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“Los padres no saben qué hacen sus hijos en la web”

Especialista en política criminal, asegura que los padres creen que sus hijos están seguros ante la computadora pero que en verdad los acechan peligros que van desde las redes de pedófilos hasta el robo de identidad.

Por Juan Carlos Antón
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Las redes sociales brindan placer, generan nuevos contactos y ofrecen grandes oportunidades pero también generan peligros, sobre todo para los chicos. Según encuestas oficiales recientes en la ciudad de Buenos Aires, el 50 por ciento de los jóvenes de entre 13 y 19 años suele dar información personal en internet, más del 80 por ciento utiliza la red sin control de los padres y el 56 por ciento acepta conectarse con gente que no conoce personalmente. Estos riesgos se multiplican en los aparentemente inocentes cibercafés. En diálogo con Diario Z, Rodrigo Bonini, especialista en Política Criminal y actualmente jefe de gabinete de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), explica que a través de la clausura de un local muchas veces se puede llegar a un delito complejo como la pedofilia o la explotación sexual de menores. Y explica: “Sabemos que hay pedófilos que van a esos lugares al encuentro de los jóvenes. Sabemos que muchas personas que transfieren pornografía infantil lo hacen a través de un pendrive en los cíber ya que, de esta manera, evitan los controles cuando hay una investigación”.

¿Y qué sucede en esos cíber?
Todas las redes de pedofilia, a escala mundial, empiezan a trabajar con el contacto físico con su posible víctima en lugares públicos, por ejemplo en los cibercafés. Encontramos muchos chicos que van ahí y que no saben lo que puede sucederles. También está el aspecto todavía más complejo y crítico de los chicos en situación de calle que van a estos lados sabiendo que pueden tener contacto con un mayor que busca un encuentro sexual o explotación sexual. Estos chicos, lamentablemente, van a este encuentro por un rendimiento económico. De hecho, hay páginas en internet que se dedican a poner abiertamente un lugar público para este tipo de actividades en estaciones de tren, de subte, baños de shoppings, de universidades. Contra los cibercafés apuntamos ya desde hace tres años y la saturación del control ha producido el cierre definitivo de por lo menos 13 locales.

¿Qué es lo que sucede con los menores que están ahí?
Van a jugar en red. Algunos no tienen computadoras en sus casas. Están totalmente compenetrados en el juego, “ausentes” respecto de lo que pasa en el lugar y de los peligros que los rodean. En las inspecciones, a veces tenemos que tocarles el hombro para decirles que estamos haciendo un control. Ponemos mucha atención en los cíber y el especial cuidado de los inspectores está puesto en la verificación de la existencia de filtros antipornografía y de evitar la presencia de menores fuera del horario permitido, además de las sanciones correspondientes a aquellos lugares que tengan cabinas o boxes cerrados. Sin estas medidas de seguridad, los menores podrían verse sorprendidos por pedófilos en el mismo local o a través de las redes sociales virtuales. Si están fuera del horario, siempre llamamos a los padres. Muchas veces, los padres son inconscientes también, ya que cuando les explicamos por qué está pasando la inspección, no tienen noción. A veces hasta son agresivos.

¿Muchos padres ignoran qué hacen sus hijos en las redes?
Exacto. Toda la estadística dice que la mayoría de los padres no tiene conocimiento de qué hacen los hijos en la web, porque no tienen tiempo, porque trabajan, y a veces porque desconocen la herramienta. Tampoco saben cuáles son las redes a las que sus hijos están conectados.

¿Los chicos buscan entrar en redes que estén fuera del filtro del adulto?
Cuando el padre ya sabe en qué red está su hijo, el chico busca la alternativa para irse. Es lógico por la edad y porque necesitan la privacidad para construir relaciones con sus pares. En la ciudad, cada chico tiene un promedio de 583 contactos y el segmento que más utiliza las redes sociales se ubica entre los 12 y los 20. Hay cinco horas de navegación promedio en la Argentina y en la ciudad de Buenos Aires casi el 30 por ciento de los chicos se conecta hasta seis horas diarias. Por ejemplo, en el Reino Unido, las cinco horas de conexión son por semana, y en nuestro caso, diarias.

¿A qué atribuye eso?
Tengo mi hipótesis y está basada en mi propia historia. Yo a los 7 años jugaba a la pelota en la calle y volvía a casa cuando tenía hambre. Hoy los chicos no pueden hacer eso porque, entiendo, vivimos en un sociedad violenta, en algún punto muy relacionada a la criminalidad. Nosotros hoy estamos sometidos o propensos a un delito en cada esquina. Ésta es la realidad en la que vivimos. Y no es culpa de un gobierno.

