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Roommates: Razones para compartir

Muchos jóvenes deciden alquilar juntos para gastar menos y no estar solos.

Por johanna-chiefo
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Ya se veía en series como Friends y The Big Bang Theory. Tener un roommate, living partner o compañero de vivienda es un hábito común en los Estados Unidos que crece día tras día en Buenos Aires. Los motivos para abrir las puertas a conocidos y no tan conocidos son diversos: el aumento de los alquileres, una solución pasajera para quienes se sienten solos y tienen lugar en casa. Hay cientos de sitios web destinados a contactar ofertantes y demandantes. Muchos son estudiantes que comparten gastos o extranjeros que están de vacaciones. Los que la juegan de locales, lo hacen para abaratar costos o aumentar sus ingresos. Unos asumen el riesgo de inmediato, otros realizan un proceso de selección. Para muchos jóvenes es la única vía para independizarse.
En todos los casos, se trata de convivir con un extraño.

¿Cuáles son los riesgos y las ventajas?
Valentín es un periodista de 29 años, que alquila un tres ambientes en Palermo. «Todo comenzó cuando una compañera de trabajo extranjera me dijo que estaba harta de pagar un hostel. Le dije que viniera a casa por la mitad de lo que estuviera pagando.»

Desde entonces, abrió sus puertas a cuatro inquilinos, todos extranjeros. Le llegan por recomendación. «Obtengo un ingreso extra, conozco gente interesante, distintas culturas y posturas frente a la vida», dice. Pero la convivencia no es fácil y no todo lo que brilla es oro: «Una vez me tocó una ucraniana bellísima, actriz y modelo. Pero era muy sucia, viví situaciones infernales. Se negaba a pagar, se escapaba.»

Subalquilar sin que lo sepa el propietario es típico, pero supone riesgos. Ricardo Botana, vicepresidente de la Unión Argentina de Inquilinos, asegura que «esta modalidad está en auge, pero no es legal y puede ser causal de desalojo».
Según Botana, «un caso común es el de los chicos del interior que vienen con garantías familiares. Les cuesta conseguir lugar, porque pocos propietarios aceptan esas garantías».

Según datos de la consultora Reporte Inmobiliario, un departamento de tres ambientes en Palermo tiene un valor promedio de $2.200 más expensas. En Flores o Caballito, $2.000 más expensas. Un 20% de aumento en relación al año anterior. Si se tiene en cuenta que el sueldo promedio de un estudiante no supera los $2.800, se puede entender qué los lleva a compartir piso. Los que no tienen garantía terminan alquilando un carísimo temporario amoblado de uno o dos ambientes en Palermo o una habitación en algún hostel (muchas veces sin habilitación) por la módica suma de $800.

Según Germán Gómez Picasso, director de la consultora Reporte Inmobiliario, «la tendencia crece por la informalidad que se ve en algunos sectores de la economía. Muchos de los demandantes no tienen garantías para ofrecer a los propietarios. Esto se da mucho en las comunidades de inmigrantes que recién vienen al país en busca de trabajo, y terminan en este tipo de inquilinatos. Los precios que pagan por una habitación, son más altos que los alquileres formales».

Otros opinan que no es sólo cuestión de plata. Osvaldo Loisi, de la Liga del Consorcistas de la Propiedad Horizontal, comenta que «es un fenómeno ligado a la juventud y más especialmente, a la libertad sexual. A veces compartir departamento es efecto de la escasez de medios. Otras veces, es una expresión de libertad».
Tomás tiene 35 años y un loft en Barrio Norte que le compraron sus padres. «No necesito el dinero, pero me gusta estar acompañado -confiesa-. Salí con algunas de mis inquilinas. Las francesas son grandes amantes. También las estadounidenses, aunque para ellas todo es más hollywoodense.» Hoy, Tomás tiene una relación con Jessica (octava inquilina) y, quién sabe, la última.

DZ/rg

 

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