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Riachuelo: un añejo ecodesastre

Por Miguel Grinberg, ecologista y escritor.

Por Miguel Grinberg
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Desde una perspectiva estructural, en sus componentes sociales, ambientales, presupuestarios, urbanísticos, sanitarios y epidemiológicos, la cuenca Matanza-Riachuelo constituye una «zona de desastre», como si hubiese sido impactada por un fenómeno climático de magnitud superlativa. La situación es consecuencia de casi dos siglos de omisión institucional, desidia administrativa y expansión descontrolada de la mancha urbana pertinente. Que para su «remediación» requiere políticas de alta ejecutividad, ajenas a las tradicionales y ocasionales medidas paliativas y cosméticas.

La región directamente afectada cubre alrededor de 2.000 km2, a lo largo de un cauce de unos 60 km que aparece como río Matanza en el este de la provincia de Buenos Aires, atraviesa luego 14 muy poblados partidos bonaerenses, y en sus últimos 16 km bordea la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hasta desembocar en el Río de la Plata con toda su fatídica carga.

La expresión «eco-catástrofe» puede parecer exagerada, pero si se asume la existencia de un vasto caudal de aguas envenenadas, múltiples asentamientos humanos precarios en sus riberas, decenas o centenas de contiguos basurales a cielo abierto, múltiples efluentes industriales tóxicos, cañerías cloacales tanto «legales» como ilegales, barros ponzoñosos de inimaginable tenor en sus profundidades, y la potencial desnaturalización de los acuíferos zonales… entonces la contaminación del suelo, el aire y las aguas plantea desafíos que no admiten omisiones.

Para encararlos, la Ley Nº 26168/2006 creó la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar) como ente de derecho público interjurisdiccional en la órbita de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Jefatura de Gabinete de Ministros (SADS) y competencia en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos de Lanús, Avellaneda, Lomas de Zamora, Esteban Echeverría, La Matanza, Ezeiza, Cañuelas, Almirante Brown, Morón, Merlo, Marcos Paz, Presidente Perón, San Vicente y General Las Heras, de la provincia de Buenos Aires. Además del titular de la SADS, la Acumar -un ente tripartito- incluye a tres representantes del Poder Ejecutivo Nacional, dos representantes de la provincia de Buenos Aires y dos representantes de la CABA.

La Acumar enfrenta, ni más ni menos, la titánica tarea de unificar un régimen aplicable en materia de vertidos de efluentes a cuerpos receptores de agua y emisiones gaseosas; planificar el ordenamiento ambiental del territorio afectado a la cuenca; llevar a cabo cualquier tipo de acto jurídico o procedimiento administrativo necesario o conveniente para ejecutar un llamado Plan Integral de Control de la Contaminación y Recomposición Ambiental (hay 20 mil establecimientos industriales en la región); y, especialmente, gestionar y administrar con carácter de Unidad Ejecutora Central los fondos necesarios para llevar a cabo ese Plan Integral. Obviamente, será preciso recolocar a miles de personas asentadas en las muy insalubres áreas ribereñas. Y esbozar acciones concretas que permitan prevenir futuros daños, con la co-responsabilidad de todos los municipios implicados, ante un sin fin de conexiones clandestinas.

Un estudio de la Universidad Nacional de Quilmes señaló que cada día se vuelcan al río Matanza 368 mil metros cúbicos de aguas servidas, y más de 88 mil metros cúbicos de residuos industriales. Afirma que «este desastre ecológico lleva doscientos años sin solución, y no sólo es un problema de los pobres. Nadie que viva en la cuenca o cerca de ella queda exento de sus consecuencias que pueden conducir a la muerte, bajo la acechanza de cáncer, cianosis, retraso mental, alteraciones neurológicas, abortos espontáneos, hepatitis, pérdida del olfato, dengue, leptospirosis y hantavirus.»

La confluencia de productos químicos, hidrocarburos, aguas servidas y gases tóxicos se magnifica con la presencia de un polo petroquímico con casi cincuenta empresas. Jamás podrá depurarse la cuenca mientras sigan existiendo centenas de bocas contaminantes. La experiencia brasileña para sanear el río Tieté en la metrópolis de San Pablo merece ser tomada en cuenta como referencial, por su coherencia operativa, y su proyección en el tiempo y el espacio, sin que los cambios gubernamentales afecten su dinámica regenerativa.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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