También hay una situación un poco paranoica de ciertos padres de no dejar a los chicos salir en ningún caso.
Es cierto. Todo eso hace que los padres crean que con la computadora el chico está más seguro. Piensan que como lo tienen a diez metros, no le puede pasar nada. ¿Qué peligro puede tener mi hijo si está navegando por internet? Y el chico está sujeto a un montón de peligros.

¿Por ejemplo?
Robo de identidad, “grooming”, el “ciberbullying” o el “sexting”. El “ciberbullying”, por ejemplo, es terrible. Antes, nos peleábamos en la esquina, ahora se pelean y lo suben a la red, ahí se enteran todos y el chico queda desafectado de un grupo. También ocurre que cuando llegan al colegio hay una competición por ver cuántos contactos tienen o cuántos “me gusta” ganaron esa semana. El 20 por ciento de este segmento de 13 a 19 o 20 años tiene más de mil contactos. Lo que yo les pregunto es si es posible que un chico tenga más de un millar de contactos y los conozca. Es imposible. No conocen al 80 por ciento de las personas que tienen de contactos. Ése es el riesgo. A eso están sometidos. Y entonces hay tipos que trabajan con esa debilidad del sistema.

¿Cómo hacen para ponerse en contacto con el menor?
Se arman un perfil falso, establecen conversaciones en forma individual, comienzan a sacar información, generan afinidad, confianza y tratan de lograr comentarios que saben que los pueden avergonzar con sus pares –gustos, cosas que hicieron y les solicitan fotos íntimas. Y después los extorsionan. Eso es el “grooming”: la acción en la que un mayor se hace pasar en las redes sociales por un menor con la finalidad de captarlos y corromperlos sexualmente.

El “grooming” lleva a otras figuras.
Exacto. El tipo empieza a acosar, a hostigar, después está el que extorsiona con fotos sexuales que la víctima mandó, y ahí aparece el llamado “sexting”. Estos depredadores sexuales suelen ser poseedores, generadores o distribuidores de pornografía infantil, que está vinculada a la trata de personas, el segundo delito más rentable en el mundo, sólo superado por el narcotráfico. Buscan introducirse mediante engaños en grupos de jóvenes para después corromperlos sexualmente. Esto le permite al agresor tomar contacto con un menor para generar material que le provea autosatisfacción, la posibilidad de tomar contacto físico con él a través del encuentro persona a persona o bien le permita generar material que les facilite el acceso a grupos de pedófilos exclusivos.

Se aprovechan de la situación de debilidad de los adolescentes.
Los perversos tienen claro que la edad de la adolescencia es también el despertar de un montón de cuestiones, como el despertar sexual. Tenemos casos de denuncias con copia de los emails y chateos entre una chica y un depredador sexual o un potencial pedófilo y los padres mostraban con mucha vergüenza la interacción que tenía su hija de 14 años y una persona que luego revela que es mayor de edad. La seduce y le dice a la chica que quiere generar un vínculo. Y ella accede al juego de la charla sexual a través de la red. Es propio de la edad. Lamentablemente después empieza el hostigamiento, y en muchos casos la persecución. Por lo tanto, no queda otra alternativa que estar muy atentos ante estos peligros. Y hablar siempre con los chicos. Los padres tienen que controlar la cantidad de horas de uso de internet. Yo lo haría más por una cuestión humana que de riesgo. Prefiero que los chicos estén haciendo una actividad deportiva y que sus amigos sean de carne y hueso.

Cómo prevenir los ataques de pedófilos

Para evitar ser víctima de un pedófilo o de un “depredador sexual”, Bonini brinda algunas claves:
• Hay que focalizar grupos de contacto. Tener bien discriminados el grupo del colegio del grupo del club, de amigos, del barrio, del gimnasio, del grupo familiar. Si el chico tiene 1.000 contactos, por lo menos hay que segmentarlos, porque donde hay una agresión y la observamos, ya sabemos que de ese 100 por ciento de contactos, no son 100 por ciento los potenciales abusadores, ya están focalizados en un grupo y en una investigación futura resulta muy útil para los investigadores. Entonces, el fiscal puede ordenar la investigación por ese lado. Se sabe en qué horario, de qué red se accedió a la computadora de la víctima, se llega a un domicilio, eso ayuda.
• No dar información personal, como lugares de encuentro, contraseñas, horarios. Nunca encontrarse con nadie personalmente.
• Denunciar a la Agencia Gubernamental de Control al 147 o al Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes. La línea 102 es gratuita y funciona las 24 horas durante todo el año.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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