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TEMAS DE LA SEMANA

Reportaje a Elena Roger

Volvió a Buenos Aires y, como una sudestada, arrasó con su talento y refrescó la comedia musical.

Por karina-coronado
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Non, rien de rien. Non, je ne regrette rien…». Tras casi dos horas de espectáculo sin pausa y a pura emoción, la obra llega a su fin. El público ya no puede esperar, necesita aplaudir y canalizar de alguna manera ese éxtasis que se hace insoportable: Elena Roger es la más grande, la mejor. No hay duda de que hay un antes y un después de su paso por la Argentina. Tras cuatro años fuera del país en los que conquistó al mundo con sus papeles de Evita Perón y Édit Piaf en Londres, le bastaron seis meses acá para terminar de consagrarse como orgullo nacional y referente absoluto de la comedia musical.
Casi 20 mil privilegiados fueron testigos de la magia que tenía lugar en el escenario, cuando esa mujer ínfima ocupaba con su voz deliciosa y una interpretación cautivante todo el espacio de la sala. Desde España, donde vuelve a encarnar a la leyenda de la música francesa y con Madrid rendida a sus pies, se dice que se ha metido tanto en la piel de Piaf que ni se notan las costuras.

Antes de partir, transparente, cálida y profunda, emana una luz que sólo poseen aquellos cuya pasión y dedicación está al servicio de su verdad.

¿Tu contexto fue importante para el despertar de tu vocación artística?
Totalmente. Uno de niño quiere expresarse de una manera que no te pongan límites, pero que además te alimenten y estimulen. Por suerte, en mi familia todos mis hermanos tocaban algún instrumento y mi mamá amaba la música, así que cada paso hacia mi vocación se dio naturalmente. Lo único que les reprocho es que, siendo chica, les mostré un dibujo que hice, ¡y se rieron tanto que nunca más agarré un lápiz en mi vida, ese hecho me bloqueó!

La comedia musical es un género muy abarcador. ¿Te sentís una cantante que además actúa y baila?
Uno puede hacer todas las artes, no hay que limitarse a uno solo, sino descubrir las posibilidades personales y sacarse las trabas interiores. Yo amaba la danza pero no era una gran bailarina; sin embargo, si me daban una coreografía que también tenía que cantar, la abordaba con mucha más seguridad. Así me di cuenta de que, si me podía expresar con el canto, me podía expresar con cualquier cosa. Por ejemplo, ahora me dan muchas ganas de escribir.

Creés entonces en un «artista total» que hay que desbloquear…
¡Es que si me hubiese quedado con los miedos, ahora sólo estaría cantando! Por eso pienso que los artistas tienen que globalizar, hacer lo que sea para poder expresarse. Ése es nuestro deber.

Hablás del deber y tenés siempre una agenda llena de compromisos: luego de Madrid sigue una temporada de Passion en Londres, luego serás Evita en Broadway.… ¿Hay una obsesión por estar siempre haciendo algo?
Sí, hay un poco de eso en mi trabajo, me la paso organizando cosas y no puedo quedarme quieta, no sé por qué. Pero tengo al mismo tiempo una vida interior muy intensa, una enorme quietud. Gran parte de mi día estoy sola, sin música, ni compañía, ni nada. Es una decisión consciente, una búsqueda de silencio y paz.

¿Cómo manejás tu energía con personajes tan demandantes?
Mi energía arriba del escenario tiene que ver con lo que yo disfruto haciendo lo que hago, ya que mi intención no es que me miren ni aplaudan sino compartir lo que amo.

¿Y cómo va eso de la mano con el éxito?
Hace unos años empecé a tomar conciencia de que aparentemente actuar, cantar o bailar ahora significa fama, estar en la televisión, tener mucho dinero. Pero creo que el objetivo de hacer arte tiene que ser otro: expresar algo de uno mismo y dar un mensaje a la humanidad. Esto no necesariamente lleva a ser una celebridad, por eso hay varios que en el camino sienten una gran frustración y su trabajo deja de ser puro. Creo que hay mucha gente obsesionada con un protagónico que se ha olvidado de crecer como artista. A algunos les toca la fama y a otros no.

¿Qué les dirías a los que sienten que, a pesar de su trabajo, no llegan?
La pregunta sería: ¿adónde quieren llegar? Cuando ponemos el alma en aquello que hacemos, trascender deja de ser el objetivo para convertirse en una natural e inevitable consecuencia.

Fuente Redacción Z
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