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TEMAS DE LA SEMANA

Salomón Schächter: “La medicina ha sido llevada al terreno del mercado”

Defensor de la salud pública y ex decano de Medicina, dice que hoy los profesionales ya no tienen tiempo de escuchar ni revisar al paciente.

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Medicina 1

Solía ser médico. Ahora soy prestador de salud. Solía practicar la medicina. Ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud. Solía tener pacientes. Ahora tengo una lista de clientes. Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”, escribió el doctor Salomón Schächter, Premio Konex de Ciencia y Técnica y nombrado el año último Personalidad Destacada de la Ciencia Médica por la Legislatura porteña. Schächter, a quien nadie podría catalogar de izquierda, puso de relieve un tema que suele estar en boca de los porteños -y argentinos– cada vez que tienen que atenderse: el negocio de la salud. Su texto, escrito en forma de poema doloroso, formó parte de una conferencia que brindó en Ecuador y tuvo amplia repercusión en las redes sociales. Apunto de viajar a Denver, Estados Unidos, donde realiza investigaciones, el profesional dialogó con Diario Z y amplió su queja y reclamo, además de diagnosticar el estado de la salud de los porteños: “Con la medicina suceden dos hechos trascendentales. Por un lado, en los últimos veinte años se realizaron proezas inconmensurables de la mano de la biotecnología. Pero al mismo tiempo, se ha desjerarquizado nuestra profesión. Hubo una época en la que el médico de cabecera era respetado por todo el núcleo familiar, un hombre de confianza. Esa situación ya no existe más”.

Hay una especie de mercantilización.

Se ha llevado la medicina al terreno del mercado. Pasa que la nuestra dejó de ser una profesión libre. El médico es un empleado de las obras sociales y de las medicinas prepagas. Cobra a destajo por lo que produce.

¿Qué consecuencias genera eso?

El profesional no tiene tiempo para escuchar a un enfermo o para revisarlo. Además, todo esto encarece mucho los costos, hasta tal punto que un paciente consulta y señala la columna cervical y el médico, que no tiene tiempo, ya le está haciendo una receta para una resonancia magnética o una tomografía computada cuyo costo es de muchos miles de pesos. Y cuando le traen el estudio, interpretar la tomografía o la resonancia no es fácil, hay que estudiar para hacerlo. Entonces el médico, que no sabe interpretarla, toma el informe hecho por un especialista en imágenes que no tiene la más mínima idea del padecimiento del paciente, y sobre la base de eso, indica el tratamiento. Ésa es la realidad médica actual.

¿Pero ese médico no está formado para leer las imágenes?

Muchas veces no. Sucede que esta mercantilización atenta contra la educación médica continuada. Si yo hoy pretendiese ejercer mi profesión con lo que recibí en la facultad, sería totalmente incompetente. Los avances son inconmensurables y por lo tanto el perfeccionamiento es fundamental. Pasa que un médico que trabaja catorce o quince horas por día, de lunes a sábado inclusive, llega el domingo a su casa y quiere estar con su familia. ¿Cuándo tiene tiempo de leer, de tomar un curso, de ir a una conferencia? El segundo aspecto muy descuidado ahora es la responsabilidad médica. Todo médico tiene seguros contra la mala praxis.

Muchos dicen que se transformó en un negocio para los abogados.

Y para las compañías de seguro. El médico trabaja en forma defensiva. Siempre tiene miedo de que le vayan a hacer juicio. Entonces, su responsabilidad lejos de estar disminuida, se encuentra muy aumentada pero al no tener cómo hacerle frente porque no está bien formado, se cubre con los seguros de mala praxis. Finalmente, el último aspecto que ha sufrido un deterioro extraordinario en las últimas décadas es el comportamiento ético y moral del médico. Así como se ve la corrupción en otros estratos, también ha llegado a las filas de los médicos.

¿Y esa corrupción en qué se refleja?

No me gustaría ser demasiado crudo al respecto, pero se ve en los retornos.

¿Los arreglos con los laboratorios?

Y con las casas suministradoras de materiales de implantes. Sucede en todas las especialidades, no hay ninguna que se salve. A veces ocurre en formas muy sutiles. No siempre son cheques con pesos que le envían al médico. Se puede traducir en dádivas, como el pago de cuotas de inscripción a congresos o el pago de viajes o estadías en hoteles de lujo. El médico no puede mantenerse aséptico, de alguna manera está contaminado y tiene alguna obligación de reciprocidad. Queda pegado. Esto no siempre redunda en beneficio del paciente. Yo digo que ningún médico puede hacerse rico en el ejercicio de su profesión. Tengo un muy buen pasar por el ejercicio de mi profesión, pero no soy rico.

