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Reunión radical: ¡Hey, Bulldog!

Ricardo López Murphy aspira a ser candidato a jefe de gobierno en 2011.

Por Paula Mendoza
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Por un momento fue como vol­ver a vivir esas espantosas curvas cerradas en el tren fantasma de la Alianza. La cita fue en un local partidario que Convergencia Fede­ral abrió en Avenida de Mayo, un departamento exiguo para las 150 personas que se dieron cita allí, a metros del tradicional Tortoni. La cronista de Diario Z los vio engu­llendo saladitos y mascullando in­dignación anti-K: estaban, como en una foto en sepia, Nicolás Gallo, Andrés Delich y Juan Manuel Ca­sella, entre otros radicales conspi­cuos, y como cien extras. También estuvo Patricia Bullrich. Todos junti­tos para celebrar la reaparición de un hombre claramente bonaerense pero que aspira a ser jefe de Go­bierno en 2011 y a empujar a Mau­ricio Macri al ostracismo político: sí, Ricardo López Murphy está de vuelta, con el argumento de que en 2003 fue el candidato a presidente que obtuvo el mayor porcentaje de votos en la Capital Federal.

No se trata aquí de transcribir sus declaraciones, aunque el Bull­dog, con la onda adusta de siem­pre, dijo lo previsible: «No es tiem­po de candidaturas, pero en caso de llegar al gobierno, debemos ser conscientes de que hay costos polí­ticos que pagar. Lo principal es ga­rantizar la gobernabilidad». Lo que se dice, un candidato seductor.

Más allá de las formas, está claro que el llamado panradica­lismo está calentando en el ban­co de suplentes. La idea consiste en ubicarse como tercera alterna­tiva en una ciudad que está divi­dida entre kirchneristas y gesto­res del PRO. Con el visto bueno y la simpatía de Elisa Carrió (al fin y al cabo allí estaba aplaudien­do la Bullrich), López Murphy co­menzó a caminar la Capital para rearmar la trama sobre la base de datos que son «alentadores». Por ejemplo -citaban en los men­tideros- los de una encuesta re­ciente de Poliarquía que mide el nivel de aceptación de dirigentes de la oposición al gobierno na­cional. Los datos son raquíticos. Y es como salir a festejar un cór­ner. Según ese sondeo, el 10 por ciento de los porteños ve a Macri como serio oponente a los K, lo si­gue Ricardo Alfonsín con un nue­ve por ciento y Eduardo Duhalde, con el seis por ciento.

En el caso del panradicalis­mo, la jugada está a la vista. Con­fían más en los efectos derivados del costo político que deberá pa­gar Macri cuando tenga que en­frentar el juicio oral por el asun­to de las escuchas ilegales que en su propia fuerza como ofer­ta electoral. En definitiva, ven el mismo escenario que a Mauricio le hizo temblar la pera y que lo lle­vó a pensar en su reelección en la Ciudad.

 

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