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TEMAS DE LA SEMANA

Residuos urbanos: miro tus calles y veo basura

La Ciudad incumple la ley de Basura Cero.

Por olga-viglieca-y-nora-palancio-zapiola
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Hasta para el más distraído es evi­dente que algo está pasando con la basura en la ciudad. Enormes carteles publicitarios del Gobierno con la curiosa leyenda «mejor nos separamos» invitan a diferenciar los residuos entre los que se pueden reciclar y los que no. Los residuos secos -papel, cartón, vidrio y plástico- irían a los centros de separación y los residuos húme­dos, que son degradables, serían enterrados en los centros de disposición final, en el conurba­no bonaerense.

Al mismo tiempo, grandes armatostes me­tálicos con forma de casita comenzaron a co­locarse en algunos barrios. Tienen capacidad para 3.200 litros, tres veces más que los contenedores comunes colocados durante el gobier­no de Jorge Telerman. Los verdes son para pa­peles, cartones, botellas de plástico; los negros para residuos orgánicos.

El objetivo enunciado es reducir el volumen de residuos que la ciudad envía a los rellenos de la Coordinadora Ecológica Área Metropolitana en el conurbano. De la Ceamse participan el Estado porteño, el provincial y 34 distritos bonae­renses. Pero más de un tercio del total de la ba­sura que llega a esos basurales es producido en la ciudad. Unas 6.000 toneladas diarias sobre un total de 17.000. Aunque la ley 1.854 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urba­nos (RSU), más conocida como Ley de Basura Cero, votada por una­nimidad en la Legislatura porteña en 2007 obligaba a reducir drásti­camente los envíos, el volumen de basura porteña, en vez de dismi­nuir no cesó de crecer.

La ley exigía que en 2010 se enterraran un millón de tonela­das de residuos; en 2012, 750 mil toneladas, y en 2017, 375 mil. En 2020, quedaba prohibido enterrar toda basura que no fuera orgáni­ca y biodegradable. Sin embargo, los años 2008, 2009 y 2010 fue­ron los peores de la década y el enterramiento de residuos superó todos los récords. En 2008 se en­viaron a relleno 1.844.018 tonela­das, en 2009 1.847.748 y en 2010 se pasó el techo histórico de las dos millones de toneladas. En vez de disminuir, la ciudad incremen­tó sus envíos un 52,57 por ciento.

Hoy la ciudad manda al conur­bano 5.781 toneladas diarias, un 14% más que en 2009 y un 50% más de lo que debería. Si se consi­dera que los 33 municipios bonae­renses suman entre todos 9.400 toneladas, queda claro el males­tar y los reclamos. Cada porteño produce, en promedio, 2,17 kilos de basura diarias. Cada bonaeren­se menos de un kilo.

«Los incrementos interanuales de la basura enterrada desde que asumió la administración de Mau­ricio Macri son los más altos de los últimos 10 años», indica Lorena Pujó, coordinadora de la campaña de Basura Cero de Greenpeace.

Así las cosas, los basurales de la Ceamse están colapsados e implican un problema sanitario y político de primer orden. Allí se depositan resi­duos que tienen metales pesados, una enorme cantidad de compues­tos orgánicos como detergentes, solventes y contenidos de plástico como cloruro de vinilo, polietileno y formaldehído, entre otros. Al des­componerse los residuos se liberan líquidos que contaminan las napas subterráneas y gases sumamente tóxicos. Los vecinos que viven cer­ca de los basurales, aunque no sean a cielo abierto, conviven con napas de agua contaminadas, las inten­dencias tienen que enviar camiones que les reparten agua potable. Las organizaciones vecinales denuncian enfermedades producto de la con­taminación: leucemia, lupus, pro­blemas respiratorios y en la piel.

Otoño en llamas

El 16 de abril, el jefe de Gobier­no, Mauricio Macri, y el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, con sendas bolsas de basu­ra en la mano, anunciaron la ins­talación paulatina de 1.088 con­tenedores de residuos en la zona sur, en la Comuna 8 y parte de la 9, hasta cubrir unas 2.200 cuadras de Villa Soldati, Villa Riachuelo, Vi­lla Lugano y parte de Mataderos.

Poco antes, otros 200 conte­nedores negros habían sido colocados en las principales aveni­das y calles del microcentro: Santa Fe, Leandro N. Alem, Avenida de Mayo, Diagonal Norte, Del Liber­tador, Florida, Cerrito, Maipú, Ber­nardo de Irigoyen y Carlos Pelle­grini, las más transitadas y donde más basura se genera. Santilli pro­metió entonces que en junio se pondrían allí también los contene­dores verdes, lo que permitirá se­parar la basura. Y subrayó que el «plan de contenerización» ante­rior, que abarcó la zona de Con­greso -en el circuito que delimitan las avenidas de Mayo, Callao, 9 de Julio y Belgrano- «se logró una re­ducción de 126 mil kilos que fue­ron a reciclado en vez de ir a ente­rramiento».

