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Recitales en River: negocio monumental

30 mil espectadores podrán hacer pogo en el césped, aunque no está habilitado para ese fin.

Por Franco Spinetta
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Vuelven los recitales y el pogo a River después de que estuvieran prohibidos durante casi dos años porque los vecinos denunciaron que las vibraciones afectaban sus viviendas.

El 18 de septiembre los Red Hot Chili Peppers tocarán en Núñez. El gobierno porteño encontró la manera de adecuar la normativa para rehabilitar un negocio millonario. Con la Resolución 461-11, que firma el director general de la Agencia Gubernamental de Control, el cuestionado Javier Ibáñez, el Estado delega en las empresas productoras de conciertos la responsabilidad de garantizar que los estadios sean seguros. Más exactamente: «Que la totalidad de las estructuras transitorias y las fijas presentan condiciones de seguridad». Además, según fuentes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, se autorizó el show y la presencia de miles de espectadores de pie -eventuales poguistas- a cambio de que la empresa convocante «Siberia SA mida en su transcurso distintas propuestas técnicas que mitigarían las vibraciones.

«Es una prueba piloto», enfatiza la fuente. Sin embargo, el permiso contradice disposiciones de la Agencia de Protección Ambiental (APRA) y de la Dirección General de Registro de Obras y Catastro (DGROC), que desde 2009 frenaron junto con la Justicia los recitales porque el estadio no cuenta con un informe positivo de impacto ambiental, entre otros requisitos.

La resolución abarca a todos los estadios de la Ciudad, pero en el caso de River la flexibilización de las condiciones se suma a una peculiaridad: el Monumental, desde 1999, sólo tiene una autorización precaria y provisional -según consta en documentos oficiales- porque en 13 años no ha logrado cumplir con las exigencias del Registro de Normas contra Incendios.

Los Red Hot Chili Peppers brindarán un show masivo y Siberia SA aprovechará la ocasión para medir las vibraciones con un pogo muy superior al organizado en octubre de 2010 por el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli. Esta vez no serán 200 jóvenes vestidos con camisetas del PRO, sino más de 20 mil espectadores los que salten sobre el campo de juego del estadio Monumental.

Siberia SA, que forma parte del PopArt Music/Fénix Entertainment, una megaempresa productora de eventos- adquirió los derechos del show luego de que Time For Fun (T4f) rescindiera el contrato con la banda.

El 28 de junio, la empresa presentó ante la AGC la documentación requerida y solicitó un permiso especial para realizar el concierto. Y una prohibición que llevaba más de dos años de discusiones y presentaciones judiciales se resolvió administrativamente en menos de 48 horas. El día 30 del mismo mes, el jefe del Departamento de Eventos, Román Martínez Miranda; la directora del Registro Público de Lugares Bailables, Matilde Freitas, y el director general de la Dirección General de Habilitaciones y Permisos, Manuel Sandberg Haedo, firmaron el permiso a Siberia para que los Red Hot Chili Peppers hicieran sonar su funk en Núñez ante 46 mil personas (seis mil más de lo permitido por la Dirección de Obras y Catastro, ver recuadro), a pesar de que aún queda pendiente el dictamen de la APRA «respecto de las condiciones ambientales que establezca en el marco de su competencia específica», según reza el mismo permiso. Diario Z intentó comunicarse con Sandberg Haedo en reiteradas oportunidades, pero no obtuvo respuesta.

Cuando la música se vuelve ruido

El plano con el que se garantiza la seguridad de las estructuras transitorias (escenario) y fijas (estadio) del megaconcierto de los Red Hot está firmado por Marcelo Misa, el arquitecto contratado por la empresa Siberia. De su página web (www.mmisa.com/) no surge que, respecto de megarrecitales, el profesional tenga más experiencia que uno de sus hobbies: interpretar instrumentos de cuerda. Sin embargo, ese plano alcanzó para obtener la autorización y el regreso del público de pie. Esto, aunque los vecinos acusan al pogo como la causa de las vibraciones, imputación que fue ratificada por un informe de la UBA y el propio Gobierno de la Ciudad.

¿Qué sucedió para que ahora sí se puedan realizar recitales con gente parada en el estadio de River?

La Agencia Gubernamental de Control otorgó el permiso para hacer el show a pesar de que la empresa no entregó el dictamen de la APRA, es decir el informe acústico.

