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Salud: Los riesgos del tostado perfecto

El sol puede ocasionar graves lesiones en la piel.

Por Fernando Molero
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Mujeres y hombres consideramos un buen bronceado como signo de belleza y salud. Al regreso de un veraneo, traemos en la piel el moreno testimonio de las felices vacaciones, despertando la envidia (más o menos) sana de quienes todavía no tuvieron su oportunidad de descanso. Y también la de unos cuantos que «ya se fueron y volvieron».
Pero el sol, esa inconmensurable fuente de energía que la naturaleza dispuso tan cerquita de nuestro planeta y que tantos beneficios nos trae, es también un tipo de cuidado. Así como permite que el organismo transforme el colesterol en vitamina D, fundamental para la salud de los huesos, también puede ocasionar serias lesiones en la piel. El arraigo cultural del «bronceado» no colabora para que adoptemos conductas preventivas que son muy importantes.
Conversamos en su consultorio particular con la dermatóloga Mónica Di Milia, docente de la Universidad de Buenos Aires y médica en el hospital Ramos Mejía. Mónica acepta de buena gana la entrevista porque es necesario que la gente tome conciencia, dice, de los efectos que el sol produce en la piel.
«La exposición al sol, sin los recaudos necesarios, puede provocar mucho más que manchas de envejecimiento en la piel, que también son sol acumulado. Los rayos UVA y UVB pueden dañar el ADN de nuestras células epiteliales. Eso significa que si existe la predisposición genética, pueden generar un cáncer de piel».
Para Mónica, la clave está en desarrollar campañas de prevención, incluso en las escuelas. «En la Argentina, recién en los últimos años empezó a haber campañas, pero falta mayor instalación. Incluso tenemos todavía muy pocas estadísticas para medir la evolución de estas afecciones. En Estados Unidos estiman que el cáncer de piel es el más común, la mitad de los cánceres que se diagnostican». Hay distintos tipo de cáncer de piel. El basocelular es de desarrollo muy lento y no se ramifica. Atendido a tiempo, según el área del cuerpo, puede controlarse sin mayores complicaciones. El melanoma, en cambio, es muy agresivo y puede resultar mortal.
«Además de concurrir al dermatólogo una vez al año, o cada seis meses las personas con muchos lunares, el mejor control es el que hacemos sobre nuestro cuerpo. Es muy importante observar cualquier cambio en la piel o en los lunares. Si pica, se inflama, cambia de color o espesor es motivo de consulta, lo mismo ante la aparición de manchas que toman volumen o hacen escamas. Una biopsia a tiempo es clave para prevenir males mayores», concluye la dermatóloga.

Lo más importante 

* Evitar exponerse al sol de 10 a 16.
* Usar sombrero, anteojos con protección contra los rayos UV, ubicarse en la sombra y beber abundante agua. La arena, el agua y la nieve reflejan el sol y aumentan nuestra exposición.
* Los chicos y adolescentes deben adoptar mayores recaudos. * Hasta los 18 años es el período de mayor acumulación de sol en nuestras células, por eso es muy importante cuidar a los chicos en la primera y segunda infancia. Hasta los dos años, la piel está en formación. Además del protector solar, debemos ponerles sombreros y remeritas blancas o no exponerlos. En los menores de 6 meses, lo mejor es no exponerlos bajo ninguna circunstancia.
* Usar protectores solares que bloqueen radiación UVA y UVB, factor 30 para pieles morenas y 50 para pieles blancas. Con el uso del protector no significa que no absorbamos radiación sino que evitamos quemaduras y retardamos el efecto sobre la piel.
* Los protectores se deben aplicar en toda la piel media hora antes de la exposición y renovarlos cada dos horas. Los denominados «resistentes al agua» perduran hasta 40 minutos de inmersión. También debemos renovarlo cada vez que salimos del agua y secamos o frotamos la piel.

 

DZ/LR

 

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