero la propia ley no penaliza cuando la utilización de la droga es con fines terapéuticos. Por ejemplo, la metadona, que es un opiáceo, está autorizada. Para permitir el uso terapéutico de una sustancia no se necesita una ley. Por eso, en el caso puntual de mi fallo, no era un tema tan relacionado con la ley.

¿Y con qué se relaciona?
Con las pruebas. El actor plantea que la cannabis le hace bien y esto es ratificado por la médica. Entonces pedimos que hagan la consulta con la Universidad de La Plata, donde la Facultad de Ciencias Médicas comenzó a principios de este año un estudio sobre la cannabis medicinal, en colaboración con la Universidad de Ontario, que a su vez tiene estudios clínicos sobre miles de pacientes a lo largo de muchos años. Por eso derivé el pedido a la Universidad, para que ese dictamen académico sirva como prueba. Si ellos proponen avanzar con el tratamiento con cannabis, la Anmat puede autorizar la importación de los medicamentos.

El Gobierno apeló, ¿con qué fundamento?
Dicen que el amparo no es la vía, que debería ser un juicio (que tiene plazos mucho más largos), y que se afecta la división de poderes. Este último argumento lo usan siempre. Es gracioso, porque justamente nuestra función es revisar el trabajo del Gobierno. También dicen que la cannabis no está probado, que me basé sólo en lo que dice el actor (enfermo de VIH). ¿Pero quién mejor que la persona que sufre para identificar qué es lo que le hace bien? ¿Más prueba que eso? La historia clínica de esta persona es tremenda, sentía mucho dolor, no podía dormir y no toleraba ni el roce con la sábana.

¿La apelación tiene que ver con cierto conservadurismo?
Con el tema drogas hay un statu quo, un sentido común que lo vincula a todo lo malo. Puede ser, pero es una posición que impide una revisión crítica de la legislación sobre drogas.

¿Esa revisión es una deuda pendiente?
Absolutamente. Cuando uno mira a los Estados Unidos, que ha sido el iniciador de esta política represiva de guerra a las drogas, se lleva una sorpresa. Allí la cannabis está penalizado a nivel federal, pero 35 o 36 estados se apartan de esa legislación. Dentro de eso, hay un abanico: algunos tienen una liberalización tipo Holanda, como Colorado y el estado de Washington, que tienen legalizado el uso recreativo. Unos 23 o 24 estados tienen aprobado el uso medicinal. Después hay otros con penalizaciones mucho más leves. Sin embargo acá no se puede ni hablar del tema.

¿La Argentina está retrasada en la discusión?
Estamos atrás en el planteo, pero en la realidad pasa otra cosa. Mucha gente cultiva, se siente el olor en la calle, la revista THC está en los kioscos. Acordate que no hace mucho Andrés Calamaro se comió una causa por decir “qué linda noche para fumarse un porrito”.

El Poder Judicial suele ser muy conservador. Pero en este caso parece estar más adelante que la ley.
Es un tema privado. La Justicia, en esto, está más adelante. Se genera una reacción. También es más fácil decidir a través de un juez, que en el Congreso, donde hay más intereses. Por eso, cuando sale un fallo así puede ser un disparador de algo que está ahí, latente. Es indispensable empezar a discutir la cuestión.

¿Qué evaluación hace de la joven Justicia porteña?
Le comprende las generales de la ley: es una Justicia fantástica, además de generosa porque ha permitido que una persona como yo sea juez (risas). Hablando en serio: es una Justicia joven, electa por concurso en su totalidad. La composición no es homogénea, hay distintas tendencias. En materia de recursos estamos muy bien. Y en términos de independencia las condiciones son excelentes.

¿Hay un patrón de causas frecuentes?
Es variado. Los temas tributarios, empleo público, son una constante. Hay una impronta también de la Justicia porteña que tiene que ver con la dimensión social: los sin techo, vivienda. Hay causas macro, como el tema de las villas. También hay como oleadas de temas: medio ambiente, obras públicas. Tuvimos los casos de matrimonio igualitario, identidad de género, ahora la cannabis.