Usted trabajó fundamentalmente en un hospital público, el Fernández.

Allí estuve más de cuarenta años, fue mi hogar y mi escuela. Pasaba más horas en el hospital que en mi casa y ahí aprendí a ejercer mi profesión. Para nosotros, los médicos de mi época, no se concebía que un médico no concurriese a un hospital público, hoy no concurren, van al hospital a completar su residencia pero en las salas hay muy pocos. No significa una fuente importante de ingresos para ellos. Mi primer sueldo en el hospital lo cobré a los diez años de recibirme. Hoy los médicos tienen otras aspiraciones pero el precio que estamos pagando es muy alto y va en detrimento del prestigio de nuestra profesión. Yo tiemblo por la medicina que se está viniendo. El médico no puede dialogar con el enfermo. Y esto es una pena porque en el diálogo con el paciente, yo obtengo el 80 por ciento de la información que necesito para hacer un diagnóstico, el 20 por ciento restante lo obtengo en el examen. Cuando yo le mando a hacer el estudio, ya tengo el diagnóstico elaborado en mi mente. Por eso, sería una buena inversión que el profesional pueda tener el suficiente tiempo para interrogar al paciente. Se ahorrarían miles y miles de pesos en estudios.

¿Y quién es responsable de esto?

Siempre digo que los médicos tenemos gran parte de la responsabilidad. Yo conocí la medicina ideal. Soy producto de la educación pública y gratuita en los tres niveles. Asistí a una escuela primaria de excelencia, a un colegio secundario y a una UBA de excelencia. Fui profesor de una UBA que se iba eclipsando con el tiempo. Terminé siendo decano de una UBA mediocre. Hoy la universidad vive de glorias pasadas

¿Y entonces qué se puede hacer frente a esta situación?

Creo que la única forma de recuperar la dignidad del médico es a través de nosotros mismos. Tenemos que luchar. Aceptamos lugares de trabajo inadecuados, pilas de pacientes, cirugías en quirófanos que no están adecuadamente preparados… Y no decimos nada. Uno tendría que poder pararse y decir que no atiende en esa pocilga ni en ese sanatorio que no reviste las garantías de asepsia y de controles adecuados. La dignidad del médico sólo va a ser recuperada el día que nosotros como profesionales tomemos conciencia y queramos un ejercicio profesional más digno.

¿Cómo ve el funcionamiento de los hospitales públicos de la ciudad?

Yo diría que en la Capital el nivel es superior que en los hospitales del interior. Hay hospitales de primerísimo nivel, como el Fernández. Atiende en forma gratuita a un montón de pacientes que no correspondería: gente que viene de países limítrofes y vienen con paquetes todo incluido. Y lo hacen porque nuestra medicina continúa siendo prestigiosa, pero considero que seguimos viviendo de glorias pasadas.

¿Hay alguna falencia? ¿Falta de medicamentos, insumos?

No quiero poner énfasis con eso porque va a tener connotaciones políticas pero hay mucha falta de insumos. No tenemos todas las medidas de prótesis que necesitamos. Igual no quiero politizar esto.

¿Cómo no hacerlo?

Cuando me asignaron decano, en 1998, al entrar yo decía que no hacía política, pero estaba equivocado porque un decano hace política universitaria. Debí corregir mi discurso y empecé a decir que yo no hago politiquería que significa política de intrigas y de bajezas. No es mi misión criticar.

¿Qué le diría a la gente joven que empieza en la medicina?

Que han elegido la mejor profesión del mundo. Pero la vocación hay que alimentarla con mucho trabajo, con mucha dedicación y lo demás viene por añadidura. Si tuviese que empezar por el principio, volvería a ser médico, a pesar de todo. Es una profesión extraordinaria y hermosa.

 Investigación sobre células madre

“Los médicos vamos a tener que aprender a operar menos”, dice Salomón Schächter a propósito de sus investigaciones con células madre que realiza en Estados Unidos. Viaja tres veces al año a la Universidad de Denver donde realiza un trabajo de investigación clínica en un centro de terapia celular aplicado a patologías de su especialidad, la traumatología. “En algunos casos, este nuevo tratamiento ya empieza a estar indicado. Muchos problemas pueden solucionarse sin cirugías a través de las aplicaciones de medicina regenerativa. Por ejemplo, se aplican células madre en la pseudoartrosis, la pérdida de sustancia ósea por traumatismo, los alargamientos óseos o las rupturas de tendones. Y queda un futuro muy amplio por delante que ni siquiera nosotros sospechamos”.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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