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Roberto Aizenberg: pionero del surrealismo

Exhiben collages y dibujos realizados por el artista entre los años 50 y 80.

Por Julia Villaro
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Retrato_Aizenberg

Hay que pintar como fluye la sangre” reveló en una entrevista Roberto Aizenberg, el sigiloso mago de la plástica argentina a quien por estos días una muestra le rinde homenaje en Ruth Benzacar. Y con un fluir suave, imperceptible pero certero como el de la sangre, deslizó su lápiz y su pincel para realizar obras que, junto a las de otros pocos grandes artistas, construyeron durante las décadas del 50 y 60 la simiente del surrealismo y la metafísica en la plástica local.

Realizados por una mano rigurosa, en sus collages y dibujos los personajes están solos, aislados, envasados al vacío: sin edad, sin tiempo y sin espacio, como el mismo nombre de la muestra señala. La falta de espacio trae como consecuencia a estas obras la falta de tiempo. Figuras autómatas, a caballo entre lo inanimado y lo viviente, con extraños trajes diseñados por un Lewis Carroll menos entregado al juego que a la reflexión filosófica. Las criaturas de Aizenberg pueden no tener oxígeno que respirar pero nos miran. Nos interpelan. Y nos conectan con nuestra propia soledad desde el mutismo alucinado de sus ojos. Así es que ese espacio sustraído por el artista a los personajes de sus obras nos es devuelto a los espectadores como un obsequio: un espejo solitario en el que cada uno puede proyectar su propio ensueño.

Más allá de que la muestra privilegia sus collages y dibujos, hay también en la galería lugar para sus pinturas. Telas en las que el artista ha aplicado de forma imperceptible láminas finísimas de materia para construir paisajes atemporales, naturalezas áridas en cuyo centro se erigen extraños prismas de rojos y verdes intensos como una suerte de arquitectura fantástica. Absortos en la contemplación de esos poliedros simbólicos e irracionales, se encuentran también en las pinturas un padre y su hijo. Figuras pintadas contemplando prismas y espectadores contemplando figuras pintadas: la sensación de extrañamiento que se genera en las obras se proyecta más allá y más acá del lienzo.

Mientras muchos artistas se volcaban al happening, al arte objetual y al de concepto, Aizemberg transitó otro carril no menos importante de la historia del arte del siglo XX. Aún abriendo universos subjetivos, en sus obras todo es claro y se presenta al alcance de nuestros ojos. Justamente ahí radica el inquieto misterio que estas atmósferas suscitan. La serena ausencia de drama. La pureza de un claroscuro que permite que la luz llegue a todos lados. Mostrándonos lo visible, Roberto Aizenberg abre para nosotros, una puerta a lo invisible.

Roberto Aizenberg. Sin edad, sin tiempo, sin espacio. Lunes a viernes de 14 a 20 en Galería Ruth Benzacar, Florida 1000. Gratis.

 

DZ/vr

Fuente Redacción Z
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