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TEMAS DE LA SEMANA

Salud: Adicciones sin sustancia, angustia por el vacío

Cada vez más personas permanecen en internet o están pendientes del celular de manera compulsiva.

Por Marina Navarro
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Estar completamente apegado a un trabajo demandante, no poder dejar de estar pendiente del celular -ni siquiera en los momentos de descanso- y permanecer demasiadas horas frente a la computadora puede pasar de ser un mal hábito a convertirse en una patología adictiva. Y los porteños resultan cada vez más vulnerables a estas nuevas adicciones, denominadas «sin sustancia». Los síntomas empiezan a reconocerse cuando se aumenta notoriamente el ejercicio de alguna actividad como el deporte, se pasa muchas horas frente a la computadora, se tiene sexo de manera compulsiva o se extiende exageradamente la jornada laboral. La conducta termina volviéndose dependencia y perjudicando la salud.
«En principio, cuando hablamos de adicción en general, lo relacionamos con un deseo compulsivo por algo en particular que puede ser una conducta o un objeto, asociado esto a una sensación de no poder parar. Porque lo que se ve afectado es la voluntad», explica Marcela Luongo, psicóloga del Hospital de Emergencias Psiquiátricas «Dr. Torcuato de Alvear». «Si bien no todas las personas son vulnerables a desarrollar la adicción, hay un perfil que puede indicar mayor susceptibilidad: baja autoestima, timidez, tendencia a las fobias sociales y baja tolerancia a la frustración. Pero tampoco es algo que pueda generalizarse.»
Luongo comenta que este tipo de conductas adictivas no suele ser motivo de consulta de los pacientes en el hospital. «Generalmente la persona viene por otro problema que para él no tiene relación con la patología. No aparece un síntoma claro sino un malestar muy difuso, asociado a la angustia o a la falta de deseo. El punto es problematizar eso y trabajarlo en la terapia.» Si bien el Ministerio de Salud porteño no tiene cifras que den cuenta de la incidencia de estas nuevas patologías -la consulta tanto en los hospitales como en los centros de salud mental no suele tener relación directa-, las adicciones sin sustancia son un fenómeno que crece día tras día entre los porteños. Uno de los factores determinantes es la demanda social, cada vez más exigente. «Tiene que haber una personalidad de base con una tendencia a la adicción para que se desarrolle la patología, pero la realidad es que la forma en la que se vive ayuda a que se manifieste este tipo de conductas. Las nuevas tecnologías aíslan cada vez más y eso repercute socialmente en la relación vincular. Se habla todo el tiempo de redes sociales, pero lo pondría entre signos de pregunta porque la realidad es que uno está solo frente a una máquina y eso genera un vacío enorme», señala Giselle Gonsales, psicóloga del hospital Dalmacio Vélez Sarsfield. «Se trata de tapar la angustia por el vacío con otras cosas que están más aceptadas socialmente como puede ser internet, el trabajo, el celular o el gimnasio, porque hay una exigencia social muy marcada», explica Gonsales.
Para dar una idea del alcance del problema hay que repasar una encuesta realizada por investigadores del Centro Asistencial Aralma, que abarcó a adolescentes de clase media, alumnos de colegios privados. El 37,3 por ciento de esos chicos dijo pasar entre tres y cinco horas diarias por día frente a la computadora, y el 32,2 por ciento, más de seis horas diarias. Y como muestra de lo difícil que resulta hoy a muchas personas desapegarse, aunque sea por un tiempo, del celular y las redes sociales, basta recordar la angustia que generó en muchos la suspensión del servicio de Blackberry durante varios días, a mediados de octubre del año pasado.
Otra cuestión a considerar en este tema es que, a diferencia de las adicciones a sustancia, las consecuencias y el deterioro físico en estos casos suele ser más lento y puede llevar a manifestar desórdenes alimentarios, trastornos del sueño, obesidad y depresión.
En cuanto al tratamiento, como sucede con las adicciones a sustancia no se habla de una cura sino de una recuperación del paciente. La psicóloga Neuenburg, directora de Orientación
Familiar de la Fundación Manantiales, explica: «En una patología de adicción a sustancia, al quitarla durante el proceso de tratamiento se sabe que nunca más se podrá volver a consumir. En cambio, las adicciones sin sustancias son conductas muy cotidianas y en ese sentido es más difícil la recuperación, porque el paciente tiene que aprender a convivir con la adicción. Por eso el tratamiento apunta a que el paciente utilice todas las herramientas aprendidas durante la terapia para enfrentar cualquier situación de riesgo en lo cotidiano. Pero si no hay síntomas graves o un gran deterioro, ya sea físico o anímico, es muy difícil que se trate. Todo depende muchas veces de la conciencia de enfermedad que hay dentro del núcleo más cercano», afirma Neuenburg.

DZ/LR

 

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