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TEMAS DE LA SEMANA

Ricardo Mollo a sala llena

El líder de Divididos protagonizó el tercer encuentro del ciclo «Vinílico» en la Biblioteca Nacional.

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Con música de Sumo, Frank Zappa y Atahualpa Yupanqui, Ricardo Mollo protagonizó el tercer encuentro del ciclo «Vinílico», organizado por la radio Vorterix en colaboración con la Audioteca y Medioteca de la Biblioteca Nacional.

El guitarrista repasó su trayectoria artística y personal a través de un puñado de álbumes que seleccionó del patrimonio de la Biblioteca, que alberga 70 mil discos de pasta y vinilos. En los dos primeros encuentros –se repiten el primer lunes de cada mes– participaron Fernando Ruiz Díaz (Catupecu Machu) y Zeta Bosio (Soda Stereo).

En el auditorio Jorge Luis Borges no cabía un alma más y se habilitaron los monitores de la cafetería aledaña, que transmitieron en vivo lo que ocurría dentro de la sala. Durante la previa, sonó Amapola del 66, el último disco que publicó Divididos hasta la fecha.

Mollo ingresó al escenario y fue ovacionado. Lo recibió el periodista Maxi Martina, a cargo del reportaje, y ambos se acomodaron en sillones enfrentados, separados por una bandeja tocadiscos. A lo largo de una hora, el guitarrista desgranó anécdotas y reflexiones entre canción y canción.

El entrevistador abrió el juego exhibiendo la tapa de Llegando los monos, el segundo álbum que grabó con Sumo, publicado en 1986. El público, con su aplauso, saludó la iniciativa. Como para constatar que se trataba de la primera tirada, Mollo extrajo del sobre interno un sticker redondo que venía con el disco. “Los hice yo mismo, a mano, en el taller de mi viejo”, dijo mostrándolo al público. A la hora de elegir un tema, el líder de Divididos prefirió “Cinco magníficos”. “Lo grabamos en la casa de Timmy McKern. Cada uno tenía su canal e iba aportando lo suyo. En Sumo nadie te decía lo que tenías que hacer, pero no la tenías que cagar”, contó entre risas.

Luego, Mollo eligió una versión de “Light my fire” incluida en un viejo álbum del Trío Galleta, Estoy herido (“Lo escuchaba cuando iba al secundario, mientras hacía los deberes en mi habitación”), La revancha de Chunga, de Frank Zappa (“Lo compré en el año 69 en una disquería de Chamical, un pueblito de La Rioja, al que acompañé a mi viejo. Cruzamos el desierto en un Rastrojero, el invento más noble que hizo el hombre”), Led Zeppelin II, el debut de Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll (“Me la pasaba mirando el sobre interno tratando de descifrar quién era cada uno de los que aparecían en la foto: Javier Martínez, David Lebón…”) y dos discos de Invisible: el debut homónimo y el tercero, El jardín de los presentes.

Para el cierre, Mollo eligió la música de Atahualpa Yupanqui. “Grabamos ´El arriero´ en Los Ángeles, con Gustavo Santaolalla. El técnico del estudio –Tony Peluso, que había sido guitarrista de los Carpenters– era un yanqui clásico, de esos que te saludan a distancia. Cuando terminó el tema, que lo grabamos en una sola toma, el tipo vino a agarrarme del brazo. `Yo soy italiano y esto me emociona mucho´, me decía. De repente, se había vuelto argentino”.

Y sonó “El arriero”, en la voz y la guitarra del Don Atahualpa, como broche del encuentro.

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Fotos: Guillermo Llamos

DZ/nr

Fuente Redacción Z
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