La ley de control de Contaminación Acústica N° 1.540 obliga a «prevenir, controlar y corregir, la contaminación acústica que afecta tanto a la salud de las personas como al ambiente, protegiéndolos contra ruidos y vibraciones provenientes de fuentes fijas y móviles, así como regular las actuaciones específicas en materia de ruido y vibraciones en el ámbito de competencia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires». El órgano de aplicación es la APRA, a cargo de Javier Corcuera, debe controlar a los «emisores acústicos» y realizar los estudios de impacto ambiental. No obstante, tal como lo reconocen voceros del Gobierno, será la productora del show la que medirá el impacto del pogo sobre distintas superficies. «Siberia presentó distintas propuestas técnicas que nosotros evaluaremos», aseguró una fuente de la APRA.

«Es una locura: están delegando la responsabilidad; la Constitución dice que es el Gobierno quien debe realizar el estudio, como lo hicieron cuando llevaron a los jóvenes a saltar al Monumental», explicó Ana Paulesu, presidenta de la Asociación Vecinal de Fomento Barrio Parque General Belgrano y Nuevo Belgrano.

Los permisos «especiales», las «pruebas piloto» y las «excepciones» se comprenden más fácilmente después de saber cuánto dinero hay detrás del encuentro de las bandas en el escenario con los miles de pibes en el césped: unos 150 millones de dólares anuales.

Clausura con historia

Los problemas para hacer recitales en River comenzaron en octubre de 2009, cuando el fiscal Walter Fernández, a cargo de la Fiscalía N° 1 de la Cámara Contravencional porteña, pidió la suspensión del estadio -y también del club GEBA y del club Ciudad de Buenos Aires- por no cumplir con la ley 1.540 de protección ambiental.

El lobby empresarial y del club millonario no se hizo esperar. La productora Time For Fun, que había firmado un contrato millonario por el alquiler de River Plate, no estaba dispuesta a cambiar de lugar. Y River tampoco quería perder el dinero fresco y fácil que significa la realización de conciertos. Sin embargo, la presión de los vecinos pudo más: la Justicia impidió, gracias a la acción de organizaciones como la Asociación Vecinal de Fomento Barrio Parque General Belgrano y Nuevo Belgrano, que se realicen recitales que impliquen presencia masiva en el césped, aunque no se expidió sobre la seguridad de las tribunas. El argumento central era que las vibraciones originadas por el pogo (en el campo de River entran más de 30 mil personas) afectan las construcciones aledañas.

En aquel entonces quedó expuesto el meollo de la cuestión. Pese a que el gobierno porteño habilitaba los recitales, aún no se había presentado el estudio de impacto ambiental, una obligación explicitada en el artículo N° 3 de la Constitución de la Ciudad.

La Justicia tuvo en cuenta que la misma Agencia de Protección Ambiental había reconocido que ese estudio no había concluido. El Gobierno apeló entonces a un equipo técnico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires para realizar mediciones y análisis de las ondas y vibraciones cuyo origen es el movimiento coordinado de los enfervorizados espectadores durante un evento musical. Es decir, el pogo.

Esas mediciones monitoreadas por la UBA arrojaron que las vibraciones en el Monumental se sienten hasta a tres kilómetros a la redonda. No obstante, esos pequeños movimientos que producen molestias a los vecinos no se traducen en un riesgo de daños estructurales. El director de la APRA, Javier Corcuera, realizó declaraciones en distintos medios donde afirmaba que River «no reúne aún los requisitos para ser rehabilitado».

En octubre de 2010, el gobierno porteño y la empresa Time For Fun realizaron una curiosa medición: llevaron a 200 jóvenes al campo para que saltaran sobre superficies de distinta textura. Vestidos con remeras amarillas, los chicos y chicas se despacharon con cánticos contra Macri.

Más allá del dato de color, la conclusión fue que el estadio podría seguir siendo escenario para conciertos de rock, siempre y cuando no hubiera gente de pie sobre el césped para evitar las intensidades del ritual poguero y sus efectos sobre el vecindario. Sobre siete superficies probadas en diferentes oportunidades, la alfombra de pasto sintético fue la que más mitigó (lo hizo en un 50%) las vibraciones de los saltos.

Aún así, esa reducción fue evaluada como «insuficiente» por el gobierno porteño. Además, el tipo de piso no era apto para el club porque no protege el césped. El ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, reconoció que los resultados obtenidos por las mediciones de la UBA y el ensayo obligaban a realizar nuevas pruebas. Y puso como ejemplo las mediciones registradas en el recital de la banda de rock AC/DC, donde hubo gente de pie y vibraciones en el orden del 0,1835. El límite permitido es de 0,13.

El informe elaborado por la UBA y las mediciones realizadas por el Gobierno y Time For Fun no fueron tenidas en cuenta para autorizar un nuevo recital con gente de pie.

Extrañamente, todo lo actuado quedó en el olvido.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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