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Regreso del vinilo: El fetiche del sonido perfecto

Se organizan ferias de coleccionistas, abren nuevas disquerías y algunas bandas lanzan pequeñas ediciones en ese formato. La promesa es el goce del sonido puro versus el “sonido descuartizado” del MP3.

Por Roberto Durán
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Sin embargo estoy aquí, re­sucitando”, escribió María Elena Walsh en Como la cigarra. Algo de eso pasa con la cultura del vinilo. Primero fue el disco de pasta, luego el vinilo, después los casetes, el disco com­pacto y el MP3, que pareció con su gratuidad y portabilidad marcar la muerte de todos los formatos.

De todas formas, hay un resur­gimiento de los discos de vinilo y de los coleccionistas en el país. Se­gún datos de la Cámara Argenti­na de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), la venta de vinilos nuevos representó un 0,2% en 2011 y trepó al 1% en 2012 (aún no publicaron datos de 2013). Este año Sony lanzará una serie de 17 reediciones de clásicos naciona­les como Divididos por la felicidad de Sumo y Superficies de placer de Virus. Charly García y otras ban­das también decidieron sacar sus trabajos en vinilos. En Buenos Ai­res se organizan algunas ferias de coleccionistas, y cada año se reali­za La Noche de las Disquerías. Len­tamente, van apareciendo locales con incunables, que frecuentan desde viejos melómanos hasta chi­cos de 20 años buscando rock de los 70.

Para fetichistas

En 2009, se hizo en Buenos Aires la primera Feria Internacio­nal de Coleccionismo Discográfi­co. Hace pocos días se celebró la quinta edición en el Centro Cultu­ral Borges, con 42 expositores que vendieron e intercambiaron unas 300 mil piezas de ediciones origi­nales, exóticas y limitadas de dis­cos de vinilo, además de compac­tos y casetes. Los géneros también son de los más diversos: hard rock, punk, rock progresivo, pop y jazz.

Mikel Barsa, coleccionista espa­ñol encargado de la feria, aseguró a Diario Z que “esta feria puso un poco de orden en el mercado dis­cográfico de los vinilos en la Argen­tina. Los precios estaban un poco al libre albedrío, sin ningún control a nivel internacional. Hoy, los colec­cionistas y expositores saben que hay precios internacionales para los discos y tratan de ajustarse a eso”.

Barsa, que organiza este tipo de eventos desde la década del 80, traza un perfil del coleccionista, que comienza a combinar el MP3 y el compacto con los vinilos.

“Ya sea en Londres o en Bue­nos Aires, el perfil del coleccionis­ta es más o menos el mismo: gen­te culta, cuidadosa y amante de la música. Hay también un placer en conseguir un material difícil de ha­llar en el mercado tradicional. Eso hace que miles de personas se des­placen a ésta y otras fieras para conseguir un disco, una versión, un incunable… Ése es el amor por el objeto, pero también hay una cuestión real. No se pueden com­prar el sonido descuartizado de un MP3 con un vinilo. En el primer caso, la música está comprimida y en muchos casos hay instrumentos que no llegan a escucharse.”

Aunque cada vez atrae a más gente, la feria sucede sólo una vez al año. Durante el resto del tiempo, la ciudad se va poblando de peque­ñas disquerías que buscan abaste­cer el apetito de los coleccionistas. Hace un tiempo, la edición local de la revista Rolling Stone hizo un ran­king de las diez mejores de Bue­nos Aires. Y Melomanía (avenida Corrientes 1246, local 45) ocupa­ba uno de los puestos de privilegio, con una amplia colección de rock de los 70, maxisingles de los 80, descatalogados y compactos. Lean­dro Getino comenzó hace apenas cuatro años con el negocio. Des­pués de una vida en una AFJP, co­menzó a vender la colección de dis­cos de un amigo y le tomó el gusto a la cultura del vinilo. “La desapari­ción del compacto llevó a algunos fetichistas a volver al elemento físi­co. Lo noté mucho desde que co­mencé con la disquería; vienen ti­pos grandes, pero también pibes que están interesados en el sopor­te y en el rock de los 60 o 70”, gra­fica Getino.

Precios

En su disquería, hay precios para todos los bolsillos. Siempre hay que pensar que un vinilo cuesta, al menos, el doble que un compacto. Tiene importados desde $85 hasta $300. Después, claro, están las edi­ciones especiales de bandas como Led Zeppelin, The Beatles o Pink Floyd que cuestan aún más. El precio que hay que pagar, según Getino, para obtener un buen sonido.

“Mucha más gente de la que pensás no quiere bajar un disco por internet o te­nerlo en un pendrive. Todo el mundo lo dice, pero me di cuenta acá en la disque­ría: el sonido digital no tiene la riqueza ni la claridad del vinilo. Sucede exactamente lo mismo que si escuchás un pia­no electrónico y uno de cuerdas. Mucha gente vino al local, se ena­moró del vinilo y siguió ahí para siempre. También es fundamental tener un buen equipo, una púa adecuada, una buena bandeja y amplificador. Es otra cosa. Te ase­guro que sentís la banda ahí.”

Músicos, fans del acetato

No sólo los melómanos y co­leccionistas están interesados en el mundo del vinilo. Algunos mú­sicos argentinos decidieron grabar sus discos también en ese sopor­te. En abril del año pasado, Charly García lanzó una versión en vini­lo de su disco aniversario 60×60. Cuando lo presentó, en el boliche Niceto, dijo: “Llegó un momento en el que todos los discos sonaban iguales y era un plomo ir con el CD y escucharlo en tu casa y que so­nara como una milanesa napolita­na. Le están sacando la pasión a la música. El principio es muy simple: cuando tocás una nota, transmitís una vibración, y eso llega en esta­do puro desde un vinilo. Como dijo Jimi Hendrix, la música no son las notas, sino lo que hay entre ellas, y eso no lo puede leer el CD”.

Otros músicos se sumaron a la edición –en pequeña escala, cla­ro– de vinilos y casetes, como Los Rusos Hijos de Puta, 107 Faunos y Richter. El Mató a Un Policía Mo­torizado es una de los exponen­tes del rock argentino que alcan­zó popularidad sin el apoyo de un gran sello. Los músicos de La Plata editaron su último disco La dinas­tía Scorpio en vinilo con un sello español. En cada viaje que reali­zan a la península se traen algu­nas copias que venden en los con­ciertos y distribuyen en algunas de las disquerías de Buenos Aires.

“Hace mucho tiempo quería­mos grabar en vinilo. Cuando fui­mos a España, un sello se encargó de hacer una edición de nuestro úl­timo disco y otra con recopilación de temas nuestros. Allá hay un mer­cado más fluido del vinilo y noso­tros mismos compramos discos de bandas que nos gustan. En la ban­da, todos somos amigos del CD, el casete y el vinilo”, cuenta Santiago Barrionuevo, el líder del grupo.

Además, es optimista sobre el futuro del vinilo, en el marco de una industria discográfica deprimida. “Me sorprendió cómo se venden nuestros vinilos en España y acá durante nuestros shows. La gen­te está interesada. Quizá sea como una contracara del MP3. Surge la necesidad del fetiche, de la tapa grande, de lo bello que es el vini­lo como objeto. ¿Y el sonido? ¿Vis­te la diferencia? Es otro rango sono­ro. Cuando masterizás para vinilo, no comprimís tanto el sonido. Tiene una calidez diferente. Es otra cosa”, concluye Barrionuevo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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