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Reflexiones sobre el placer

Solemos creer que sin penetración ni orgasmo no hay sexo. Pero la vida sexual y erótica es mucho más que eso y hace a nuestra salud integral.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Respecto de la sexualidad se tienen muchas ideas falaces, erradas o equivocadas. Una de ellas asegura que cuando se pasan los 40 se acaba el deseo sexual. Nada más falso. Sería como creer que luego de determinada edad nuestros músculos se reducen o atrofian, impidiéndonos caminar o escribir.

La falta de deseo sexual es, sin embargo, un problema muy común de nuestra época. ¿Los motivos? Cada vez tenemos menos tiempo y nos embarcamos en múltiples tareas, además de arrastrar con tabúes y mitos comunitariamente sostenidos.

Como todo elemento fisiológico que quiera funcionar con normalidad, a la sexualidad y al sexo hay que practicarlos las veces que se pueda. Y esto supone no negarse a las caricias, al erotismo o a la relación sexual. Ahora bien, este punto es clave: decimos erotismo y relaciones sexuales; no penetración u obligación a tener orgasmos. Pero se nos hace difícil asimilar que una sexualidad plena no necesita siempre de la penetración. Se nos hace impensable practicar un sexo que no culmine con el mandato social del orgasmo.

La sexualidad, sin embargo, es más que eso, y proporciona muchos beneficios psíquicos y físicos. Como principio lógico, casi un axioma, dar y recibir placer es una de las bases funcionales de la sexualidad humana. En este sentido, se parece al juego infantil, que tiene al placer como componente esencial. “Niño que no juega, es un niño enfermo”, solemos decir. El erotismo adulto es heredero de ese principio de placer del juego infantil.

La experiencia clínica nos dice que las perturbaciones de la primera infancia o de la pubertad pueden originar problemas sexuales en ambos sexos en la adultez. Esto se debe a que los llamados “juegos sexuales”, realizados en las relaciones adultas, hunden sus raíces en los juegos gozosos de la infancia.

De cualquier modo, conocer ese principio elemental no es en absoluto suficiente para aliviar angustias sexuales de jóvenes y adultos. La infancia ya se cerró; ya se “grabó”, y no podemos tener acceso a ella. Las conductas eróticas desarrolladas en las personas de veinte, treinta, cuarenta o más años de edad se abordan desde el diálogo, la práctica y el trabajo sobre los tabúes.
Otro axioma que deberíamos incorporar es no renunciar –nunca– a ser felices sexualmente.

Fuente Especial para Diario Z
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Diario Z
Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.