Tiempo en Capital Federal

14° Max 9° Min
Nubes dispersas
Nubes dispersas

Humedad: 64%
Viento: Suroeste 21km/h
  • Domingo 3 de Julio
    Cubierto  12°
  • Lunes 4 de Julio
    Cubierto con lluvias10°   12°
  • Martes 5 de Julio
    Cubierto  13°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 02/07/2022 17:17:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Revolución en la familia: Muchos modos de construir un hogar

Crecen los hogares ensamblados, las parejas con un solo hijo y las uniones que no pasan por el Registro Civil. La maternidad, después de los 30.

Por Valentina Herraz Viglieca
Email This Page
tipos_de_familia

El estereotipo de familia: padre, madre, dos ni­ños, perro y gato cam­bió. Hoy existen pibes criados por una madre o por un padre, por abuelos, o familias en­sambladas. Los modelos de fami­lia son mucho más dinámicos que en otra época. Nosotras somos sólo un aporte a esa diversidad”, dice Clara, segura de ser parte de un cambio más grande. Ella con­vive con su compañera hace once años y adoptaron dos nenas, que tienen seis y un año y medio. Eli­gieron un jardín municipal con orientación en arte para la mayor y en un tiempo para la recién lle­gada. Es empleada y su compa­ñera, maestra de música, pasaron los 40 con alegría y creen que en algún momento se van a casar.

Clara tiene razón: hoy sólo el 37% de las familias correspon­den al modelo tradicional. El resto son grupos muy diversos, algunos constituidos por una sola perso­na, las llamadas familias monopa­rentales. También hay una franja importante de parejas que con­viven sin tener hijos, que piensan que los van a tener recién rozan­do los 40 o directamente decidie­ron no tenerlos.

Ninarroz coleche

En 1980, el 92% de las pare­jas de la ciudad de Buenos Aires estaban casadas con papeles. Tres décadas después, en 2012, sólo el 69% pasó por el Registro Civil. Un trabajo de la Dirección de Estadís­tica y Censos porteña deja ver que entre los menores de 50 años, lo que reina es evitar decir “Sí” ante la Justicia.

El deseo de la legalidad apa­rece más fuerte con los años. El 85% de las parejas integradas por menores de 24 años convive sin papeles. Lo mismo que el 60% de los que llegan hasta los 35 años. Pero en la franja que le sigue la proporción se invierte y sólo cua­tro de cada diez no están casa­dos. El informe concluye que el alto porcentaje de uniones basa­das en la mutua elección, sin in­tervención del Estado, se vincu­la a la “reincidencia”. Es decir con personas que, una vez separadas, forman una nueva pareja pero no pasan por el juez.

Muchos de los más jóvenes deciden casarse con la llegada del primer hijo. Otros luego de una primera convivencia, cuando el vínculo esté afianzado. “Tene­mos pensado casarnos en algún momento, supongo que cuando estemos mejor de plata; mientras tanto estamos felices así”, dice Diego, que vive con su compañe­ra desde hace dos años, compar­tiendo gastos y responsabilida­des. “Para eso no hace falta una libreta”, agrega.

“Nos casamos cuando nues­tra hija contaba con dos años, te­níamos ganas de festejar con los amigos y la familia, y de yapa nos fuimos de luna de miel”, cuenta Valeria. El casamiento no es algo necesario como en otros tiempos, pero se sigue tomando como una instancia de reafirmación de las parejas. Claro que no todos lo eli­gen: “Después tenés que pagar el divorcio, mejor que cuando se aca­bó cada uno se vaya por su lado y listo”, dice Esteban entre risas, que a los 34 convive hace siete años con la chica de sus amores.

Los números también mues­tran que el 55% de los hombres tiene pareja, mientras que en­tre las mujeres el indicador baja a 46%. Esto se explica más que por una vocación de soltería por la longevidad femenina. Por ejem­plo, en la franja etaria de 25 a 34 años la proporción se invierte y son 51,8% las mujeres en pareja contra un 45,9% de hombres.