En los casos de matrimonio igualitario e identidad de género usted se adelantó a las leyes.
Sí. Son casos en los que la Justicia ayuda para que esos temas salgan. Había una parte de la sociedad civil que empujaba, una sinergia.

También tuvo un caso relacionado con el aborto, ¿cómo fue?
El jefe de Gobierno había anunciado que se iba a hacer un aborto en un hospital público. Vino una ONG de características religiosas, que me pedía una cautelar para frenar el aborto. No hice lugar. Apelaron, pero en paralelo fueron a un juzgado civil, donde una jueza sí les dio la razón. Fue a la Cámara y después a la Corte. Siempre lo uso como ejemplo: yo rechacé la cautelar un viernes, el jueves siguiente ya tenía fallo de la Corte, que por suerte tuvo una postura parecida a la mía.

Es interesante ver cómo los temas que están postergados en la discusión de otros ámbitos, terminan en la Justicia.
Totalmente. Es otro ámbito de resolución de conflictos, pero también de activismo ciudadano. Es lo que siempre se habla en relación a la judicialización de la política.

¿Usted está a favor?
Depende del caso. A veces no hay otra instancia. Ante la inactividad de otros poderes, actúa la Justicia. Como también ante la inactividad de la Justicia, actúan otros poderes. Tiene que ver con un juego de las instituciones. Y no necesariamente quiere decir que uno avance sobre el otro.

Mauricio Macri se ha quejado mucho de los amparos.
Como juez, tenés (entre comillas) mucho poder para resolver en los casos individuales. Después está en cada uno cómo lo utiliza. Y además, lo que uno falla puede apelarse. No es la muerte de nadie. Es cierto que en un momento hubo una proliferación mayor de amparos, pero pocas veces la Justicia bloqueó una política pública. Un caso interesante es el de las pistolas Taser. Fueron declaradas inconstitucionales, pero el Tribunal Superior revocó los fallos. Luego el propio gobierno las descartó. Es decir, la Justicia también puede ayudar para mejorar ciertas políticas públicas, alguna obra de infraestructura. Entiendo que al poder le resulte incómodo ser controlado. Si bien hubo algunos intentos desafortunados para maniatar las facultades judiciales, en general ha sido bastante respetuoso.

Usted también desestimó un amparo de la cámara de kiosqueros, que pedía legalizar la venta de medicamentos en los kioscos.
Regular el funcionamiento de las farmacias es competencia local. Lo que pasa es que hay una ley nacional, y la legislación provincial no puede ser contraria. Entonces, no se puede vender medicamentos fuera de la farmacia. No se puede autorizar la venta de un blíster recortado, que no se sabe de dónde viene, ni la fecha de vencimiento… estamos hablando de medicamentos.

¿Tiene algún fallo que lo haga sentir especialmente orgulloso?
Si me hubieran dicho hace siete años que iba a fallar sobre matrimonio igualitario, aborto, identidad de género, medicamentos, ahora drogas… ¡no sé qué me falta! En lo personal, me quedo con el matrimonio igualitario. Era una causa que condensaba muchas injusticias muy fuertes. Era una afectación a la igualdad tan absurda y dolorosa para tanta gente. Cuando salió el fallo lo dije, y lo vuelvo a decir: ya me podría jubilar, ya estoy hecho.

¿La Justicia porteña es más progresista que la nacional?
La Justicia porteña es un espejo de la Ciudad. Hay sectores conservadores, progresistas, es heterogénea. Los jueces no se votan, pero son propuestos por el Poder Legislativo, que sí es elegido por el pueblo. Además nosotros no actuamos de oficio sino por demanda de la sociedad. Y la Constitución porteña tiene ciertas pautas progresistas.

También es cierto que usted podría haber votado en contra en los casos que le tocaron.
Algunos jueces se declararon incompetentes. Pero es así, no es que todos son liberales o conservadores. Hay un mosaico, que es muy interesante.

 

Guillermo Scheibler nació en Buenos Aires, el 6 de noviembre de 1968. Hizo la secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Se recibió de abogado en la UBA en 1994 y tiene una maestría en Derecho Administrativo, también en la UBA. Es juez de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad desde 2008.

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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