El problema es que para redu­cir la cantidad de basura no alcan
5za con que haya más contenedores. Es preciso que haya dos tipos dife­renciados, que permiten separar los residuos y, después, hacen fal­ta las plantas de reciclado. La meta es dejar de envenenar la tierra y a las personas que viven en las zonas de rellenos sanitarios: lograr una re­ducción progresiva de la disposi­ción final a través del reciclado, la recuperación, la generación del mí­nimo de basura y la prohibición de la combustión de residuos.

Pero al día de la fecha la ciu­dad tiene sólo 106 contenedores preparados para separar basura, que son los ubicados en el Micro­centro. Esto significa, según la or­ganización ecologista Greenpeace, que el gobierno macrista, después de seis años de gestión, «contene­rizó» (sic) sólo al 25% de la ciudad. Con esa cantidad de contenedores, la separación de la basura y su reciclado son una mera promesa.

Tampoco, como señala la le­gisladora María Elena Naddeo, existen campañas sistemáticas para educar en la población en la separación de los residuos: «Si no se separa la basura antes, lo re­cuperable de lo irrecuperable, hay un desborde. Las calles quedan sucias. Después pasan de a dos a tres veces los dispositivos de aseo para barrer y esto encarece aun más el proceso».

Urgencias tardías

O es casualidad que de repen­te florezcan los contenedores y las declaraciones. El macrismo pren­dió todas las luces de alarma el 1 de marzo, cuando el gobernador Daniel Scioli, en la apertura de las sesiones en la Legislatura bonae­rense, le reclamó que cumpliera con la Ley de Basura Cero. Des­pués de Scioli, varios intendentes se sumaron al reclamo. Y el titular del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible de la Provincia de Buenos Aires (OPDS), José Molina, recordó que «desde que Macri asumió nunca cumplió con la legislación, y la entrada de resi­duos a nuestra provincia aumentó más de un 30%, cuando debería haber disminuido».

La tensión alcanzó su pun­to máximo el 3 de mayo, cuando la Presidenta de la Nación recla­mó que «el gobernador de la Ciudad de Buenos Aires» atienda los reclamos de los intendentes del Gran Buenos Aires y «pague lo que tiene que pagar cuando entra a la Provincia o que invierta lo que tiene que invertir y la procese (…) No es justo que se tire y se conta­mine y ni siquiera se retribuya el esfuerzo que esto representa».

Un par de días después, la Ceamse anunció que a partir del 1 de junio habría un aumento del 35% para las tarifas que abona la Ciudad por la disposición final de los residuos y exigió que las auto­ridades porteñas, en un plazo de 30 meses, redujeran a la mitad los residuos que se envían al conur­bano. En 60 meses, advirtieron «sólo se podrán remitir residuos previamente tratados».

El gobierno local retrucó que en tres meses la ciudad iba a estar totalmente contenerizada, con dos recipientes por cuadra, que es lo que establece la Ley de Basura
Cero. Y el ministro Santilli explicó a Diario Z que «con las licitacio­nes y obras que el Gobierno está poniendo en marcha con una in­versión de 600 millones de dóla­res, se reducirá en un 30 por cien­to la cantidad de basura».

Santilli recordó que en la ges­tión macrista «se hizo la planta de transferencia de restos de obra en Zavaleta, que es la cuarta de la ciudad y la primera que se edificó desde el retorno de la democra­cia». En la planta de clasificación y procesamiento de áridos, escom­bros y desechos de residuos de la construcción en el barrio Zavaleta, se procesan 750 toneladas diarias de residuos, más la mitad perte­necientes a la provincia de Buenos Aires. Las inversiones que se están haciendo son elevadas y muy su­periores a las que estaría hacien­do la provincia para este mismo tema», chicaneó el ministro.

También, enumeró el minis­tro ante cada micrófono que se puso enfrente, «se está realizando con fondos de la Ciudad la nueva planta de MBT en el Relleno Sani­tario de Norte III, donde se recibi­rán mil toneladas por día de resi­duos. Allí irá todo lo que hoy se recibe en la Planta de Transferen­cia de Colegiales, que son residuos en un ciento por ciento porteños. Asu vez, se está por inaugurar un Centro Verde en Barracas, se está construyendo otro y se compraron 30 camiones para reciclar».

El aluvión de compras y pro­yectos enunciados despierta cierto escepticismo con los antecedes de cinco años de gestión, que Green­peace no vacila en calificar como «reprobado». Sobre la planta de tra­tamiento de MBT (tratamiento me­cánico biológico), la ambientalista cree que «hay que prever que por más que se inerticen los residuos, al estar mezclados, quedará una tie­rra contaminada; entonces, se colo­cará una capa de tierra contamina­da sobre los rellenos de la Ceamse que ya están contaminados», deta­lló la vocera de Greenpeace.

Pujó dice que «el incumplimien­to está latente ya que la Ciudad au­mentó la cantidad de residuos en un 30 por ciento; no cumplió con los plazos de la doble conteneri­zación por cuadra (un contenedor para residuos comunes y otro para separados) y tengamos en cuenta que ni siquiera han logrado superar en dos gestiones el 25 por ciento de la instalación de contenedores comunes en toda la Capital».

DZ/km

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