Tuyos, míos, nuestros

El mismo estudio sostiene que el aumento de las rupturas conyu­gales complejizó la constitución familiar. Para hacerse una idea: en los 80 se producían 114 divor­cios diarios, en los 90 pasaron a ser 87; en 2010 son 172. Ya no se trata de un único amor para toda la vida, un amor que si fracasa te condena a lo soledad. La gente rehace las parejas, se puede vol­ver a amar. La tendencia creciente es la de rearmar parejas, juntarse con alguien después de separarse o enviudar. Y a esa pareja se traen los chicos de uno, los del otro y hasta se suman ‘nuevos’, los hijos de ese vínculo. En los últimos cin­co años esta tendencia registró un crecimiento asombroso, del 62%. En 2012, en Buenos Aires ya había por lo menos 40 mil hogares for­mados por familias ensambladas.

Los valientes que no quieren bajar la persiana tan temprano y que deciden volver a probar en el amor son el 88% menores de 50 años. Y entre el grupo de 30 a 49 años se concentra más de la mi­tad (54,3%) de los confiados rein­cidentes. Estas familias se dividen casi mitad y mitad entre los que tienen nuevos hijos (48%) y los que sólo mantendrán los pre­existentes (52%).

Otra razón por las que proliferan las familias en­sambladas es que las per­sonas se unen cada vez más jóvenes, hay regis­tros a partir de los 14 años de edad. Y tam­bién se separan cada vez más jóvenes, con energía y tiempo para rearmar otra historia de amor. Los casados mayores de 54 años suelen mantener su primer matrimonio. Pero de ahí para aba­jo lo que los nú­meros dejan ver es gente que cree en el amor y piensa que siempre se puede volver a intentar.

En los números no se ve, pero están

Las parejas homosexuales siempre existieron. Pero a partir de la sanción de la Ley de Matrimo­nio Igualitario, en julio de 2010, las familias homoparentales to­maron mayor visibilidad y acepta­ción. Incluso hay escuelas que dan cursos de formación a docentes y autoridades. Para julio de 2013, la Comunidad Homosexual Argenti­na (CHA) tenía registrados 1.690 matrimonios homosexuales en Capital Federal. Cuántas pa­rejas sin papeles hay es difí­cil de registrar porque no siempre se declaran en los censos.

En la casa de Clara cuando una vocecita dice: “mamá” hay dos mujeres que se aprontan a aten­der la demanda. A la pregunta de cómo es su familia, Clara res­ponde “mi compañera y mis dos hijas” y cuenta que no siempre sintió ganas de ser mamá: “Después de vivir en pareja unos años empeza­mos a sentir ese deseo de ser ma­dre y creo que es un hecho com­pletamente afectivo y que llega a las personas de acuerdo con como hayan ido transitado su vida”.

Clara y su compañera pelea­ron por la vacante en el Normal 2 Mariano Acosta: estaban seguras de que ese era el colegio, público e inclusivo al que querían que fue­ra: “Aun no conocemos mucho a las otras familias pero comparti­mos grado con otra pareja de ma­más. En el camino siempre te en­contrás de todo, con gente que le parece bien, otra que no, la que te lo va a demostrar y la que no”, dice Clara. En el Acosta hay letre­ritos de colores colgados de una puerta de tercer grado: “Mi fami­lias somos mi mamá, mi papá, mi hermano, yo y mi perro”. “Mi fa­milia somos mi abuela, mi tía Ani­ta y yo”. “Mi familia somos mi mamá, mi hermano y el novio de mi mamá”. “Mi familia somos mis dos mamás y yo”. “Mi familia so­mos Toti, mi mamá, mi hermano y los fines de semana Sofía”. Las fa­milias son tan variadas que hace rato que en la escuela no se cele­bran los días del “padre” y de “la madre” sino “el día de la familia”.

No siempre mamá

Los cambios tan profundos en la composición de las familias también se explican porque las mujeres han corrido tanto la edad en la que tienen el primer hijo como –en el caso de que quieran ser madres– el número de hijos. Claro que no en todas las clases sociales es lo mismo. En los secto­res medios y medios altos las mu­jeres eligen postergar la materni­dad para después de concretar sus estudios, consolidarse econó­micamente o viajar. Las universita­rias tienen su primer hijo a los 27, las que concluyeron la secundaria a los 23 y las que terminaron la primaria a los 21. Con extremos, claro, de mujeres madres a los 41 y madres niñas a los 14.

Otras mujeres constituyen sus familias sin proyectar descenden­cia. “La verdad que desde siem­pre dije que no quería tener hi­jos, tuve otras prioridades y todo el mundo me iba diciendo ‘ya cre­cerás y te entrarán las ganas’. Y nunca me aparecieron”, afirma Brenda de 38 años, que está casada desde hace tres y siem­pre supo que no quería tener hijos al igual que su compañe­ro (41 años). Yagrega: “Antes ser madre era una imposición y si no llegabas a eso no te reali­zabas. Yo para realizarme, más que como mujer pienso en mí como persona, me interesan otras cosas: mi trabajo, mis es­tudios, viajar mientras pueda. No me paré a pensar tampoco demasiado en nada que me hi­ciera renunciar a todo eso que quería yo”.

Mario Sebastiani, prestigio­so obstetra del Hospital Italia­no, calcula que en 30 años au­mentó por lo menos tres veces la edad de inicio de la mater­nidad. Su percepción es correc­ta. Si en 1984 el primer bebé se acunaba a los 27, en 2012 ya era a los 30. En la ciudad, en la última década más de la mitad de las madres primeri­zas tenía entre 30 y 39 años. Según la Encuesta Anual de Hogares 2012, el número de mujeres con un solo hijo al final de la vida reproductiva fue del 28,4%, casi una de cada tres, mientras que en 2005 eran el 24,8%. Yla tasa global de fe­cundidad según el Indec es de 1,63 (en 2010) en relación al promedio nacional de 2,19. Se­gún el Censo 2010 el promedio de hijos en las mujeres de entre 20 y 34 años era entre 0,3% y 0,9%. Recién a partir de los 35 aparecen un hijo o más. Yentre las mayores de 50 ese número se convertirá en dos.

Así se entiende por qué la ciudad se va poniendo vieja: la cantidad de niños que nace no supera la de adultos mayores que mueren. También hay dife­rencias por sector social, el pro­medio de edad general es de 39 años, mientras que en las villas es de 24. El tamaño medio del ho­gar es de 2,5 personas pero en la zona Sur, la más pobre y con más villas es de 3,1. Las madres son más jóvenes y tienen más hijos.

Jefas de hogar

Detrás de ese título no sólo están quienes sostienen econó­micamente una familia. Tam­bién aquellos que han decidido tener hijos aunque no tengan pareja. Hay mujeres “jefas de hogar” que no están separa­das ni son viudas ni el padre se fue. Han decidido ser ma­dres y no esperar el cuento de hadas, ni al príncipe azul. Sa­ben que quieren ser madres y lo son. Se embarazan o se inse­minan y empiezan a transitar la maternidad. “La verdad es que no encontré con quien formar una familia, mis amigas se se­pararon todas y pensé: si lo que quiero es ser mamá por qué es­perar más”, Paola quedó emba­razada a los 36 y decidió con­tinuar el embarazo aunque no fuera de a dos.

Otros ocultos tras los núme­ros son los hombres jóvenes que ven su paternidad con un rol ac­tivo, están, hacen, aprenden, creen que el instinto existe o no, pero están dispuestos a superar las trabas culturales de que un padre solo no es un “pobre pa­dre” sino un hombre a cargo.

La foto Kodak de los cua­tro sonrientes ya no es la familia que predomina. No hay un úni­co modelo de familia y las instituciones, de a poco, se van poniendo al día con los cambios. Existen las madres solas, los padres solos, las abuelas y los abuelos con nietos/hijos. Exis­te el embarazo adolescente y la maternidad tardía. La familia, como la sociedad, es un cuerpo vivo y en movimiento, dentro de seis años será el próximo censo nacional, en este tiempo mucho puede cambiar.

 

Hernán: “Da miedo decir que uno es papá soltero”

Revolución en la familia: La valentía de probar de nuevo 

Opinión: ¿Qué familia? 

 

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario