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TEMAS DE LA SEMANA

Sabella se lo merecía

Por Alejandro Fabbri. Luego de 24 años el Seleccionado argentino está nuevamente en semifinales de la copa del mundo.

Por Alejandro Fabbri
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festejo_argentina_belgica_JPG MDYN0400, BRASILIA 05/07/2014, LA SELECCIÓN ARGENTINA VS SU PAR DE BELGICA EN EL ESTADIO MANÉ GARRINCHA POR LOS CUARTOS DE FINAL EN EL MARCO DE LA COPA FIFA BRASIL 2014.FOTO:DYN/CARLOS GRECO/ENVIADO ESPECIAL.

Antes del mundial fue crucificado porque no convocó a Carlos Tévez, un ídolo popular, un crack querido por la gente que, encima, la había dejado chiquita en Italia con la Juventus de Turín. Se lo criticó duramente porque entre los 23 jugadores definitivos privilegió a “sus” jugadores, aquellos que contribuyeron con su esfuerzo y jerarquía a sacar campeón a Estudiantes de La Plata, en 2009 y en 2010. Copa Libertadores, el Apertura 2010 y una actuación memorable ante el mejor Barcelona de Guardiola, cayendo en tiempo suplementario.

Porque entre quienes jugarían en Brasil 2014 estaban Agustín Orión y Mariano Andújar, arqueros del Pincha, lo mismo que Marcos Rojo, Federico Fernández y Enzo Pérez. En el borde se quedaron afuera Gabriel Mercado y José Sosa, integrantes del grupo que logró posicionar al club de La Plata en lo más selecto del fútbol mundial.

No era un capricho: los conocía porque había convivido con ellos, lo convencieron y los citó para jugar con la celeste y blanca. Las críticas a esas citaciones no tenían asidero porque no se basaban en ninguna comprobación. No habían desentonado en los partidos donde habían jugado. Incluso, Enzo Pérez cambió la posición y fue fundamental en el campeonato portugués que ganó Benfica, siendo mediocampista por afuera y también acompañando al volante central.

Las quejas, que sonaron muchas veces a capricho de periodista que se mira el ombligo y cree que el fútbol sigue pasando por Boca y River, apuntaban también a otros jugadores que no habían tenido campañas importantes en los torneos argentinos. ¿Quién es Romero? ¿Qué hizo para ser el arquero de la Selección? ¿Riky Álvarez? Un pecho frío. ¿Biglia? Si se hizo conocido en Bélgica, donde jugaba para dos mil personas por semana. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Sabella escuchó, no se molestó, justificó sus decisiones con claridad, con honestidad intelectual y no se peleó con nadie. No subestimó a los rivales, quizá fue demasiado cauteloso con Bosnia, pero quedó claro lo que había expresado Jorge Burruchaga días más tarde: “Antes nos juntábamos dos meses antes y teníamos mucha previa antes de la Copa, ahora hay muy poco tiempo y el técnico va a terminar de encontrar el equipo en los partidos”.

Así ocurrió. Sabella reconoció sus temores y sus errores en la primera formación argentina, hizo dos cambios ofensivos en el entretiempo ganando ante Bosnia, se fortificó con las muy buenas actuaciones de Romero en el arco y de Rojo en el lateral izquierdo –dos de sus hombres más cuestionados en la previa- y el equipo se fue soltando. La lesión de Agüero fue un problema bien resuelto porque Lavezzi entró con ganas e hizo lo suyo. El posible desgarro de Di María es algo más grave, porque no hay un jugador de sus características ni su despliegue.

Lo cierto es que Messi hoy se siente capitán, juega y hace jugar, se sacrifica, aparece con un destello de genialidad en cada partido y a veces alcanza con eso. Mascherano es el caudillo por excelencia: es imprescindible. Casi tanto como Messi, sin exagerar. Sabella se apoya en ellos y en un equipo fortalecido porque nadie tiene el puesto comprado como él siempre había dicho. Por eso la salida de Federico Fernández –lento y dubitativo- y de Fernando Gago, que ni marcaba ni tenía gran despliegue ni era primer pase certero. El técnico les quitó la titularidad y el equipo ganó en fortaleza, en actitud y en experiencia.

Algunos todavía se ríen de Sabella. Que no entienden por qué es kirchnerista confeso, algo que le granjeó antipatías en el periodismo antigubernamental, que no terminan de comprender sus gestos cargados de un supuesto temor, que no creen que no le haya dicho nada al Pocho Lavezzi por el agua que le derramó encima, que hace papelones porque casi se cae en una jugada al retroceder mal hacia el banco. Detalles menores que no hacen a un técnico querido por su plantel, respetado por su manera de ser, su frontalidad, su don de gente.

Argentina ya consiguió su primer objetivo: clasificarse a las semifinales después de veinticuatro años. Lo que venga, bienvenido sea. En nuestra opinión, ya se avanzó varios casilleros. Los que piensen que no ser campeones  será un fracaso, que tiren esta columna a la basura. Ojalá lo mejor esté por venir, pero disfrutemos por favor este éxito deportivo. Porque alcanza y nos pone bien arriba. Con buenos jugadores y un entrenador capacitado. Aunque los tontos de siempre le busquen la quinta pata al gato.

 

DZ/vr

Fuente Especial para Diario Z
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