Tiempo en Capital Federal

21° Max 15° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 69%
Viento: Nordeste 12km/h
  • Miércoles 14 de Abril
    Despejado17°   21°
  • Jueves 15 de Abril
    Despejado18°   22°
  • Viernes 16 de Abril
    Despejado18°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Opinan los trabajadores

El jefe de guardia del Hospital Álvarez, un médico cardiólogo y una psicóloga opinan sobre la reducción de las suplencias de guardia.

Por Franco Spinetta
Email This Page
Campeni 1

Gustavo Campeni “Estamos en el peor momento”

Es jefe de guardia del Hospital Álvarez y hace malabares para cubrir la demanda de atención del único hospital psiquiátrico de agudos de la Ciudad. Atiende en un cubículo de durlock destrozado y sin ventilación. A metros, tiene una guardia recientemente inaugurada por el jefe de Gobierno, pero que todavía no está habilitada. Suena el teléfono, ordena y atiende fugazmente a Diario Z. La urgencia amerita el corto tiempo de la charla: desde que recortaron las suplencias de guardia, el ritmo de trabajo se intensificó y la paciencia de los trabajadores está llegando a un límite. “Hace 8 años que trabajo en este hospital y sin duda este es el peor momento”, indica.

Psiquiatra egresado de la UBA, Campeni asegura que la “recarga de trabajo está produciendo situaciones cada vez más estresantes. Los principales perjudicados son los pacientes, que sufren de una peor atención, y después nosotros porque termina generando tensiones entre el personal”.

En el Álvarez no hay médico clínico de guardia. Tampoco trabajadores sociales, ni psicólogos. Cuando termina el horario de los trabajadores de planta, el hospital queda desguarnecido, salvo por los psiquiatras y enfermeros. El ajuste, dice Campeni, puede costar vidas. “Por ejemplo tuvimos una paciente con apendicitis y como no estaba el médico clínico para atenderla, tuvimos que derivarla; lo mismo sucedió con otra paciente diabética que necesitaba diálisis”. En el manejo de las historias clínicas, la dirección incurre en una maniobra que roza lo ilegal. La historia clínica de quien ingresa al hospital es un documento que surge de un trabajo multidisciplinario entre médicos, psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales, quienes deben encargarse de darle contexto a la historia del paciente. “Sin embargo –sigue Campeni– ese trabajo lo está haciendo el servicio social del hospital, algo que no corresponde porque no conocen a la persona, además de que están trabajando más horas y en horarios que no corresponden”.

El panorama, por supuesto, no es alentador. Llega fin de año, muchos profesionales se toman (merecidas) vacaciones y no están garantizadas las suplencias. Además, se sabe, es un momento del año complicado donde se incrementa el número de consultas médicas, sobre todo de aquellos pacientes psiquiátricos.

Osvaldo Saleh. Vivir en guardia

Cualquier estudiante de medicina sabe que el ingreso al mundo laboral se hace a través de las guardias de los hospitales. Pero lo que debería durar como máximo 10 años –según estudios que advierten sobre los niveles de estrés de los profesionales- termina durando toda una vida. Osvaldo Saleh es médico cardiólogo de guardia del Hospital Álvarez. Tiene 56 años y hace 33 que rota por diversas guardias. Dice que la pauperización de las condiciones laborales obliga a los médicos a tomar muchos trabajos en forma simultánea. “Después de una guardia de 24 horas, trabajamos en consultorios, en hospitales, en sanatorios, policonsultorios, obras sociales o prepagas. Tanto uno como otro es tan poco lo que se paga que te obliga a hacer muchas horas de guardias o consultorios saliendo de un trabajo para el otro para tener un ingreso digno”.

Si bien es cierto que las guardias son una parte indispensable del sistema sanitario, Saleh advierte que cada vez más médicos sufren el llamado síndrome de Burnout. Es decir, el síndrome del quemado: estrés laboral prolongado, personas agotadas, cansadas y desgastadas física y mentalmente. “Las guardias te alejan de tu casa, de tus familiares, de tus actividades recreativas y sociales. Estuve mucho tiempo como médico de guardia de los sábados, perdiéndome muchas fiestas familiares, también fiestas de fin de año, cumpleaños”, dice Saleh.

El nivel de estrés despierta cada vez más preocupación. Un estudio de la Asociación de Médicos Municipales, que tomó como muestra a 220 médicos de los hospitales José María Ramos Mejía, Parmenio Piñero, Dr. Enrique Tornú y Dr. Ignacio Pirovano, señala que el 94% de los consultados reportó sentir cansancio, agotamiento, insatisfacción y falta de estímulo.

Según Saleh, es muy frecuente que los profesionales sufran de “gastritis, depresión, hipertensión arterial, enfermedades coronarias, problemas lumbares, ansiedad, tabaquismo, alcoholismo, uso y abuso de drogas”. Estos padecimientos se duplican en una guardia porque “te expone a un estado de alerta permanente y, aunque te acuestes y duermas, nunca es igual a dormir en tu casa”. “Siempre estas pendiente de un llamado telefónico o surgen emergencias, paros cardíacos, infartos, arritmias, insuficiencia cardíacas”, añade.

Un perjuicio para los profesionales y los pacientes

Diario Z se contactó con una psicóloga del Hospital Álvarez, quien por temor a las represalias pidió el anonimato (en adelante, la llamaremos S.). Luego del decreto que recortó las suplencias de guardia, S. se quedó sin trabajo. Su historia no es diferente a la del resto de los profesionales que fueron alcanzados por esta medida. En el Álvarez, 50 fueron echados (incluida S.) y a otros 50 les redujeron las horas y, por ende, el salario.

S. trabajaba en un equipo interdisciplinario que atendía casos de violencia y abuso infantil. “Era un equipo de referencia, es una lástima que lo hayan desmantelado”, dice. Y enumera: “Desde el 1 de noviembre, perdimos el trabajo tres psicólogas, una infectóloga y una ginecóloga infanto juvenil”.

Además de perjudicar a personas que perdieron una fuente de ingresos, el impacto más severo lo sufrirán los pacientes. Según S. “con esta medida se pierde un seguimiento, sobre todo psicológico, que hacíamos de los pacientes”.

La historia laboral de S. refleja en forma clara la precarización que atraviesan muchos trabajadores del sistema de salud público. S. hizo la residencia en el Álvarez, se formó como profesional, le sumó roce a sus conocimientos. Una vez finalizada la residencia, concursó para una suplencia de guardia. La obtuvo, pero durante un año no cobró un peso. Al año siguiente comenzó a cobrar, pero se mantuvo en esta situación irregular que caracteriza al sistema: con psicóloga suplente, cubría un cargo que debería ser efectivo.

Claro que de esta manera cobraba la mitad del salario que los titulares, no recibía aumentos desde principios de 2011, no tenía licencias, ni vacaciones. ¿Cuál fue el premio por soportar estas circunstancias? La calle. “Después de atravesar todo esto, nos echaron. Yo siento que, además de que me están expulsando, me obligan a trabajar sólo en el sector privado”, dice S., indignada.

Uno de los efectos buscados a través de la precarización laboral es generar temor entre los trabajadores: cualquier traspié, una palabra de más, una protesta que incomode, puede dejarte en la calle. Por eso S. elige el anonimato, con el deseo además de lograr una reincorporación, algo que parece lejano.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario