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TEMAS DE LA SEMANA

Revertir los efectos de obras ecológicamente irracionales

Por Manuel Ludueña. Planificador Urbano y Regional. Ex consejero del Plan Urbano Ambiental. Integra la Junta Directiva de Los Verdes – Foro de Ecología Política.

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Nuestra ciudad, parte del AMBA, fue impermeabilizada en la mayor parte del suelo natural donde se asienta por medio de calles, veredas y edificios, previo relleno y entubado de arroyos y rectificación de la ribera de sus ríos; imposiciones sobre el sistema hidrográfico que revierten periódicamente ante las lluvias que exceden sus previsiones.

Las obras ejecutadas y proyectadas para regular las precipitaciones no pueden/ no podrán resolver la anegabilidad del área urbana debido a no estar integradas aguas arriba a igual tratamiento –en la provincia de Buenos Aires-, ni tener la capacidad suficiente para el tránsito de los volúmenes crecientes de las aguas de lluvia –se prevén para 90 mm pero llovieron 120 mm (1983), 190 mm (1985), 142 mm (1989), 117 mm (1990), 140 mm (2001), 118 mm (2011), 112 mm (2012), 155 mm (2013)-. No es posible retrotraer la totalidad de las acciones “ecológicamente irracionales”, pero sí algunas, y atemperar o tratar de compensar las insuficiencias del sistema.

Se propone como “primeras acciones indispensables”: 1. organizar un sistema de comunicación eficaz, así como materiales de difusión y el diseño de manuales y cursos de capacitación para dictar en las comunas y dependencias públicas y, 2. informar y concientizar a la comunidad sobre las áreas críticas y de riesgo, así como organizar los roles y modos de actuación ante nuevos eventos previsibles y extraordinarios. En paralelo es “necesario dictar disposiciones preventivas” como suspender por 180 días, prorrogables hasta establecer la normativa adecuada, toda nueva construcción en las manzanas comprendidas en áreas con riesgo hídrico. La normativa –hoy inexistente– debería centrarse en alentar actuaciones públicas y privadas que coadyuven a convivir y solidarizarse. En tal sentido, se propone: 3. No construir en los pulmones de manzana y sólo habilitarlos para terrenos absorbentes y forestación; 4. Recolectar las aguas de lluvia para uso secundario –lavado de veredas y patios, riego de jardines, plazas, parques y sanitarios, etc.; 5. Retención del agua de lluvia en lavaderos de autos, actividades industriales y afines. Para las áreas anegables y ocasionalmente anegables: 6. Prohibir la construcción de subsuelos y expropiar los existentes como parte de la infraestructura de servicios públicos del sistema de drenaje pluvial; 7. Promover el uso de plantas libres; 8. Prohibir la construcción de torres, edificios de alta densidad e instalaciones destinadas a emergencias.

Como “segundo tipo de actuación indispensables” se plantea: 9. Recuperar el perfil y la capacidad de conducción del agua de lluvia en todas las calles y avenidas repavimentadas sobre adoquines; 10. Limitar el uso de asfaltos en calles y avenidas para morigerar el efecto “isla de calor” y restaurar el adoquinado de todas las calles; 11. Disponer el uso de reguladores públicos de lluvias en bocas de tormenta –agregado de depósitos–; 12. Ralentizar y absorber agua de lluvias en estacionamientos, veredas de bajo tránsito peatonal, techos verdes; 13. Forestar intensivamente veredas y riberas; 14. Completar los reservorios de agua; 15. Rectificar terraplenes y obstáculos que retienen inadecuadamente el escurrimiento de las precipitaciones.

La estrategia para salvaguardar de las grandes lluvias a la comunidad y sus bienes requiere centrarse como actuación preventiva y de modo distribuido, con la contribución de quienes estamos implicados. Un contexto de alta incertidumbre global requiere previsiones adaptativas y resilientes a nivel local, con tecnologías sostenibles y conocimientos propios, sin endeudarnos ni haciendo megaobras, ni sobreconstruyendo en sectores urbanos de alta renta, paralelo a cauces o riberas.

Fuente Especial para Diario Z
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