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TEMAS DE LA SEMANA

Riesgos de un abismo seductor

Un peaje que ellos pagan para integrarse al grupo y ellas para ser reconocidas como iguales. Lo más importante: no encasillarlos en categorías de las que después no puedan salir.

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Juan Carlos Volnovich

Médico psicoanalista especializado en niños y adolescentes, colaborador de organismos de derechos humanos, Juan Carlos Volnovich también es un estudioso de la relación entre el psicoanálisis y el feminismo. Sus libros reflejan estas pasiones. En esta entrevista, se detiene, desde una perspectiva amplia, en las semejanzas y diferencias del vínculo de los varones y las chicas con el consumo de alcohol.

¿Por qué los jóvenes abusan del alcohol?
Yo opino que es muy difícil hacer una generalización, porque no hay éticas ni ideologías hegemónicas entre los jóvenes. Pero, en general, la característica de los adolescentes varones es la de buscar el peligro, jactarse de su temeridad. Y, sobre todo, transgredir en función de ciertos excesos. El exceso de lo que fuere: exceso de sexo, exceso de alcohol, exceso de droga, exceso de peligro, exceso de velocidad… El exceso es uno de los rasgos tradicionales de adquisición de las características de género, que funcionan como generosas a la hora de dar una identidad de valor. Entonces, no es de extrañar que, en muchos grupos de adolescentes, el exceso de consumo de alcohol se convierta en el peaje que pagan para ser reconocidos, incorporados al grupo. Esto no es nuevo para los varones. Lo que a mí más me llama la atención, en este momento, es el exceso del consumo de alcohol en las muchachitas jóvenes, porque las nenas antes estaban ubicadas en el lugar de las más reprimidas; en todo caso, de las más respetuosas de las normas sociales, y los varones eran los más atrevidos. Las nenas tradicionalmente eran más aplicadas, más pudorosas, más obedientes y los varones, más transgresores, más audaces. Hoy en día, las chicas, con una intención de ser aceptadas en el grupo –grupo dominado por reglas de juego tradicionalmente masculinas– sobreactúan los rasgos de identificación masculinos con tal de ser aceptadas, incorporadas y reconocidas como iguales, para lo cual tienen que consumir tanto o más alcohol que los varones, tienen que “zarparse” tanto o más que los varones, porque de esa manera consiguen el reconocimiento y ser aceptadas como iguales. Esto es, en cierto sentido, fatal para las chicas, porque es cierto que es un progreso para ellas, en el sentido de ser aceptadas y reconocidas; pero, por el otro lado, es convalidar todas las reglas tradicionales de los varones, que no necesariamente son las suyas.

Se busca lograr el estado de embriaguez…
El efecto es fundamental. Por eso, muchas veces, se usa asociado a psicofármacos, pastillas, donde el alcohol potencia, refuerza y puede llevar a situaciones de serio riesgo de vida. Felizmente, el organismo de los adolescentes es saludable y vomitan antes de entrar en un estado de coma, entonces se interrumpe el consumo… Entre los jóvenes, esta cuestión del exceso y de la búsqueda de situaciones límite, de pérdida de la conciencia, de la disolución en alcohol de la vergüenza, del pudor, de los reparos, es un abismo seductor.

¿Y qué es lo que lleva a los jóvenes a esto?
Es probable que los medios de comunicación y las publicidades influyan. Insisto: no se puede generalizar, porque hay grupos distintos, que consumen cosas distintas… me parece importante tener en cuenta las estadísticas, pero me opondría a una generalización en base a las estadísticas, del tipo “los jóvenes abusan del consumo de alcohol”. Sí, es cierto, que el consumo de alcohol está muy generalizado y me parece que efectivamente hay una influencia de los medios… Vivimos en una sociedad de consumo, donde el sujeto es el sujeto que consume, y consume aquello que lo consuma, y donde el capitalismo se consuma en función de esta experiencia.

El alcohol, ¿es una vía de ingreso a otras drogas?
Más o menos. Más bien, no. Hay pibes que consumen marihuana y los padres se alarman mucho, pensando que después de la marihuana viene lo que sigue… y no es tan así. Están muy sujetos al mercado, porque ahí está muy presente la ley de la oferta y la demanda. Por ejemplo, la marihuana: cortan el expendio de marihuana e introducen cocaína o una marihuana más fuerte. Pero no porque los pibes hagan este pasaje, sino porque hay una oferta que los condiciona.

Este proceso angustia mucho a los padres…
Muchas veces son padres caretas, porque son padres que atravesaron en su adolescencia experiencias semejantes, o mucho peores. Se alarman mucho más por el consumo de drogas, ante el alcohol están como resignados. A esta altura, están tan convencidos de que es inevitable, ineludible, y ahí tiene cierta legitimidad el consumo de alcohol. El problema se arma, sobre todo, con los adolescentes de clase media cuando quieren hacer reuniones en la casa, y los padres ponen como condición que sean sin alcohol. Entonces los pibes dicen que no tiene gracia, y no la quieren hacer. Hacer una reunión, sin alcohol, es igual que nada. No sólo eso: los pibes –yo atiendo casi todos varones– están “hasta acá” de que los inviten a cumpleaños de 15, en los que las familias gastan fortunas, pero donde hay veda de alcohol para los chicos. Los pibes preguntan, ¿va a haber alcohol? ¿No? Y no van, y son capaces de vaciar una fiesta, y las chicas están en esa etapa de coqueteo, entonces hacen ataques de histeria antes del cumpleaños para que los padres permitan que haya alcohol porque si no, directamente se quedan sin fiesta. O se arman toda una serie de estrategias para introducir alcohol de contrabando.

¿Y cómo es el abordaje práctico?
Es algo que hay que ver caso por caso. No tengo una línea de conducta moral, de decir “está mal”. En general, lo que yo intento -si algo intento con mis pacientes, además de respetar su deseo-, es que se rebelen a los imperativos. Porque esto tiene que ver con su propia rebeldía, con su propio enfrentamiento a la autoridad y al poder, y terminan siendo puro sometimiento, pura subordinación a las publicidades, a tener que cumplir obedientemente toda una serie de condiciones para poder ser aceptados, y que puedan rebelarse frente a esos imperativos. Ahí se dan cuenta de que son destinatarios de una publicidad que los bombardea, que les mete eso en la cabeza, y que ellos creen que se rebelan, que son cancheros, que son guapos, pero en realidad no hacen otra cosa que cumplir de manera sumisa con todos los imperativos que el sistema les pone. En mi opinión, el asunto es la cerveza. La presión de las publicidades de cerveza es un refuerzo de estereotipos tradicionales. Por eso, creo que es muy importante no etiquetar a los pibes y encasillarlos. Hay características específicas de los adolescentes que pueden llevarlos a probar experiencias excesivas, transgresoras, pero lo mejor que se puede hacer es no coagularlos, no fijarlos en una categoría, porque después sí que no van a poder salir.

Fuente Redacción Z
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