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Rita Terranova: “Esta es una profesión que se transmite”

Viene de familia de actores y ahora comparte escenario con su hija. Escribió dos libros infantiles y prepara otro de entrevistas y comidas.

Por Brenda Salva
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Baja del taxi y dice: “Quédese con el vuelto, mi querido”. Sin darse cuenta, habla como su personaje de El jardín de los cerezos, la obra de Anton Chéjov con la que volverá en febrero al Teatro El Cubo, en la que pone voz y cuerpo por tercera vez a la aristocrática Liubov. Terranova actúa desde los 14 años y nació en el seno de una familia de artistas, encabezada por papá Osvaldo y mamá Beatriz Doré. Mientras tanto, continúa participando de Las obreras, en el Centro Cultural Caras y Caretas, junto a Luisa Kulliok y un elenco formado por trabajadores, para narrar la historia de la primera huelga protagonizada por mujeres.
Antes de hablar de su carrera como actriz, me gustaría saber cómo llegó a convertirse en escritora de libros infantiles…
Yo hice Requetepillos, un programa para niños con juegos, música. Pero como siempre trabajé a la noche, mi hija me recriminaba que no le leía y me agarró una culpa tan grande que le dije que no le iba a contar cuentos como otras mamás, sino que le iba a escribir uno. Se lo escribí, le encantó y lo presenté en una editorial. Me pidieron otro y edité dos libros infantiles. Se llamaba El casamiento de Margarita Orégano, una historia del mundo de los gnomos. Tiene mucho humor, mucha naturaleza… Y me sorprendió que de golpe se empezaron a agotar las ediciones; en México, compraron la edición completa y además me nominaron a un premio. Todo muy sorprendente. Algo que había pedido mi hija se convirtió en suceso.
¿Y ahora está escribiendo otro libro?
Sí, estoy escribiendo un libro de personajes con su historia de receta preferida. Entre los personajes que entrevisto están el director Miguel Pereyra, Charly García, Luisa Kulliok, Pablo Alarcón, Leonor Benedetto, entre otros. Detrás de una comida siempre hay una historia. Lo estamos armando con el chef Daniel Lomazo. Él se encarga de la parte de las recetas y yo escribo las historias.
¿Cómo le llegó la propuesta para Las obreras?
Me llamaron del teatro Cervantes para participar de un ciclo llamado “El Cervantes en los sindicatos”, en colaboración con la Mesa de Cultura de la CGT. Me pareció muy original poner actrices de trayectoria como lo somos Luisa (Kuliok) y yo, con compañeros actores que salieron de castings. Esa fue la propuesta, que la obra tuviese dos actrices de trayectoria y el resto del elenco que fueran trabajadores de los sindicatos. Empezamos los ensayos en agosto y estrenamos en octubre. Estuvimos en la UOCRA un mes, y ahora la presentamos en Caras y Caretas. Y tenemos una presentación especial el día jueves 28 de noviembre en el Teatro Coliseo. Me parece importante destacar que la idea contempla que es una obra para todo público, gratis o a muy bajo precio, para los afiliados a los gremios.
¿Qué le genera la historia?
Me gustan mucho estas historias de anarquistas y socialistas inmigrantes. Fueron los que comenzaron la lucha obrera para que después quedara tan claramente armado el núcleo de los sindicatos y las leyes que protegen al trabajador. En la primera mitad del siglo XX existieron verdaderos mártires en la lucha obrera. Mi personaje (Xenia Cherjov) tiene un largo monólogo llamando a la huelga, que verdaderamente me pone los pelos de punta. Es una obra muy conmovedora, hay pocas piezas que hablen del gran movimiento obrero de Argentina.
Usted ya hizo El jardín de los cerezos en 1983 y luego en el 2005. ¿Qué le provoca interpretarla nuevamente?
Hay un director que yo quiero mucho que dice que los personajes lo eligen a uno, no al revés. Y el otro día pensaba en eso, porque es la tercera vez que lo hago. Con la diferencia que pasaron ocho años, con una madurez mayor como persona y actriz. También hay una compresión diferente, porque el crecimiento como actor está ligado al crecimiento como persona. Uno encara estos personajes tan profundos, con una vida intensa, con tanto dolor, con tantas alegrías, y cuando vamos acumulando años podemos comprender otras cosas. Mi personaje es todo amor, es afectuosa y maravillosa, pero pertenece a una clase social que en la Rusia de 1904 está en absoluta decadencia; ella es terrateniente y vive en un lugar que está muy deteriorado, pero sigue viviendo como si estuviera en sus mejores épocas. Es una historia dolorosa pero con mucho amor. Chéjov escribía obras con mucha poesía y muchísimo humor. Es un autor que le gusta la vida tal cual es, pero con una vuelta poética, sin naturalismo concreto.
Ahora comparte escenario con Renata Marrone, su hija. ¿Existe la crítica entre madre e hija?
Tengo todos los vínculos afectivos en el teatro: padre, madre, hermano, hija, grandes amigos. Nos tenemos mucho respeto y nadie invade a nadie. Con mi hija hablamos mucho y aceptamos críticas, pero siempre con mucho amor.
¿Recuerda la primera vez que se subió a un escenario?
Sí, tenía 14 años y hacía de una conejita llamada Ango-Rita. En ese entonces no había tanto adolescente actuando en la televisión. No se veían muchas jovencitas, y las que trabajábamos éramos hijas e hijos de actores. Antes no estaba bien vista la carrera de actuación; ahora cualquiera puede estar en la tele, luego de un casting, si tiene condiciones. Pero también hubo un cambio en la sociedad.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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