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El agua de la canilla es mejor que un jugo

Las gaseosas y jugos tienen azúcar o edulcorantes y son químicos. El agua de canilla se puede beber sin inconvenientes. «Todo lo que no es agua es basura», afirma una nutricionista.

Por Valentina Herraz Viglieca
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Los pibes corren en la plaza, se caen en la arena, transpiran jugando a la pelota. Algunos hacen cola en el bebedero de cemento ubicado justo en el medio, otros cruzan a comprar una gaseosa gigante, todos siguen jugando. La batalla de las bebidas siempre está a la orden del día: agua versus gaseosas.

“Todo lo que no sea agua es basura”, sentencia la licenciada en Nutrición Vanina Repún. Al margen de cualquier dieta, de las ganas de bajar de peso o de intentar hacer una vida más sana, siempre está presente el debate de qué se toma si no es agua. Gaseosa, jugos, licuados naturales, aguas saborizadas, preparados en polvo o concentrados. Primero, el debate fue si engordaban o no. Así que todas las bebidas gaseosas hoy tienen una línea ligth, baja en calorías y con edulcorantes. Pero Repún insiste: “Todos esos jugos envasados tienen azúcar, edulcorante o son químicos; o sea que no tienen nada bueno que aportarle al cuerpo”.

Ojo con las agüitas mentirosas
En los últimos años la idea de que tomar agua era lo único que valía, llevó a que surgieran múltiples aguas saborizadas. Con y sin gas, finamente gasificadas o jugos fortificados. Estos productos, propuestos como solución para desplazar a las gaseosas, se ganaron un lugar en la mesa familiar y, sobre todo, en las viandas de los chicos. El cartoncito cada vez más chiquito y cómodo se sumó al almuerzo y suplantó a la jarra de agua.

“Con los nenes pasa lo mismo: ‘es que no le gusta’, dicen los papás. Y bueno, que no le guste. ¿Qué es esto de que todo le tiene que gustar?”, se pregunta la nutricionista. Repún se especializa en alimentación vegetariana y apunta a una alimentación más sana. Propone dejar de lado la idea de que todo tiene que ser rico y sabroso.

El cuerpo humano está compuesto en un 70 por ciento de agua. Entre los órganos con mayor proporción (hasta un 80) se encuentran el cerebro y los pulmones. El agua del cuerpo se elimina por transpiración o por orina y es necesario reponerla todos los días. Marta Mactas, médica nutricionista del Hospital de Clínicas, explica: “Lo que corresponde es tomar un litro por cada mil calorías ingeridas. Es lo necesario para hidratarse y eliminar lo que no sirve. Las infusiones no siempre se pueden tener en cuenta como agua. Cuando se agrega leche, azúcar o edulcorante el cuerpo lo asume como un alimento y no se hidrata”.

Al resolver qué poner sobre la mesa o en la mochila escolar, hay que tener en cuenta que el agua, sólo el agua, puede disolver las sustancias que se ingieren con los alimentos. Esa propiedad permite a las células absorber nutrientes y minerales. Todos concuerdan en que ni los jugos ni las gaseosas cumplen la función.

“Si tomáramos conciencia de esto, volveríamos a lo más simple. No digo que haya que tomar agua del río, pero sí un intermedio. Ahora es todo tan complejo, colorido y divertido, que los pibes no te toman ni un vaso de agua”, dice Repún.

Mactas y Repún proponen reservar las gaseosas, los envasados y los jugos de polvito para algunos momentos especiales y nunca convertirlos en la bebida diaria. Dicen que hay que buscar el equilibrio entre lo sabroso y lo que hace bien y dejar de creer en la publicidad.

De la canilla sin problemas
El agua de la canilla, en la ciudad, se puede consumir sin inconvenientes. Tiene menos sodio que las aguas minerales y contiene una pequeña cantidad de flúor que ayuda a prevenir la aparición de caries en los más pequeños, que aún no se saben lavar bien los dientes.

Como los aditamentos en el agua de la red pública también generan temor, la empresa de agua AySA aclaró, a través de un comunicado, que el flúor en el agua se debe a “razones naturales y que no se hacen agregados de flúor en el proceso de potabilización”.

Algunas familias eligen comprar agua envasada. “Prefiero comprar bidón porque no sé si el tanque está limpio o cómo está el agua que viene por la canilla”, cuenta Amalia Díaz, vecina de Parque Chacabuco. Al igual que muchos que pueden permitírselo, prefiere pagar el agua que consume.

En botella, de la canilla, del bebedero de la plaza, de la manguera del vecino, bien fría de heladera o natural, el agua ayuda a sentirse bien. Hidrata, refresca y no tiene reemplazo en cuanto a calidad ni a cantidad. Por eso, un vaso de agua no se le niega a nadie.
agua

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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