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Salud: Otitits, cómo cuidar el oído en la pileta

Los médicos aconsejan pasar menos tiempo en el agua y ser precavido en el uso de los hisopos.

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El verano se pasa mejor cerca del agua. Esto es casi un axioma veraniego. En el mar, en el río, en la laguna, en la pileta, en la pelopincho, en lo que haya a mano, pero en el agua.
Entre los más chicos, que son capaces de permanecer en el agua durante horas, es muy común esa enfermedad de temporada llamada «otitis de pileta» u otitis del conducto auditivo externo. Sus síntomas son dolor de oídos intenso, inflamación de la parte externa del conducto auditivo, secreción de pus, taponamiento del conducto y pérdida parcial de la audición.
Ya a partir de diciembre, las consultas por esta dolencia se multiplican y los chicos afectados les ganan en una proporción de 15 a 1 a los adultos. ¿Cómo se produce esta enfermedad? ¿Cómo prevenirla y cómo tratarla?
Jorge Costa, médico otólogo del Hospital de Clínicas, aclara que no se trata de un virus. «Hay causas intrínsecas para el desarrollo de esta enfermedad -como enfermedades metabólicas preexistentes, como podría ser el caso de la diabetes u otras que afecten la autoinmunidad orgánica- y locales, como eczemas o laceraciones que predisponen el ingreso de gérmenes o la presencia de tapones de cera no removidos o mal removidos; el caso más difundido es el que se origina a partir del uso exagerado de la pileta, que es la causa más común entre los niños, sobre todo a partir de los 4 o 5 años», explica el profesional. Hace mucho tiempo que dejamos de ser peces y nuestra piel no está preparada para permanecer tantas horas bajo el agua como habitualmente pasan los chicos. El agua macera la piel, facilitando el contacto con hongos y bacterias. «La bacteria más común es el estafilococo», señala Costa.
Como todos sabemos que es difícil modificar el hábito infantil de pasar mucho tiempo en la pileta, lo mejor que podemos hacer es prevenir.
«Lo ideal es no exagerar con el agua, pero llegado el caso, lo primero es tener cuidado sobre en qué agua nos bañamos. Lo más aconsejable es concurrir a piletas controladas. Lamentablemente la cercanía de nuestra ciudad con el Río de la Plata lleva a que mucha gente se zambulla en esas aguas que están contaminadas y eso hay que evitarlo. Del mismo modo, hay que tener cuidado con las piletas populares a las que concurre mucha gente y donde es difícil verificar la calidad del agua; también ocurre con la piletas familiares en las que se vierten en exceso productos como el cloro y otros que también son perjudiciales para la piel», dice el especialista.
«Aconsejamos concurrir al otorrinolaringólogo quince días antes del inicio de la temporada de pileta para extraer tapones de cera y dejar la piel del conducto auditivo externo en buenas condiciones, curando eczemas y otras heridas. Si el médico lo autoriza y el tímpano se encuentra en buen estado, se puede aplicar tres gotas de vaselina líquida, que se consigue en cualquier farmacia, en cada oído antes de la inmersión, para impermeabilizar la piel. Luego, podemos colocar 4 o 5 gotas de alcohol en los oídos para secar la humedad que haya quedado en el conducto», dice el doctor Costa, que es terminante con respecto al uso del popular hisopo: «En ningún caso debe introducirse el hisopo dentro del conducto auditivo. La piel del conducto no está preparada para el contacto con un objeto duro y puede provocar laceraciones. Además, empuja la cera contra la membrana».
El tratamiento contra esta molesta (y bastante dolorosa) patología veraniega consiste en la aplicación de antibióticos para combatir la infección y de corticoides o analgésicos para descomprimir la inflamación del conducto. «También se aplican maniobras instrumentales como la aspiración de las secreciones para limpiar el conducto y podemos aplicar una mecha con antibióticos para acelerar la curación», señala Costa.
La «otitis de pileta» debe ser tratada por un especialista. Un mal tratamiento podría derivar en una infección crónica y en el extremo, causar sordera total.
Y ahora sí, ¡al agua, pato!

DZ/LR

 

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