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Reacción tardía

En la tragedia de Beara fue un factor clave la ‘desvirtuación de rubro’ del establecimiento.

Por nicolas-fiorentino
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El fin de semana siguiente a la tragedia, al menos otros ocho boliches dispuestos como «casa de fiestas privadas» fueron clau­surados por las mismas razones que no pudo descubrir en el local de Palermo ninguna de las nueve inspecciones de este año.

Según informaron desde la Agencia Gubernamental de Con­trol (AGC) a Diario Z, desde el viernes 10 hasta la fe­cha los agentes inspeccionaron 280 locales nocturnos, de los cuales se clausuraron 38: 10 por problemas de higiene y seguridad; ocho por obstruir el procedimien­to; 12 por exceso de capacidad, y ocho por desvirtua­ción de rubro o actividad de baile no permitida.

Estos últimos presentaban una situación muy si­milar a lo que ocurrió en Beara. Esas condiciones, fi­nalmente, fueron decisivas para que Ariana Lizarraga y Leticia Provedo, de 20 y 21 años, respectivamente, perdieran su vida. Lo que demuestra que, más allá de las responsabilidades oficiales, los dueños de estos lugares no aprenden ni de las tragedias.

¿Qué ocurrió para que, de pronto, se descubran tantos locales para fiestas privadas en infracción?

El Gobierno de la Ciudad empezó por donde debía haberlo hecho: revisó redes sociales como Fa­cebook y las páginas webs de los locales inscriptos. Eso les permitió determinar cuántos establecimientos dispuestos para alquiler a privados promocionaban shows y cobraban entrada, tal como hacía Beara.

«Fue un operativo similar a los que se hacen to­dos los fines de semana, sólo que esta vez se les dio prioridad a las inspecciones de los lugares que hacían promociones por redes sociales e internet. Conside­ramos el trabajo como exitoso», se felicitó el vocero.

Lo que resulta inexplicable es que el Gobierno necesitara de una tragedia para desayunarse con esta forma de operar -que en las «fiestas privadas» se invitaba por internet y se cobraba entra­da-, aunque durante más de dos años la Cámara de Empresarios de Discotecas y Entretenimien­tos de Buenos Aires (Cedeba) le advirtió que con esta forma de actuar se estaban generando las condiciones para una nueva ca­tástrofe.

Lo concreto es que la gestión macrista ya carga en su mochila con cinco vidas, si se agregan a las de las jóvenes de Beara las de las tres personas que murieron bajo los escombros que dejó el derrumbe de un gimnasio.

No sólo el final trágico une los dos eventos, sino también la desidia del gobierno porteño. Es que al igual que se obviaron las advertencias de la Cedeba en el caso de Beara, se hizo lo mismo con los pedidos efectuados por la Unión de Obreros de la Construc­ción (Uocra) para frenar las obras que, presuntamen­te por negligencia del ingeniero a cargo, se cobraron tres vidas en Villa Urquiza.

José Iglesias, padre y abogado de víctimas de Cromañón se pregunta con indignación: «Dicen que Beara tuvo nueve inspecciones, ¿nunca constataron que había recitales? ¿Nunca entraron a su página web?», pregunta. Las clausuras de este fin de semana suenan, tristemente, a maquillaje post mórtem.

 

Fuente Redacción Z
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